jueves, 20 de septiembre de 2012

Día de llegada, martes 17 de julio de 2012: Vilna, Fráncfort y vuelta a Bilbao

Como nuestro avión a Vilna sale a las 14:55, decidimos poner el despertador a las 7:30 para poder aprovechar al máximo la mañana. Tras haber visto corriendo gran parte de Vilna el día anterior, apenas nos quedan tres lugares por ver de la ciudad, por lo que no es necesario madrugar mucho más. Nos habría gustado poder disfrutar de la ciudad con más calma, pero los días eran los que eran, y no se podía hacer más.

Un precioso día para visitar la ciudad.
Irónicamente, el día que nos vamos es el que mejor tiempo hace: el sol brilla sobre Vilna. Tras desayunar en el restaurante del hotel, donde hemos hecho tres comidas en menos de veinte horas, nos dirigimos a la cercana catedral de Vilna, que estaba abierta desde las siete de la mañana. La verdad es que para la planificación de la visita a Vilna ha sido una suerte que muchas iglesias abrieran tan temprano.

Encontramos la catedral de Vilna bastante bonita, aunque algo más sobria que las iglesias que vimos el día anterior. Aun así, a pesar de no estar tan cargada de adornos, nos encanta, aunque personalmente me gusta más por fuera, con su impresionante estilo neoclásico, con ese blanco tan limpio y con el campanario separado de la iglesia. Para no desentonar con el resto de iglesias barrocas, tiene una pequeña capilla, la capilla de san Casimiro, muy cargada de adornos y que es una preciosidad.

Capilla de san Casimiro.

A las nueve menos cuarto, y tras haber pasado unos quince minutos en la catedral de Vilna, nos encontramos de nuevo en la calle. Nuestra siguiente parada es la universidad, donde se encuentra además la iglesia de San Juan, también llamada iglesia de los Santos Juanes. Tras pagar dieciséis litas, cinco litas por cada adulto y una lita por mi hermano, entramos minutos después de las nueve de la mañana, siendo los primeros turistas del lugar. Nada más entrar, nos dirigimos al patio donde encontramos la fachada de la iglesia de San Juan, que es una de las más conocidas de Vilna. Si bien la fachada es bonita, aunque me la esperaba algo más bonita, el interior es espectacular, impresionante. Como todas las iglesias que hemos visto en esta ciudad. La verdad es que las iglesias de Vilna son espectaculares, y solo por verlas está mereciendo el día escaso que le hemos dedicado a la ciudad.

Iglesia de san Juan.

Tras ver la iglesia de San Juan nos dirigimos a la librería, que se encuentra a apenas unos pocos metros de dicha iglesia. La verdad es que me decepciona un poco, porque esperaba una sala algo más grande, y no deja de ser una mezcla entre librería y tienda de souvenirs bastante pequeña. Sin embargo, quienes no traían una idea preconcebida de esta sala la encuentran espectacular.

Con la visita a la universidad damos por finalizada la visita al centro histórico de Vilna. Tras comprar pan en un centro comercial y hacer unos bocadillos en la habitación del hotel, minutos después de las once y cuarto cogemos el coche y nos dirigimos hacia lo último que nos queda por ver de Vilna, la iglesia de San Pedro y San Pablo, que se encuentra a poco más de un kilómetro del centro histórico de Vilna. El exterior de la iglesia no da pistas de lo que alberga: un interior espectacular. Pintado enteramente de blanco, su interior ultradecorado es impresionante, una belleza increíble, y sin duda la mejor forma posible de finalizar la visita a Vilna.

Iglesia de san Pedro y san Pablo.

Tras ver la iglesia, nos dirigimos hacia el aeropuerto. Teníamos pensado pasar en coche delante del palacio presidencial, pero incluso con Tom Tom nos perdemos, así que nos dirigimos hacia el aeropuerto, donde llegamos sobre las doce y cuarto. Tras dejar el coche en el parking de Hertz, que nos parece un poco tercermundista, entramos en el aeropuerto, donde rápidamente compruebo que hay wifi gratis. Parece mentira que lo que no hay en el aeropuerto Fránfort lo haya en Vilna. A las tres de la tarde, con apenas cinco minutos de retraso, salimos de Vilna, llegando a Fráncfort en el horario previsto, a las cuatro de la tarde hora alemana.

Visita exprés a Fráncfort.
Como en Fránfort teníamos una escala de casi cinco horas, el mismo día que nos fuimos de vacaciones decidimos que íbamos a realizar una escapada de dos horas para conocer la ciudad, aprovechando que el aeropuerto se encuentra a menos de quince kilómetros de ella. Así, tras pagar veinticinco euros, a las cinco  menos veinte el taxi nos deja a apenas unos metros del Römerberg, la plaza más conocida de la capital financiera de Europa. Es pequeñita pero muy coqueta y muy bonita, y sin duda la mejor forma de comenzar a visitar la ciudad. Tras verla se hace más fuerte mi idea de hacer un viaje por Alemania en un futuro.

Tras hacer una gran sesión de fotos en Römerberg, nos dirigimos hacia el cercano puente de hierro, desde donde se ven unas preciosas vistas de la ciudad, en especial de los rascacielos que habíamos podido ver minutos antes cuando el taxi nos llevaba a Römerberg. Tras el puente de hierro nos dirigimos hacia la cercana catedral, donde entramos. Me parece bastante sencilla por dentro y no me gusta demasiado. Aunque tampoco quiero ser injusto, porque tras haber estado una tarde y una mañana viendo iglesias en Vilna, ¿cómo no me va a parecer simple una iglesia por dentro? Eso sí, por fuera no me disgusta en absoluto, a pesar de las obras que la rodean, ya que en los últimos días no había visto iglesias tan grandes como la catedral de Fráncfort. Como curiosidad, me sorprende que en la taquilla para subir a la torre haya un cartel que diga que cada uno sube bajo su propia responsabilidad.

Römerberg.

Por último, damos un paseo por la ciudad hasta llegar al centro financiero, con sus enormes rascacielos y toda la modernidad que no había visto cuando el taxi nos llevaba a la ciudad. Y es que todo lo que vi entre el aeropuerto y la ciudad, las señales, taxis y demás, me pareció muy antiguo, muy ochentero. Tras ver el edifico del Commerzbank, uno de los mayores rascacielos de Europa, nos dirigimos hacia la sede del Banco Central Europeo, que tantos quebraderos de cabeza nos está dando últimamente. Tras unas cuantas fotos al lado de gente acampada frente a la sede del BCE, nos dirigimos de nuevo hacia el Römerberg, donde minutos antes de las seis y cuarto cogemos un taxi que, tras pagar esta vez veintisiete euros, nos deja en el aeropuerto a las seis y media, dando de esta forma por finalizado estas vacaciones. Sin mucho contratiempo, el avión despega a las nueve y diez de la noche, aterrizando en el aeropuerto de Bilbao minutos después de las once de la noche.

Sede del Banco Central Europeo.

Gastos del día.
Como comemos un bocadillo en el aeropuerto, los gastos del día se tienen únicamente en las entradas a los diversos monumentos, así como en el taxi de ida y vuelta a Fráncfort. Los gastos fueron los siguientes:
  • Taxi: 52 €
  • Turismo: 170.23 litas
  • Varios: 17.90 litas
  • Total: Unos 101.27 €, unos 25.32 € por persona.

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