domingo, 26 de mayo de 2013

Día 4, martes 30 de abril de 2013: Montmartre, Le Marais y la Defensa

Nuestro cuarto día en París, el último completo, fue muy distinto de lo que se tenía previsto en un principio. Desde hacía meses andábamos dudando sobre si dedicar este día a Versalles o no. Por un lado, el palacio de Versalles es quizá el palacio más famoso del mundo y uno de los grandes atractivos de París. Por otro lado, una visita completa al palacio y sus jardines podría llevarnos un día entero, con lo cual andaríamos bastante apurados para ver la ciudad de París. Así, teníamos casi decidido que dedicaríamos únicamente la mañana del último día a ver el palacio, siempre y cuando en los días anteriores nos hubiera dado tiempo a ver la práctica totalidad de París. Para ser sinceros, en todo momento, durante los meses previos al viaje y durante el propio viaje, tuve la sensación de que si veíamos Versalles sería porque era lo que se suponía que teníamos que hacer, ya que no veía que tuviéramos demasiadas ganas de ir, sobre todo porque pensábamos que sería muy similar a los palacios de Viena que habíamos visto meses atrás. Por ello, tras ver las previsiones meteorológicas, decidimos el lunes no visitar Versalles, usando el tiempo como excusa. Así, podríamos ver París bastante más tranquilos, y no a toda prisa como habría que verlo en caso de dedicar una mañana, como mínimo, a Versalles. Y como he dicho, como hacía pocos meses que habíamos estado en los palacios de Viena, pensamos que no sería una gran pérdida.

Así, decidimos descansar un poquito más que los otros días (si hubiéramos ido a Versalles habríamos tenido que pegarnos un madrugón para poder estar en París a la hora de comer), y pusimos el despertador a las ocho y media de la mañana. La idea era comenzar el día visitando Montmartre, el barrio bohemio de París, que tanto me había encantado la primera vez que visité la ciudad, y que era casi lo que más ganas tenía de visitar de París. Tras desayunar, llegamos al metro a las diez, y justo cuando íbamos a entrar en el vagón me doy cuenta de que me he dejado en el hotel una pieza necesaria para poder usar el trípode de la cámara. Tras unas dudas, vuelvo corriendo al hotel a buscarlo, sin éxito, puesto que resulta que lo había llevado encima en todo momento y no me había dado cuenta. Este pequeño descuido nos hizo perder veinte minutos.

Montmartre: lo que más me gusta de París.
Tras un viaje en metro relativamente largo, teníamos que cruzar media ciudad, llegamos a Montmartre a las once de la mañana. Cómo no, nuestros pasos se dirigen al Sacré Cœur, la basílica del Sagrado Corazón, que se encuentra a apenas cinco minutos de la estación de metro de Anvers, donde nos hemos bajado. El lugar es impresionante, siendo para mí lo más bonito y espectacular de París. La única pega que vemos es la cantidad de gente que se te acerca con intenciones no muy claras, dando la sensación de estar esperando un descuido para robarte la cartera. Salvo eso, todo es perfecto; ni las nubes pueden quitarme la alegría de verme, casi quince años después, enfrente del Sacré Cœur.

Sacré Cœur.

Tras unos cuantos minutos haciendo fotos, en la base de la colina, mientras subimos, en lo alto de la colina... entramos en la Basílica, en la que por cierto se está oficiando una misa con bastantes sacerdotes. Tras haber leído que la Basílica por dentro era muy fea y que no tiene comparación con el exterior, segundo punto con el que coincido porque el exterior es espectacular y difícilmente puede ningún interior igualarlo, la verdad es que no me desagrada en absoluto por dentro, gustándome bastante a pesar de su sencillez. Sin duda, el interior del Sacré Cœur es una de las sorpresas positivas del viaje. Creo que me ocurre lo mismo con el interior del Sacré Cœur como con la Gioconda: todo el mundo los pone tan mal que cuando llego me esperaba tan poca cosa que acaba encantándome.

Tras salir de la iglesia, a las once y media, dedicamos la siguiente hora y media en ver algunos de los lugares más conocidos de Montmartre, recorriendo tranquilamente y sin prisas este bohemio barrio, como transportados a otra época. Tras recorrer algunas de sus callejuelas, llegamos a la place du Tertre, la famosa plaza de los pintores, donde hace quince años me cobraron, bueno, a mis padres, 5000 pesetas por un dibujo en el que no me parecía en absoluto. Ahora, siempre que veo cómo la gente se deja retratar ante pintores callejeros para pagar un dineral por un dibujo que no se parece a la realidad me acuerdo de que a mí me pasó lo mismo, así que no puedo reírme de ellos. Tras ver la plaza, continuamos recorriendo el barrio, pasando delante del Moulin de la Gallete, retratado por Renoir en su célebre cuadro, por la Maison Rose y el célebre cabaret Au Laping Agile, y, finalizando, cómo no, con el Moulin Rouge, el cabaret más famoso del mundo y el otro gran atractivo de Montmartre después del Sacre Coeur. Tras unos minutos haciendo fotos, nos dirigimos hacia la plaza de Abbesses, donde se encuentra el muro del Je t'aime, y donde damos por finalizada nuestra visita al barrio de Montmartre a la una del mediodía, tres horas después de haber llegado a Montmartre.

Place du Tertre.

Le Marais y La Defensa: los últimos barrios de París
Tras visitar Montmartre, apenas nos queda por conocer el barrio de Le Marais, por lo que nos dirigimos hacia la plaza de la Bastilla, el que seguramente sea el lugar de más simbolismo de Francia. Actualmente nada queda de aquella cárcel que los parisinos asaltaron el 14 de julio de 1789. En su lugar, se encuentra una columna conmemorativa de la revolución de 1830 así como una ópera cuando menos curiosa y que causó mucha controversia cuando se inauguró, justo 200 años después de la toma de la Bastilla. Tras sacar unas fotos a dichos monumentos, decidimos comer en uno de los muchos restaurantes Hipopotamus que hemos visto durante nuestro viaje, ya que hemos tardado cuarenta minutos en hacer el viaje en metro, y ya empezamos a tener hambre. La verdad es que tras verlos tantas veces, uno tenía ganas de probarlo. Sin embargo, la comida fue un poco desastre. Las hamburguesas no es que estuvieran malas, pero, al menos para mí, eran pequeñas, sobre todo en comparación con el pan con el que te la servían, ya que hubo varios bocados en los que solo como pan. Sin embargo, lo peor de todo, para mi pareja, fue la imposibilidad de añadir queso a la hamburguesa más básica (el resto de hamburguesas no le atraían), por lo que tuvo que conformarse con una hamburguesa sin queso, seguramente la cosa que más odia del mundo. La verdad es que eso nos desconcertó bastante.

Tras la comida, encaminamos nuestros pasos hacia la plaza de los Vosgos, la que para muchos es la plaza más bonita de París. La verdad es que la encuentro preciosa, con todas la casas dispuestas de forma simétrica, con sus jardines y sus fuentes. Sin duda, me parece uno de los lugares más bonitos de parís, ideal para descansar, merendar o incluso comer un bocadillo descansando y relajándote mientras admiras la plaza. Tras ver la plaza de los Vosgos damos un pequeño paseo por Le Marais, centrándonos prácticamente en el Hôtel de Sully, que me gusta mucho más de lo esperado, y en el Hôtel de Sens. Desde el Hôtel de Sens damos un breve paseo hasta el ayuntamiento, donde, a las cuatro de la tarde, damos por finalizada nuestra visita al barrio de Le Marais. La verdad es que hacemos una visita un poco exprés al barrio, pero tampoco es que el Le Marais tenga mucho más que enseñar.

Plaza de los Vosgos.

Visita exprés a La Defensa.
Como todavía nos queda mucho tiempo libre, eran las cuatro de la tarde, decidimos acercarnos hasta el barrio de La Defensa, tras haber visitado previamente la famosísima librería Shakespeare & Co. La verdad es que tenía bastantes ganas de visitar el barrio, aunque tenía la sensación de que no iba a ver gran cosa y que iba a ser un visto y no visto. Y en efecto, tras coger el metro y realizar un viaje de unos veinte minutos, llegamos a La Defensa minutos después de las cinco y cuarto. Desde luego, este iba a ser el día que más tarde llegaríamos al hotel. Tras unas cuantas fotos al Arco, al que no se podía subir, según había leído en Internet, y a sus alrededores, apenas diez minutos después de llegar decidimos volvernos a París, sobretodo tras constatar que empezaban a caer las primeras gotas de lluvia. Tras otro viaje igual de largo que el de la ida, llegamos al hotel sobre las seis de la tarde. Tenía muchas ganas de ver La Defensa, pero no sé si la hora de viaje entre la ida y la vuelta ha merecido los diez minutos que hemos estado ahí. Prefiero pensar que sí. Al menos, no me quedaré con la incertidumbre de si me habría gustado o no el barrio.

Arco del Triunfo: última sesión nocturna de fotos.
Esta última noche en París tocaba hacer sesíón nocturna de fotos en el Arco del Triunfo. Me habría gustado mucho haber visto el Sagrado Corazón de noche, pero estaba demasiado lejos y además, no había noches para todo. Como suponíamos que cerca del Arco del Triunfo no habría muchos restaurantes, decidimos cenar en los alrededores del hotel, en un restaurante italiano en Les Gobelins que habíamos visto el primer día cuando nos dirigíamos hacia el Panteón para tomar distancias.

La verdad es que la cena estuvo muy bien. De primero pedimos una pizza de pollo para compartir, que aunque no me gustó mucho debido a que me esperaba el pollo de otra forma y a la gran cantidad de rúcula que traía la pizza, fue de agradecer que nos dieran la pizza en dos platos, algo que no habían hecho la noche anterior en el italiano cercano al a fuente de los inocentes. De segundo, pedimos una lasaña que tenía más pasta que carne, aunque estaba rica, y que también nos sirvieron en dos platos.

Tras cenar, nos dirigimos hacia el Arco del Triunfo, a donde llegamos a las diez y media. Desgraciadamente, ya es muy tarde para subir, puesto que aunque cerraban a las once, la última entrada era a las diez y cuarto. Así pues, nos tenemos que conformar con unas fotos desde el suelo, que no salen tan bonitas como lo esperado debido a la lluvia. Tras apenas quince minutos haciendo fotos, de lejos el día que menos fotos hacemos, pero tampoco hay mucho más que hacer, damos por finalizada la sesión nocturna del viaje, y nos dirigimos al hotel,a donde llegamos minutos después de las once y cuarto.

Arco del Triunfo.

Gastos del viaje.
Los gastos de este día fueron menores de lo que estamos acostumbrados, si bien no alcanzaron el récord del día anterior. Así, el día de hoy apenas gastamos en comida, ya que, por primera vez, no hizo falta comprar ningún ticket t++.

Así, los gastos del día se distribuyeron de la siguiente forma:
  • Comida: 29.40 €
  • Varios: 1.55 €
  • Total: 30.95 € por persona.

sábado, 25 de mayo de 2013

Día 3, lunes 29 de abril de 2013: Museo del Louvre, Barrio Latino, jardines de Luxemburgo y Centro Pompidou.

La mañana del tercer día teníamos programada la visita al museo del Louvre. Habíamos decidido ir el lunes ya que los martes cierra el museo y el miércoles, al ser 1 de mayo, iba a cerrar también, por lo que pensamos que yendo ese día nos evitaríamos las aglomeraciones del fin de semana, ya que suponíamos que, por muy importante que fuera el Louvre, siempre habría menos gente en lunes que en fin de semana.

Museo del Louvre: el museo más famoso del mundo.
Como el museo abría a las nueve, volvemos a poner el despertador a las siete y media de la mañana. En menos de hora y cuarto estamos en la calle, y tras constatar con cierta pena que la mañana es muy soleada y que nos vamos a pasar el único rato soleado del viaje en un museo, nos dirigimos al metro con la intención de llegar al museo lo antes posible. Tras bajarnos en la parada correcta y dirigirnos al Carrousel del Louvre, donde se encuentra la famosa pirámide invertida, nos comunican que con la Paris Museum Pass solo podemos entrar por la pirámide. Nos dirigimos hacia allí, donde afortunadamente no hay apenas cola y a las nueve y cuarto ya estamos dentro del museo. Tras pasar unos momentos de agobio, ya que hace un calor enorme y no nos hemos despojado de nuestros abrigos ni del trípode (que, tras la buena experiencia del día anterior, decidimos llevarlo con nosotros), nos dirigimos en primer lugar hacia La Mona Lisa, con la intención de verla con la menor cantidad de gente posible. De camino, vemos la Victoria alada de Samotracia, que se alza majestuosa en lo alto de unas escaleras. Sin duda, dicha escultura es de lo que más me ha gustado del Louvre. Es impresionante verla en lo alto de la escalera, como dando la bienvenida a los visitantes del museo. Tras admirar dicha escultura y ver la Mona Lisa, que es más grande de lo que esperaba, ya que como todo el mundo me había dicho que era muy pequeña me esperaba algo minúsculo, casi como La encajera del museo de Orsay, nos dirigimos a ver las obras del museo que en realidad nos interesaban, ya que La Mona Lisa tampoco es que nos gustara mucho artísticamente hablando.

Así, a partir de este momento disfrutamos del museo con más tranquilidad, ya que en el resto de salas del museo hay mucha menos gente que en la entrada del museo, donde se encuentra la Victoria alada de Samotracia, y que en los alrededores de la Gioconda, y además ya no hace tanto calor como al principio. Así, admiramos obras como Las bodas de Caná o La balsa de la Medusa y me llevo una pequeña decepción cuando constato que el cuadro que más ganas tenía de ver, La Libertad guiando al Pueblo, se ha cedido temporalmente a otro museo. No soy muy amante de los museos, así que tampoco puedo decir que el Louvre me apasione en exceso, pero sí que puedo decir que he disfrutado viendo algunas obras que uno conoce desde pequeño. Así, junto con la Victoria alada de Samotracia, lo que más me gusta, sin duda alguna, es ver la Venus de Milo, una obra que uno conoce desde pequeño. Me parece espectacular, colocada en una tarima en el centro de la sala, al fondo de un pasillo... impresionante. También me gusta mucho el Código de Hammurabi, pues es una referencia muy conocida en la cultura popular, y tenerlo delante me parece impresionante. La mayor decepción es quizá El escriba sentado, ya que me esperaba una escultura muy grande y resulta que es una cosa pequeñita. Por otra parte, al alejarnos de las zonas más conocidas del museo se va reduciendo poco a poco la cantidad de gente, de forma que es muy agradable la visita de zonas como la Cour Marly, que es preciosa y en la que se puede estar sin agobios. Así pues, puedo decir que salvo los primeros minutos, con agobio de gente y mucho calor en los alrededores de la Victoria alada de Samotracia y de La Mona Lisa, el resto de la visita del museo la hacemos muy relajados, sin agobios de ningún tipo.

Venus de Milo.

Barrio Latino y jardines de Luxemburgo: un momento de relax.
Tras dar un repaso muy general al museo, salimos a la calle a las doce con la intención de aprovechar la mañana tan soleada que hace para hacer unas fotos del museo del Louvre por fuera y de sus alrededores. Así, tras unas cuantas fotos de la pirámide, del Arco del Triunfo del Carrousel y del museo en general, decidimos dirigirnos hacia el Barrio Latino, donde tenemos intención de comer y de recorrerlo por la tarde. De camino al Barrio Latino vemos algunas cosas sueltas que se nos habían quedado, como la iglesia de Saint-Germain l'Auxerrois y hacemos una sesión de fotos en Notre Dame, aprovechando que ahora tenemos trípode, lo cual no teníamos el primer día, cuando visitamos Notre Dame.

En el Barrio Latino, y continuando con la tendencia de comer barato en París, nos decidimos por un restaurante griego, donde por apenas once euros comemos dos especie de kebaps y una botella de agua. Comemos bastante rápido, y a las dos y cuarto ya estamos recorriendo el Barrio Latino, con un helado de Amorino, heladería que hemos visto en múltiples ocasiones en París. La verdad es que el Barrio Latino no tiene gran cosa, a excepción de la fuente Saint-Michel, una preciosa fuente renacentista y que ya habíamos visto de noche el día que llegamos a París, la capilla de la Sorbona y, cómo no, el Panteón, uno de los edificios más bonitos de París, y que, como no podía ser de otra manera, fue nuestro primer destino de la tarde. Tras un largo paseo, llegamos al Panteón minutos antes de las tres menos cuarto. Por dentro es espectacular, y me recuerda bastante a Los Inválidos, otro de los edificios que más me han gustado de París. Desgraciadamente, no podemos subir a la cúpula, ya que está en obras, lo cual es una lástima, puesto que me habría gustado ver las vistas que se tienen desde ahí. Por dentro, el edifico me parece precioso, destacando entre otros el Monumento a Diderot. Lo que menos me gusta es la cripta, donde están enterrados algunos de los grandes ilustres de Francia, pero cuyas tumbas son bastante sosas, sobre todo si las comparo con la preciosa Cripta de los Capuchinos de Viena.

Panteón.

Tras admirar el Panteón, nos dirigimos hacia otro de los barrios que no habemos conocido todavía, los alrededores del palacio de Luxemburgo, a donde llegamos a las cuatro menos cuarto. Tras unas cuantas fotos en la fuente de Médicis, muy bonita por cierto, nos dirigimos hacia la cercana iglesia del Santo Suplicio para que no se nos quedara suelta más adelante. La verdad es que la iglesia es muy bonita, con sus dos torres casi idénticas, y con la fuente de los cuatro puntos cardinales enfrente. Tras verla por dentro, nos dirigimos de nuevo hacia los jardines de Luxemburgo para verlos como se merecen. Al llegar, constatamos que el suelo es como el de las Tullerías, lleno de piedrecitas que manchan los zapatos. Afortunadamente, no solo tiene eso igual que las Tullerías, y es que también tiene dispersas por todo el parque numerosas sillas en las que poder sentarse. Descubrimos cuatro sillas juntas, dos sillas normales y dos sillas-tumbonas, así que nos sentamos, nos quitamos los zapatos y nos quedamos quince minutos descansando viendo el palacio de Luxemburgo. Sin duda, ese es uno de los mejores momentos del día. Tras los quince minutos de descanso, minutos después de las cinco menos cuarto salimos de los jardines de Luxemburgo rumbo al hotel, y es donde tomamos una de las peores decisiones del viaje: en vez de ir en metro al hotel, decidimos ir andando para ver un restaurante cercano al hotel que habíamos visto el primer día mientras íbamos al Panteón, para cenar al día siguiente. El trayecto se nos hace increíblemente largo, y no es hasta tres cuartos de hora después, a las cinco y media, cuando llegamos reventados a nuestro hotel.

Palacio de Luxemburgo.

Centro Pompidou y paseo nocturno.
Tras un merecido descanso en el hotel, pues estábamos derrotados, nos dirigimos hacia el Centro Pompidou, el museo de Arte moderno más importante de Europa. Decidimos aprovechar que el museo cerraba a las diez de la noche, eso decía cualquier página web e incluso la Paris Museum Pass, aunque en realidad cerraba a las nueve, ya que pensábamos que un museo, al ser un sitio cerrado, era mucho mejor visitarlo cuando hubiera menos luz, para aprovechar el día en el exterior. Y no nos equivocamos. Más que con miedo, iba con la curiosidad de si me iba a gustar o no un museo de arte moderno, ya que no soy nada experto en arte, y menos en arte moderno. Y la verdad es que me encantó. No sé si es la poca gente que hay en ese momento, y por tanto el silencio que reina en el museo, o que estoy bastante descansado tras haber reposado un poco en el hotel, pero la verdad es que es muy relajante para mí la visita al museo. Disfruto muchísimo. Al menos, no lo visito con el cansancio que visité el día anterior el museo de Orsay. Así, a pesar de no entender mucho el arte de los cuadros, disfruto mucho con los cuadros, las esculturas, las maquetas, las salas... me encanta. Es un rato muy relajante. Sin duda, lo que más me gusta fue casi el principio y el final: una habitación llena de colores que me dio una sensación de tranquilidad enorme.

Sala del Centro Pompidou.

Tras subir a la terraza y ver un poco el atardecer en París, a pesar de que las vistas no era muy buenas, a las nueve menos cuarto decidimos ir a cenar, optando por un restaurante italiano cercano a la braserrie donde comimos hacía dos días. Tras la cena, bastante normalita, por cierto, cogemos el metro y nos dirigimos hacia la estación de metro de Trocadero, a donde llegamos minutos antes de las diez y media. En Trocadero hacemos unas cuantas fotos de la torre Eiffel iluminada que son bastante bonitas. Me habría gustado hacer también fotos desde el Campo de Marte y de Los Inválidos, pero tenía dudas de que este último no estuviera bien iluminado, y de que las fotos de la torre Eiffel desde el Campo de Marte fueran bonitas, dado las obras que hay en la zona.

Torre Eiffel vista desde Trocadero.

Gastos del día
Este día fue de lejos, no solo el que menos gastamos en París, sino el que menos habremos gastado en nuestra vida como viajeros. Hacíamos risas sobre si deberíamos tomarnos algo en alguna cafetería, o hacer algo, porque nos daba vergüenza decir que habíamos gastado tan poco. Como en el día de hoy solo entramos en dos museos que incluían la París Museum Pass, y no tuvimos que comprar ningún bono de transporte, no gastamos nada ni en turismo ni en transporte. Nuestros únicos gastos fueron la comida, que, como he dicho, fue poco más que un kebap, la cena, una botella de agua que compramos en la calle por un euro, y el helado de Amorino. Gastar menos era complicado. Así, los gastos del día fueron los siguientes:

  • Comida: 18.5 €
  • Varios: 2.25 €
  • Total: 20.75 € por persona

miércoles, 22 de mayo de 2013

Día 2, domingo 28 de abril: Arco del Triunfo, Los Inválidos, Torre Eiffel y museo de Orsay


Nuestro segundo día en París comienza un poco más tarde que el día anterior, puesto que el despertador no suena hasta las ocho de la mañana. El motivo por el que vamos a comenzar “tan tarde” el día es que vamos a empezar con una visita al Arco del Triunfo, el cual no abre hasta las diez de la mañana. El resto de la mañana consistiría en un largo pase hasta la torre Eiffel, donde habíamos reservado para subir a la una del mediodía.

Arco del Triunfo: más el edificio que las vistas.
Así pues, tras desayunar, salimos del hotel a las nueve y cuarto dispuestos a conocer uno de los monumentos más importantes de París, con la esperanza de que la suave lluvia con la que nos saluda la calle pare cuando lleguemos al monumento. Tras poco más de veinte minutos en metro, al menos tenemos la suerte de que desde Place d’Italie hay una línea que nos deja en la plaza Charles de Gaulle, llegamos al Arco del Triunfo minutos después de las diez menos cuarto, un poco más tarde de lo que teníamos planeado, pues queríamos estar un tiempo sacando fotos. Sin embargo, este retraso no es un gran problema, ya que está lloviendo ligeramente por lo que no hubiera merecido la pena estar mucho tiempo haciendo fotos. Una pena, ya que por primera vez, salimos de visita con el trípode, para ver si nos cansaba o nos merecía la pena por las fotos que podríamos sacar. Como comprobamos al final del día, acabamos encantados y no lo volvimos a dejar en el hotel.

Arco del Triunfo.

Tras unos cuantos minutos haciendo fotos, ya sin lluvia, a las diez y cuarto ya estamos en lo alto del Arco sacando fotos de las vistas de París. La verdad es que no me impresionan demasiado las vistas, ya que al estar el Arco tan alejado del resto de monumentos importantes, se ven estos en pequeñito. Es una vista distinta de la ciudad, destacando sobre todo la de los Campos Elíseos, pero creo que los nueve euros y medio que cuesta la entrada son demasiados para lo que se ve. Al igual que me ocurrió el día anterior con la Sainte Chapelle, creo que el precio es desorbitado. Al menos lo tenemos sufragado con la Paris Museum Pass.

Del Arco del Triunfo a Los Inválidos, recorriendo los Campos Elíseos.
Tras bajar del Arco del Triunfo y aprovechar a hacer fotos de nuevo una vez que parece que ha salido el sol para quedarse un rato, enfilamos por los Campos Elíseos hasta nuestro siguiente punto del recorrido: el puente de Alejandro III. Tras un recorrido de apenas veinte minutos, a las once de la mañana llegamos al Grand Palais, que junto con el Petit Palais, que me gusta bastante más, es de lo poco que tiene para ver los alrededores de los Campos Elíseos. La verdad es que los Campos Elíseos, por mucho nombre que tengan, a nivel turístico no tienen gran cosa. Tras ver ambos palacios por fuera, aprovechamos el momento de más sol del día para hacer unas preciosas fotos desde el puente de Alejandro III, desde el cual se tienen unas estupendas vistas de la torre Eiffel.

París desde el puente de Alejandro III.

Tras las fotos de rigor desde el puente Alejandro III, nos dirigimos hacia Los Inválidos, uno de los más importantes de París. Dentro de Los Inválidos se pueden ver el Dôme, la iglesia de San Luis de los inválidos y el museo del Ejército. Este último lo habíamos descartado porque no nos interesaba en absoluto, y la segunda iglesia no podemos verla porque se encuentran en misa en ese momento. Me consuelo pensando que, por las fotos que había visto, no es nada bonita. Así pues, solo nos queda por ver el Dôme, el cual no me defraudó, pues me pareció bastante bonito, a pesar de ser relativamente pequeño. Aparte de las distintas tumbas que se podían ver, el edifico en sí era precioso, me encantó. Desgraciadamente, mi pareja no lo disfruta del todo bien ya que le sellaron la Paris Museum Pass y piensa, erróneamente, que no podría usarla el día siguiente, lo cual era nuestra intención.

Tumba de Napoleón.

Visitando la torre Eiffel.
Tras visitar el Dome, y desistir de ver el museo Rodin puesto que no nos va a dar tiempo, a las doce y cuarto llegamos al Campo de Marte, desde donde esperaba obtener algunas de las fotos más bonitas del viaje. Desgraciadamente, y como suele ser nuestro sino, gran parte del Campo de Marte se encuentra en obras, y en la parte que dificultan hacer unas fotos bonitas.

A pesar de estos inconvenientes, conseguimos sacar algunas de las fotos más bonitas del viaje. Tras sacar las fotos, todavía nos quedan veinte minutos libres antes de subir a la torre Eiffel, por lo que decidimos buscar sitios donde poder comer tras bajar de esta. Observamos que los sitios apenas se cuentan con los dedos de la mano. En estos momentos tomo consciencia de que quizá habría que haber programado de forma distinta la mañana, puesto que me da la sensación de haber visto poco. El haber empezado por el Arco del Triunfo, que no abría hasta las diez de la mañana, y haber continuado paseando por los Campos Elíseos, que no tenían nada para ver, hace que tenga la sensación de que haya perdido prácticamente media mañana. Quizá hubiera sido mejor acabar el día ahí. Pero poco se puede hacer ya.

Finalmente, a la una, muy puntuales, entramos en la torre Eiffel. El primer ascensor, que tardamos bastante en coger, nos deja en el segundo piso, donde tenemos que comprar los billetes de acceso hasta la parte más alta de la torre. Nosotros habíamos reservado hasta el segundo piso por si acaso el día que íbamos se cerraba la torre por alguna inclemencia meteorológica o similar. Creo que fue un error hacerlo, ya que es prácticamente imposible que te cierren la torre (lo hicieron apenas dos semanas antes de ir, pero bueno, es una excepción), y el sacar los tickets hasta la el último piso, que solo te hace perder cinco minutos, pero bueno, ya es más lío que llevarlo todo desde casa. Creo que merece la pena jugársela y traer los billetes desde casa.

Así, tras sacar los billetes, y esperar una larga cola para subir al último piso, alcanzamos la cima de la torre a las dos menos cuarto. La verdad es que las vistas son bonitas, siendo mi preferida la vista que se tiene de Trocadero, ya que la del Campo de Marte está en obras. De todas formas, yo sigo pensando que las vistas desde tanta altura no merecen tanto la pena como desde un edifico más bajo, desde donde puedes ver los edificios más grandes. Al final, desde lo alto de la torre Eiffel ves todo París, pero ves muy pequeñito el Arco del Triunfo, ves muy pequeñito Notre Dame… me atrevo a decir que seguramente me gustarían más las vistas desde las torres de Notre Dame. Además, tampoco ayuda mucho que el sol se había cubierto para el resto del día.

Trocadero desde la torre Eiffel.

Tras las fotos de rigor, decidimos dar por finalizada la mañana y bajamos a tierra para comer algo. Tras decidirnos durante un buen rato, compramos dos paninis por siete euros cada uno, más un botellín de agua que costaba tres euros. Diecisiete euros por comida para dos, difícilmente se puede encontrar algo más barato. Tras comer los paninis en el puente de Jena, nos dirigimos hacia la cercana Trocadero para sacar las que se suponen que son las mejores fotos de la torre Eiffel. La verdad es que algunas de las fotos que conseguimos hacer son muy bonitas, a pesar de que no se ve ni un solo rayo de sol y de que, para variar, en la base de la torre Eiffel había unos cuantos andamios. Al menos pude esconder estos últimos.

Visitando el museo de Orsay.
A las tres de la tarde finalizamos la sesión de fotos de la torre Eiffel, y, viendo que el tiempo no va a mejorar en toda la tarde, decidimos ir al museo de Orsay, uno de los lugares de París que más ganas tenemos de visitar. Tras llegar al museo a las tres y media, nos vemos obligados a hacer un poco de cola, algo que no esperaba con la Paris Museum Pass. Afortunadamente, en apenas quince minutos entramos dentro del museo. La verdad es que el museo es una maravilla. Lo primero que te encuentras, dentro del impresionante edificio, que ya de por sí es muy bonito, es una sala con unas esculturas preciosas. En este museo tienen cabida las obras del siglo XIX, donde acaba el museo del Louvre, y de comienzos del siglo XX, por lo que hay cuadros de Renoir, de Van Gogh, Monet… La verdad es que es espectacular, y es muy curioso poder estar viendo cuadros que uno conoce desde pequeño, como el Autoretrato de Van Gogh. Aun así, son los cuadros de Renoir y los de Monet los que más llaman mi atención. La única pena fue que no puedo disfrutar el museo como se merece, ya que hace muchísimo calor y estamos terriblemente cansados, y eso que no tengo la sensación de haber andado demasiado. Cuando salimos del museo, a las cinco y cuarto, no puedo ni con mi alma. Aun así, sacamos fuerzas de donde podemos, y decidimos ir andando hasta el barrio de Saint-Germain-des-Prés, uno de los menos importantes en cuanto a contenido turístico, para hacer una visita exprés y ver la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, la más antigua de París, y dos de los cafés más conocidos de la ciudad: El Café de Flore y Les Deux Magots. A las seis de la tarde, sin apenas tenernos en pie, nos dirigimos al metro para ir al hotel, a donde llegamos quince minutos después. La sensación de quitarse los zapatos y tumbare en la cama fue sin duda de las mejores del día.

Ópera, La Madeleine y plaza de la Concordia: perfecta sesión nocturna de fotos.
Tras una hora y media descansando, salimos del hotel para ir a cenar al Hard Rock Café, el restaurante que siempre buscamos en cada ciudad. Esa noche tenemos pensado sacar fotos de la Ópera, La Madeleine y la plaza de la Concordia, así que vamos a aprovechar la cercanía del Hard Rock a la Ópera. Tras llegar a las ocho y veinte, nos dicen que tendremos que esperar media hora para cenar. Esa media hora se transforma en casi una hora, y no es hasta las nueve y cuarto cuando nos sentamos a cenar. A diferencia de otras veces, apenas pedimos unos nachos y una hamburguesa para compartir, ya que las últimas veces no habíamos podido acabar cada uno nuestra hamburguesa. El precio de la cena es bastante mayor de lo esperado, y es que este restaurante es más caro que los que hemos visto en otras ciudades. Es aquí el primer y único sitio donde constatamos que la comida en París es muy cara. Y es que pagar casi cuarenta euros por una hamburguesa, unos nachos y dos coca colas nos parece excesivo.

Tras salir de cenar, al menos con muy buen sabor de boca, nos dirigimos a la ópera para comenzar nuestra sesión nocturna de fotos. Como me esperaba, la Ópera de noche es preciosa y no hay apenas gente, por lo que podemos hacer unas fotos preciosas. Tras la ópera, continuamos hasta La Madeleine, donde a pesar de no estar iluminada, las fotos no desmerecen a la Ópera. Finalmente, las fotos que hacemos en las fuentes de la plaza de la Concordia, que esperaba más iluminadas, son espectaculares, sin duda, de las más bonitas del viaje. Minutos después de las once y cuarto, damos por finalizada la sesión de fotos y nos dirigimos al hotel, a donde llegamos a las doce. A pesar de que el día no ha sido todo lo bueno que esperaba, el recorrido nocturno ha mejorado significativamente el día: nos vamos con unas fotos y un recuerdo espectacular.

Plaza de la Concordia, con la torre Eiffel al fondo.

Gastos del día
Este día los gastos fueron como los de cualquier otro día (siempre calculo unos 50 € por persona y día de media), ya que si bien se ahorró en la comida, la cena resultó algo más cara de lo esperado. En cuanto a turismo, apenas hubo que pagar la entrada de la torre Eiffel. Lo que más rabia dio fue que otro día hubo que comprar un billete del ticket t++, ya que hicimos cinco viajes cada uno. Los gastos en transporte, al finalizar el viaje, serían relativamente altos.
  • Comida: 28.40 €
  • Transporte: 6.65 €
  • Turismo: 6 €
  • Varios: 3.45 €
  • Souvenirs: 1.25 €
  • Total: 45.75 € por persona

domingo, 19 de mayo de 2013

Día 1, sábado 27 de abril de 2013: Île de la Cité, Les Halles y alrededores de las Tullerías

Nuestro primer día en París comienza a las siete y media, hora a la que nos suena el despertador. La mañana del primer día la íbamos a dedicar al corazón de la ciudad: la Île de la Cité, donde veríamos la Sante Chapelle, Notre Dame y la Conciergerie. Por la tarde, la idea era continuar por la zona de Les Halles y de las Tullerías.

Conociendo la Île de la Cité: Sainte Chapelle, Notre Dame y Conciergerie
Tras desayunar en el hotel, a las nueve menos veinte salimos del hotel y cogemos el metro para dirigirnos a la Île de la Cité. Con algo de pena observamos que la mañana está nubosa aunque el sol se asoma por momentos entre las nubes. Nuestra intención es comenzar el día visitando la Sainte Chapelle, ya que la Paris Museum Pass permite saltarse todas las colas de los monumentos de París excepto la de la Sainte Chapelle, pues esta se encuentra dentro del Palacio de Justicia y hay que pasar una serie de medidas de seguridad que no pueden evitarse con la tarjeta. Así pues, nuestra intención era llegar allí lo más pronto posible, para evitar en lo posible las colas. Inexplicablemente, nos equivocamos de parada de metro, cosas rara en nosotros, ya que planificamos mucho los viajes, y nos bajamos en la siguiente parada, por lo que llegamos cinco minutos más tarde de la hora a la que creía que abrían la Sainte Chapelle, las nueve de la mañana. Y digo creía porque en realidad la Sainte Chapelle abría a las nueve y media. Afortunadamente, el habernos equivocado de hora vino bien, ya que quince minutos antes de la hora de apertura ya había una considerable cola para visitar la Sainte Chapelle. Nunca una equivocación supo tan bien.

Finalmente, entramos puntuales a las nueve y media, siendo de los primeros en entrar en el monumento. La Sainte Chapelle es muy pequeña, pero merece la pena: las vidrieras son espectaculares. Eso sí, me parece que el precio de la entrada, nueve euros, es excesivo para lo que en realidad se ve, por mucho que las vidrieras sean impresionante. Como suele ser nuestro sino, la mitad de las vidrieras estaban siendo arregladas, por lo que no podemos verlas en todo su esplendor. Me consuela pensar que los trabajos de limpieza de las vidrieras, que acaban este mismo año, han durado cinco años, por lo que ha habido mucha gente que no ha podido disfrutar al completo este monumento durante los últimos años. Ya se sabe: mal de muchos...

Tras poco más de diez minutos disfrutando de las vidrieras, abandonamos la Sainte Chapelle y observamos que ya no hay tanta cola como antes. Parece que todo el mundo madruga y que quizá lo óptimo es llegar media hora después de que abran para evitar la cola. Nuestro siguiente punto es la catedral de Notre Dame, la que seguramente es la catedral más famosa del mundo. Tras haberla visto el día anterior de noche, ahora por fin la puedo contemplar de día. En apenas unos minutos llegamos a Notre Dame, y tras hacer unas pocas fotos, entramos a las diez de la mañana. Al entrar en Notre Dame, observo que está a rebosar de gente, lo que hace bastante incómoda la visita. Pienso con amargura que más me vale acostumbrarme a este tipo de visita, ya que el viaje a Italia de septiembre será seguramente igual o peor. La verdad es que no nos atrapa el interior de Notre Dame, pues lo encontramos bastante simple, a excepción de su famoso rosetón. Pero en cuanto al resto de la iglesia se me ocurren otras muchas que me han gustado más, como la catedral de san Vito, por ejemplo.

Cuando salimos de la catedral, observamos que hay una larga cola de gente esperando para entrar. Me choca bastante, a pesar de que avanza rápido, ya que nunca había visto tanta cola para entrar en una iglesia, sobre todo cuando no hay que pagar entrada. Parece que hemos tenido suerte, y eso que no hemos entrado pronto en la catedral, pues antes habíamos visto la Sainte Chapelle. Ya en la calle, nos acercamos sin mucha esperanza a la zona donde se encuentra la entrada para la subida a las torres de la catedral, para ver si había poca cola, pues la subida a las torres tampoco permitía el acceso prioritario con la Paris Museum Pass. Observamos que la cola es enorme, por lo que decidimos no esperar, ya que la subida a las torres no es que sea una de las cosas que más ganas tenemos de ver de París. No al menos tan pronto, cuando quedan tantas cosas por ver y no sabemos si nos dará tiempo.

Notre Dame.

Tras dar la vuelta a Notre Dame, haciendo unas preciosas fotos de la parte de atrás del edificio con todos los árboles en flor, decidimos visitar la Conciergerie, más que nada porque nos la incluía la Paris Museum Pass. Como esperaba, no me llama mucho, aunque es verdad que no deja de ser interesante ver la celda en la que estuvo presa la reina María Antonieta antes de ser decapitada. No obstante, lo que más me ha gustado de la Conciergerie son las vistas que se tienen de sus torres desde la orilla del Sena: me han parecido espectaculares. Por fuera, el edificio de la Conciergerie me ha parecido de los más bonitos de París.

Camino a Les Halles: alrededores del Pompidou e iglesia de san Eustaquio.
Tras salir de la Conciergerie comprobamos que apenas son las once y media, cuando en principio había pensado dedicar toda la mañana a la isla. Una vez más, constato cómo en la realidad vemos las cosas más rápidamente de lo planeado en un principio. Es verdad que podemos continuar visitando la isla, ya que todavía nos quedaba la parte oriental, la zona de Saint-Louis, pero en ese momento nos da mucha pereza ir hasta ese extremo de la isla para luego volver sobre nuestros pasos, ya que por la tarde queremos dirigirnos hacia las Tullerías.

Así pues, decidimos dejar para otro día lo que nos queda de la zona de Saint-Louis y nos dirigimos hacia el barrio de Les halles, llegando a él a través del Pont au Change, desde el cual se tiene una perfecta vista de la torre de Saint-Jacques, una preciosa torre que es de lo que más me ha gustado de París. Desde dicha torre iniciamos nuestro periplo por Les Halles, con la mente puesta en la Ópera como destino, a donde queríamos llegar para la hora de comer. Tras ver la torre de Saint-Jacques, observamos que nos encontramos relativamente cerca del ayuntamiento, así que nos dirigimos hacia allí, aunque no lo teníamos previsto visitar en un principio, ya que tenía el recuerdo de que dicho edificio me había gustado mucho en mi primera visita a París. En efecto, el edificio es precioso, pero están montando una especie de casetas en la plaza en la que se encuentra, por lo que no podemos sacar fotos bonitas. Me quedo pensando en lo bonito que tiene que ser de noche.

Tras ver el ayuntamiento, encaminamos nuestros pasos hacia el lugar más importante de Les Halles: el Centro Pompidou, el que seguramente sea el museo de arte moderno mas importante de Europa. Como de momento no vamos a entrar en el museo, lo veríamos otro día aprovechando que cierra a las nueve de la noche, nos conformamos con dar una rápida visita por sus alrededores, donde destaca la plaza de Igor Stravinski, que me la esperaba más grande y más abierta, pero que aun así no me disgusta. Tras las fotos de rigor, continuamos hacia la iglesia de san Eustaquio, una de las iglesias más conocidas de París, y una de las que más ganas tenía de ver. La iglesia se encuentra justo enfrente del Forum des Halles, desde donde se sacan unas fotos preciosas de la iglesia, según había visto en Internet. Desgraciadamente, la plaza entera se encuentra totalmente en obras, por lo que es imposible sacar una foto bonita del exterior de la iglesia, lo cual me da mucha lástima, ya que aparte de las fotos espectaculares que ofrece esta iglesia, hay una muy graciosa con una escultura que se encuentra a las puertas de la iglesia, y que tampoco podemos sacar en la foto. Por dentro la iglesia es muy sobria, sin mucha decoración, destacando, al menos para mí, su gran volumen, ya que la encuentro bastante grande.

Centro Pompidou.

Visitando la Ópera Garnier.
Tras ver la iglesia, decidimos encaminarnos hacia la ópera Garnier, famosa por estar basada en ella la conocidísima obra El fantasma de la ópera. Llegamos a la una del mediodía, y pensamos que lo mejor que podemos hacer es visitarla antes de dar por finalizada la mañana. La verdad es que es bastante bonita, con los balcones de las fachadas, el tejado... me parece preciosa. Obviamente, no tiene el encanto de la ópera de Viena, pero al menos por fuera es muy similar en cuanto a belleza. Como la entrada a la ópera no entra en la Paris Museum Pass, es una de las pocas atracciones que no entra, pagamos nueve euros cada uno por visitarla. La verdad es que la ópera es preciosa, pero los nueve euros nos parecen excesivos, máxime cuando en la ópera de Viena pagamos seis y medio por una visita guiada en castellano de cuarenta minutos. Como nos suele ocurrir, la visita no nos dura mucho, menos de media hora, y no porque no nos guste el edificio, sino porque siempre vemos las cosas rápido. En ese momento pienso si me interesarían o si me aburrirían las visitas guiadas. Por un lado, salí encantadísimo de la visita guiada a la ópera de Viena, donde en cuarenta minutos me explicaron fenomenalmente bien cómo funcionaba la ópera, cuál era su historia... y tuve tiempo de sobra para admirar el edificio, pero es verdad que no puedo pasarme el viaje con visitas guiadas, no tendríamos tiempo para la improvisación. Por otro lado, mi visita a la Ópera Garnier ha sido fugaz, de apenas media hora, y no me han explicado nada de su historia, pero no siento sensación de vacío. Llego a la conclusión de que de vez en cuando no está mal una visita guiada, siempre y cuando la duración no sea del todo excesiva. Quizá para los dos-tres monumentos más importantes, una visita guiada en castellano de media hora puede ser muy interesante.

Ópera Garnier.

Tras ver la ópera, nos damos cuenta de que ya es la una y media de la tarde, así que tras hacer una visita exprés a las Galerías Lafayette para ver su cúpula, al igual hicimos en Berlín, buscamos un sitio donde comer. A diferencia de la mayoría de nuestros viajes, nos decantamos por la comida rápida, así que buscamos un McDonalds cercano, lo cual no es muy complicado, porque tienes que buscar o un McDonalds o un Quick, restaurante francés de comida rápida que siempre hay al lado de un McDonalds. Tras encontrarlo y esperar durante más de quince minutos una larga cola, comemos tranquilamente nuestras hamburguesas: por fin un momento de descanso.

Ópera Garnier.

Camino a la plaza de la Concordia pasando por La Madeleine.
A las tres menos cuarto decidimos continuar con nuestra visita de París. Tras lo mucho que hemos andando por la mañana, el recorrido planteado para la tarde es, como casi siempre, más ligero que el de la mañana: la idea es llegar hasta la plaza de la Concordia pasando previamente por La Madeleine, y, si da tiempo, dar una vuelta por los alrededores de las Tullerías.

Así, nos dirigimos hacia La Madeleine, a donde llegamos a las tres de la tarde. Sin lugar a dudas, es una de las iglesias más curiosas que he visto en mi vida, puesto que más que iglesia parece un templo de la Antigua Grecia. Por dentro me parece bastante bonita también, a pesar de que no recuerda en nada a una iglesia salvo por el altar que se encuentra al fondo del edificio. Sin duda alguna, es uno de los edificios que más me ha gustado del día.

La Madeleine.

Desde la propia plaza donde se encuentra La Madeleine se puede observar la plaza de la Concordia, así que nos dirigimos hacia allí, llegando en pocos minutos, un poco antes de las tres y media. La verdad es que tampoco es que pueda decir que sea muy bonita la plaza, porque más que una plaza es un gran espacio abierto, nada más. Eso sí, las dos fuentes que se encuentran en el centro de la plaza son preciosas, y aun más de noche, como comprobaría al día siguiente, y las vistas que se tienen desde dicha plaza del Arco del Triunfo y, sobre todo, de la torre Eiffel, son impresionantes. Tras una larga sesión de fotos, damos una vuelta por los alrededores. Tras ver la plaza del glamour y el lujo, la plaza Vendôme, nos dirigimos hacia el jardín de las Tullerías, el primer gran parque de París que íbamos a visitar. De inmediato constatamos que hay algo que no nos gusta: el suelo. Cuando nos esperábamos un suelo agradable para un paseo, observamos que este está compuesto por numerosas piedrecitas pequeñas que levantan polvo y ensucian los zapatos. Como descubriríamos, no sería el único parque de la ciudad el que tuviera ese tipo de suelo. Tras unos minutos paseando, llegamos hasta las cercanías del museo del Louvre, observando por primera vez, desde la lejanía, la famosa pirámide de cristal del museo. En ese momento, minutos antes de las cinco menos cuarto, decidimos dar por finalizada la visita del primer día, muy contentos puesto que hemos visto mucho más de la ciudad de lo que pensábamos ver. Así pues, buscamos una estación de metro para ir al hotel, a donde llegamos poco después de las cinco, quizá un poco antes de lo que estamos acostumbrados, pero con la sensación de no haber desaprovechado el tiempo y de haber visto muchas cosas.

Vistas desde la plaza de la Concordia.

Sesión de fotos nocturnas en el Louvre.
Tras descansar un rato, salimos del hotel para buscar un restaurante. Como queremos hacer fotos nocturnas al museo del Louvre, decidimos ir a comer por la zona de Les Halles, donde por la mañana habíamos visto bastantes restaurantes, sobre todo en los alrededores de la fuente de los inocentes. Como suponemos que íbamos a comer en muchos italianos y muchas hamburguesas en nuestro viaje, nos decidimos por ir a una brasserie, con el objetivo de variar un poco nuestra comida. Así, elegimos una relativamente cercana a la fuente de los inocentes y pedimos unos entrecottes. Lo que más me gusta de la comida es la salsa de pimienta, que, a diferencia de muchos lugares en España, me la sirven en un pequeño cuenco para que la tome en la cantidad que considere adecuada. Riquísima.

Con el estómago lleno, nos dirigimos andando hacia el museo del Louvre, nuestro destino fotográfico, aunque antes de hacer fotos de la pirámide nos dirigimos hacia el Pont des Arts, desde donde se tiene una preciosa vista del Instituto de Francia. Tras las fotos de este precioso edificio, entramos en el patio del Louvre y hacemos decenas de fotos de la fachada, la pirámide, el Arco… La verdad es que encuentro precioso el contraste entre el edifico de piedra y la pirámide de cristal. Tras un gran rato haciendo fotos, a las once menos cuarto damos por finalizada la segunda sesión de fotos nocturnas parisina, por lo que cogemos un metro para ir al hotel, a donde llegamos a las once y cuarto, muy cansados pero muy contentos del día que hemos pasado.

Museo del Louvre.


Gastos del día.
Los gastos del día fueron similares a los que tenemos en cualquier viaje. En comida no gastamos demasiado, ya que una de las dos comidas del día fue en un McDonalds, y en entradas de monumentos apenas pagamos por la entrada en la Ópera, que me pareció bastante cara, por cierto. Gracias a la Paris Museum Pass nos ahorramos doce euros y medio de la entrada conjunta a la Sainte Chapelle y a la Conciergerie, si bien es verdad que sin la tarjeta solo habríamos entrado a la Sainte Chapelle, cuya entrada costaba ocho euros y medio. Empezábamos a amortizar la tarjeta. Lo que también tuvimos que comprar fue un nuevo pack de diez billetes de metro, pues en el día de hoy habíamos realizado ocho viajes, y el día anterior habíamos realizado ya cuatro, por lo que nos vimos en la necesidad de comprar un pack para volver.

Así, los gastos del día se distribuyeron de la siguiente forma:
  • Comida: 24 €
  • Turismo: 9 €
  • Transporte: 6.65 €
  • Varios: 2.25 €
  • Total: 41.9 € por persona.

sábado, 18 de mayo de 2013

Día de llegada, viernes 26 de abril de 2013: tomando distancias

Tras muchos meses, por fin llega el día en el que comienzan nuestras vacaciones de primavera. Tras salir del trabajo, un poco antes de lo necesario, llegamos al aeropuerto de Loiu minutos antes de las dos de la tarde. Sin esperar nada de cola, facturamos en apenas dos minutos, por lo que dedicamos la hora y media que teníamos por delante en comer un bocadillo de tortilla y en ver cómo pasaba el tiempo. Creo que para próximos viajes tenemos que ser menos nerviosos y llegar algo más tarde al aeropuerto. Finalmente, despegamos con un ligero retraso de cinco minutos, llegando a París hora y media después, minutos después de las cinco, aunque tras aterrizar el avión se pasó quince minutos dando vueltas por el aeropuerto, por lo que no fue hasta las cinco y veinte cuando salimos del avión. Ya en pista se confirman nuestros peores temores, ya que una ligera lluvia nos da la bienvenida a París.

Tras recoger nuestras maletas, sacar los billetes del RER y comprar la Paris Museum Pass, haciendo el primer timo de nuestra vida viajera, llegamos al andén del RER minutos después de las seis, teniendo la grandísima suerte de que apenas tenemos que esperar cinco minutos a que llegue el tren. Desgraciadamente, el viaje a París se nos hace más largo de lo esperado, y entre el viaje en RER y la conexión del metro no llegamos a nuestro hotel hasta las 19:30.

Como ya sabemos, el hotel se encuentra bastante alejado del centro de París, siendo necesario el uso del metro para desplazarse, aunque afortunadamente cerca del hotel se encuentra una estación de metro en la que confluyen tres líneas de metro, lo que nos da bastante margen de maniobra. El hotel tiene la sencillez de cualquier Ibis, pero me gusta bastante, ya que encuentro la habitación más grande que la que he tenido en otras estancias de la misma cadena. Obviamente, no tiene las comodidades que me tienen acostumbrado los hoteles Mercure, pero cumple de sobra con lo que necesitamos.

Habitación del hotel de París.

Primeros pasos en París.
Tras descansar durante poco más de media hora, salimos del hotel minutos después de las ocho y decidimos tomar distancias andando hasta el Barrio Latino. Tras una larga caminata de más de media hora llegamos al Panteón, el primer gran monumento que vemos de París. Observamos con pena que está en obras, pero afortunadamente las obras apenas se aprecian cuando se mira de frente ya que estas se encuentran sobre todo por la parte de atrás. Nos quedamos observando el Panteón durante unos mágicos minutos viendo cómo atardece y cómo se tiñe de ocre la fachada del Panteón. Precioso. No tengo palabras para describir ese momento.

Tras esconderse el sol, buscamos un restaurante por el Barrio Latino, donde había leído que había muchos y muy baratos. Nos decidimos por un restaurante italiano donde pedimos cada uno una pizza que sabe mucho mejor que lo que su apariencia me había hecho sospechar. Como durante la comida observamos que los postres tienen muy buena pinta, decidimos pedir un tiramisú para los dos, y la verdad es que lo encontramos excelente, siendo una perfecta manera de finalizar la cena.

Primeras fotos nocturnas: Notre Dame nos maravilla.
Tras cenar, y aprovechando que nos encontramos cerca de Notre Dame, decidimos acercarnos hacia este gran monumento para sacar nuestras primeras fotos nocturnas de París. La verdad es que me imaginaba más grande la iglesia, pero aun así la encuentro preciosa, sobre todo la vista desde atrás, en la que se ven los arbotantes, los árboles, el río, la hiedra... La única lástima es que, debido a ser el 850 aniversario de su construcción, han montado enfrente de la fachada una especie de escenario para que la gente se siente y admire la catedral. Si hace más de diez años la fachada de la catedral estaba completamente tapada cuando visité París, este año tampoco puedo hacer una foto de frente ya que me lo impide el escenario. Me consuelo pensando que las vistas que más me gustan son por detrás, y, sobre todo, que el escenario no me impide admirar la fachada de la que es seguramente la catedral gótica más famosa del mundo.

Notre Dame.

Tras una hora sacando fotos, a las once y cuarto damos por finalizada la primera sesión fotográfica nocturna de nuestro viaje a París, así que cogemos un metro y nos dirigimos al hotel, a donde llegamos a las doce menos diez, bastante más tarde de lo deseado. Pero es que Notre Dame de noche es impresionante y nos ha hechizado por completo.

Gastos del día.
Este primer día fue el día en el que más gastamos en París, ya que como suele ser normal en muchas ciudades, hay que comprar alguna tarjeta turística, bonos de transporte para los siguientes días...  así que el primer día suele ser el de mayor desembolso. En nuestro caso compramos la tarjeta turística Paris Museum Pass de dos días, que por 39 € cada uno nos permitía disfrutar durante dos días, y tantas veces quisiéramos, de numerosos monumentos y museos de la ciudad. En realidad deberíamos haber comprado la de cuatro días, que costaba 54 €, pero, por una vez, decidimos hacer trampas aprovechando el modo de funcionamiento de la tarjeta. Y es que para utilizar la tarjeta no había más que escribir en ella el primer día que se usaba, por lo que decidimos traernos un bolígrafo que pudiera borrarse fácilmente, para cambiar la fecha a los dos días de utilizarla. Dos días después comprobaríamos que no nos resultaría tan sencillo como pensábamos. Por otra parte, tuvimos que comprar el billete del aeropuerto a la ciudad, que nos costó 9.5 € a cada uno, y el primero de los muchos ticket t++, un bono de diez viajes que costaba 13.30 € y que era la opción más barata, muy cara aun así, de transporte por la ciudad.

Así, los gastos del día se dividieron de la siguiente forma: 
  • Comida: 16 €
  • Transporte: 16.15 €
  • Paris Museum Pass: 39 €
  • Total: 71.15 € por persona.

jueves, 16 de mayo de 2013

Preparación: vuelos hoteles y entradas

Una vez elegido el destino de nuestras vacaciones, el siguiente paso era comprar los billetes de avión y reservar el hotel. Tras muchas dudas entre Semana Santa y el puente de mayo, decidimos decantarnos por esta segunda opción, con la esperanza de que el tiempo fuera mejor a finales de abril que a finales de marzo. Más tarde, cuando planeábamos los itinerarios, descubrimos que las fechas elegidas quizá no fueron las óptimas desde el punto de vista turístico, ya que el 1 de mayo estaba todo completamente cerrado, había museos que cerraban los lunes o martes (lo que complicaba la planificación del viaje), y los horarios ampliados de los museos eran los jueves y los viernes, días en los que no íbamos a poder visitarlos porque no estaríamos en París.

Avión
Como imaginaba, el vuelo a París nos iba a salir más caro que muchos otros vuelos, ya que la opción más rápida entre Bilbao y la capital francesa era el vuelo con Air France, una compañía que, al menos las veces que había mirado vuelos, era mucho más cara que otras como Lufthansa o Brussels Airlines. Y con París no fue una excepción.

Sin embargo, a diferencia de muchas ciudades, para llegar a París teníamos numerosas opciones que sopesamos seriamente:

  • La primera opción que se puso encima de la mesa era un vuelo directo desde Bilbao con Air France. La gran ventaja de esta opción era la comodidad, ya que el viaje duraba algo menos de dos horas, una gran ventaja respecto al resto de opciones barajadas. Además, el horario era francamente bueno, podría decirse que inmejorable, ya que llegaríamos a París a media tarde del viernes y abandonaríamos la ciudad a las ocho de la tarde del miércoles, teniendo prácticamente el día entero para disfrutar de la ciudad. El mayor inconveniente era el precio, ya que el vuelo costaba 212 €, demasiado caro para un vuelo directo de menos de dos horas, aunque hay que decir que había vuelos más baratos que salían antes, pero que tuvimos que desechar porque implicaban que tuviéramos que coger un día más de vacaciones.
  • Otra opción, descartada en seguida, era realizar otro itinerario distinto en avión. Rápidamente vimos que había vuelos directos desde Biarritz con EasyJet por apenas 100 €, pero entre los 20 € que habría que pagar por facturar maleta en cada uno de los dos viajes, la gasolina, el peaje y el parking del coche durante todos esos días, no merecía en absoluto la pena el desplazarse a Biarritz. Una segunda opción alternativa eran vuelos con escala desde Bilbao con Lufthansa. Los vuelos salían entre 50 € y 60 € más baratos que con Air France, pero implicaban cinco horas de ida y otras cinco de vuelta, y no creíamos que la diferencia compensara el ahorro económico.
  • La última de las opciones era ir a París en TGV desde Hendaya, en un viaje de unas cinco horas y media de tren más algo más de hora y media en coche, es decir, casi siete horas de viaje. Tenía la gran ventaja del precio, ya que el billete de ida y vuelta era de apenas 69 €, y haciendo un cálculo rápido, la gasolina y el peaje hasta Hendaya y el parking subiría el precio por persona hasta aproximadamente unos 100 €, lo cual era un precio bastante competitivo comparado con el avión. Sin embargo, tenía la pega de que había que realizar un viaje de más de siete horas tanto en la ida como en la vuelta, así que con alguna que otra duda nos decidimos por el avión, ya que además de ser una opción más cómoda nos permitía estar todo el miércoles en París, mientras que con el TGV tendríamos que salir al mediodía.

Así pues, el 11 de diciembre decidimos coger el vuelo de Air France, que al final costó 218.71 €, ya que había que pagar 7.5 € por persona por pagar con tarjeta, algo que me pareció una vergüenza, sobre todo que nos cobraran dicha cantidad por persona cuando hicimos una única compra. Pero lo que más rabia me daba era el precio que la propia Air France ponía a sus billetes. No lograba entender cómo un vuelo de Lufthansa que aterrizaba en el aeropuerto de Múnich y en el de París costaba un 30% menos que un vuelo de Air France que únicamente aterrizaba en el de París.

Intentaba consolarme con que al menos el horario de los vuelos era bastante bueno:
  • Salida el viernes 26 de abril a las 15:40, llegando al aeropuerto Charles de Gaulle a las 17:20.
  • Salida el miércoles 1 de mayo a las 20:30, llegando a Bilbao a las 22:05.
El horario de vuelo era fantástico, ya que salíamos a primera hora de la tarde, con lo que no tenía que cogerme el día de vacaciones y llegábamos a una hora prudente con la que incluso nos daría tiempo a dar un pequeño paseo por la ciudad, y por otra parte nos permitía poder disfrutar de la ciudad casi cinco días, puesto que disponíamos de prácticamente todo el miércoles para disfrutar de la ciudad. Así, el viaje de cuatro días se iba a convertir en uno de cinco días con el que, quien sabe, quizá podríamos sacar tiempo y conocer el palacio de Versalles, algo que en principio no teníamos pensado.

Hotel: ibis Paris Place D'italie 13ème
A pesar de que hacía semanas que teníamos los precios de los distintos hoteles de la cadena Accor, no fue hasta el domingo 25 de noviembre cuando reservamos el hotel ibis Paris Place D'italie 13ème, por 241.50 € en total, es decir, 24.15 € por persona y noche, un muy buen precio teniendo en cuenta lo caro que es París. Más adelante, contrataríamos el desayuno por 4.5 € por persona y día, lo que considerábamos un precio muy asequible para ser un bufet, y nos compensaba de sobra el precio que podríamos pagar en una cafetería.

Por otra parte, además del fantástico precio, lo bueno que tenía este hotel era que se encontraba cerca de una parada de metro relativamente importante, en la que confluían tres líneas, una de las cuales pasaba por Notre Dame y el Louvre mientras que otra pasaba por la torre Eiffel y el Arco del Triunfo, de forma que ahorraríamos una cantidad importante de tiempo en transbordos.

Como París es una ciudad enorme, tenía asumido que tendríamos que coger el metro numerosas veces y que
sería imposible encontrar un hotel al que se pudiera llegar a todas partes andando. Por eso, a diferencia de otras ciudades, no me importó tanto coger un hotel que no fuera muy céntrico y que no tuviera ningún monumento significativo cerca, ya que era imposible estar cerca de todos los monumentos.

En la siguiente imagen se puede ver un plano de París con la ubicación de algunos de los lugares más conocidos de París, como la torre Eiffel, el Arco del Triunfo, el museo del Louvre y Notre Dame, además de la ubicación del hotel. Como se puede ver en la escala, todos los monumentos se encuentran bastante alejados del hotel. No obstante, las tres líneas de metro que confluían cerca de nuestro hotel hacían que las distancias no fueran tan grandes.

Hotel de París; en rojo, torre Eiffel; en verde, Arco del Triunfo; en azul, Museo del Louvre; en amarillo, Notre Dame. Abajo a la izquierda, escala de 500 metro y 2000 pies.

Entradas torre Eiffel
Una vez reservados los billetes de avión, una de las primeras cosas que hicimos fue planear un posible itinerario para visitar París, con el objetivo de decidir cuanto antes cuándo queríamos subir a la torre Eiffel, ya que, como todo el mundo sabe, es uno de los monumentos más visitados del mundo, quizá el que más, y sabía que en caso de no tener reservadas las entradas con antelación, el tiempo que tendríamos que esperar en la cola sería enorme. Por ello, decidimos cuanto antes cuándo queríamos subir a la torre Eiffel para poder reservar lo antes posible las entradas.

En un principio, nos pareció que comenzar la visita a París subiendo a la torre Eiffel era una manera muy buena de empezar el viaje. Así, decidimos que el sábado 27 de abril empezaríamos el día en Trocadero, el sitio desde donde se sacan las mejores fotos de la torre Eiffel, y subiríamos a la torre a eso de las diez de la mañana. Sin embargo, cuando fuimos a reservar las entradas, observamos que todavía no podían reservarse para la fecha que deseábamos, por lo que no nos quedó otra que esperar, visitando la página de la torre Eiffel cada pocos días para ver cuándo podían sacarse entradas para el día que queríamos.

Parece ser que la cadencia a la que me metía fue demasiado baja, ya que cuando entré en la página el martes cinco de febrero observé que ya se podían reservar entradas para el 27 de abril, pero que prácticamente todas las horas de la mañana de dicho día estaban cogidas. Por la tarde, cuando me volví a meter en la página, también estaban cogidas prácticamente todas las horas de la mañana del domingo. Así pues, tuvimos que hacer un cambio improvisado de planes y decidimos reservar las entradas para la una del mediodía del domingo, tras pensar un posible itinerario en el que llegáramos a la torre Eiffel a dicha hora.

La página de la torre Eiffel permitía hacer dos tipos de reserva para subir en ascensor: reservar por 14 € una subida a la cima o por 8.5 € una subida hasta el segundo piso. Aunque nosotros queríamos subir hasta la cima, había leído en internet que era más aconsejable reservar solo hasta el segundo piso, ya que en caso de que el día que se hubiera reservado cerraran la torre por inclemencias meteorológicas no devolvían el dinero, y siempre era peor perder 14 € que 8.5 €. Además, con la reserva hasta el segundo piso, la cola para comprar la entrada del ascensor a la cima, que además costaba 5.5 €, por lo que no salía más caro, no era muy larga. Aunque estábamos decididos a reservar la subida solo hasta el segundo piso, teníamos alguna duda sobre qué sería mejor, por lo que agradecimos que el día que hicimos la reserva solo pudiéramos reservar hasta el segundo piso; así no teníamos que pensar.

Así pues, el cinco de febrero reservábamos la entrada para la torre Eiffel, a la una del mediodía del domingo, nuestro segundo día en París. Ahora tocaba volverse un poco loco para encajar un itinerario de forma que a medio día pasara por la torre Eiffel. Comenzaba lo divertido.

miércoles, 15 de mayo de 2013

París

Al igual que el año pasado, llega la primavera, y con ella no solo llega el buen tiempo, sino también las ganas de viajar. Por ello, al igual que hicimos el año pasado con la maravillosa escapada a Berlín, decidimos aprovechar el puente de mayo para hacer una escapada similar, de cuatro o cinco días a alguna ciudad europea. La elección del destino no supuso demasiadas dificultades: tras muchos viajes en el que descubríamos ciudades nuevas, era muy complicado encontrar un destino que no conociéramos ninguno de los dos, así que nos decidimos por volver a ver la que seguramente es la ciudad más visitada del mundo: París.

Aunque yo ya había estado en París, habían pasado casi catorce años desde aquel verano de 1999, por lo que apenas tenía muchos recuerdos de la ciudad, así que bien podía decirse que era casi mi primera vez que la iba a visitar. Lo mismo podría decir mi pareja, pues ya quedaba muy lejano aquel viaje de estudios de 2002. Por eso, aunque era una ciudad ya conocida por ambos, nos entusiasmamos muchísimo con este viaje, como si fuera la primera vez que íbamos a visitar dicha ciudad.

Una vez decidido el destino, aun nos quedaban muchos meses por delante para preparar el viaje. Monumentos tan conocidos como la torre Eiffel, Notre Dame, el Arco del Triunfo o el Sacré-Cœur y barrios tan típicos como Montparnasse y Montmartre nos esperaban. Os invito a recorrerlos con nosotros.