viernes, 20 de abril de 2012

Día 3, viernes 6 de abril de 2012: Convento de Novodevichy, Universidad, Zamoskvoreche y Centro Panruso de Exposiciones

Al igual que el día anterior, ponemos el despertador a las 8:15 de la mañana, hora que consideramos suficiente para ver todo lo que queríamos ver en el día. Al mirar por la ventana vemos que el día es precioso, similar al del miércoles, ya que apenas se ven nubes en el cielo. Tardamos un poco en prepararnos ya que por primera vez encontramos cola para el baño. Y es que el que solo haya un baño para tres habitaciones tiene sus problemas de vez en cuando. Aun así, salimos del hostal solo un poquito más tarde de lo previsto, a las nueve y media. A pesar de eso, para no perder tiempo, compramos algo para desayunar en una tienda y nos lo comemos mientras vamos hacia el metro, ya que nos quedan varias cosillas por visitar durante la mañana y además hay que coger el metro para ir a muchas de ellas, y no sabemos cuánto tiempo podemos tardar en verlo todo.

El plan para el día de hoy consiste en ver el convento de Novodevichy y el edificio de la Universidad, que se encuentran alejados del centro de la capital, así como el barrio de Zamoskvoreche, lo último que nos quedaba por ver del centro de Moscú y al que no creía que le dedicáramos más de dos horas, máxime cuando no íbamos a entrar en la Galería Tretiakov, el mayor museo de arte ruso del mundo. Todo eso queríamos verlo por la mañana, ya que a las cuatro de la tarde queríamos realizar la visita al interior del teatro Bolhsói.

Así pues, no tenemos tiempo que perder.

Convento de Novodevichy:
Nuestra primera para es el convento de Novodevichy, uno de los lugares turísticos más importantes de Moscú, seguramente el de mayor visita obligada tras el Kremlin y la Plaza Roja. No tardamos mucho en llegar, y nos presentamos en él a las diez y cuarto de la mañana. Lo encontramos muy bonito a pesar de que está completamente nevado. En eso tenemos gustos diferentes: a un amigo le gusta el toque de la nieve mientras que yo lo habría preferido sin nieve. Aun así, el tiempo nos sigue acompañando y apenas se ven nubes en el cielo, lo que hace que aun con nieve me parezca muy bonito. En el convento vuelvo a tener la sensación de que Moscú no es una ciudad que sepa sacarle partido al turismo, ya que podemos entrar y pasear por él sin pagar ni un solo rublo, algo impensable en muchas ciudades europeas. Pero bueno, mejor para el turista, no me voy a quejar porque me dejen entrar gratis.

Catedral de la virgen de Smolensk, en el convento de Novodevichy.

Lo encuentro bastante bonito y su iglesia principal, la catedral de la virgen de Smolensk, me recuerda ligeramente a las iglesias del Kremlin, que me habían encantado. El resto de iglesias, como la iglesia de la Intercesión o la iglesia de la Transfiguración, así como el campanario, las encuentro muy bonitas, con esas paredes de color rojo tan característico. Y es que si algo me ha gustado de Rusia han sido sus iglesias, tanto las de paredes blancas con cúpulas doradas y relucientes, como otras como la catedral de San Basilio, solo por fuera, o la iglesia de la Transfiguración, muy llamativas y vistosas.

Tras pasear por el interior del convento, lo rodeamos por fuera viendo el famoso lago de los cisnes, lago en el que se inspiró Tchaikovsky para su famosa obra y que encontramos completamente nevado. Había oído que era muy decepcionante el lago, y nevado como estaba ni te enteras que hay un lago si no lo sabes. Aun así, hace ilusión ver el famoso lago de los cisnes. Tras las fotos de rigor, y sin entrar en el cementerio de Novodevichy, ya que pensamos que sería una pérdida de tiempo si no encontrábamos las famosas tumbas de escritores como Gógol o Chéjov o políticos como Boris Yeltsin o Nikita Jrushchov, por lo que sería una pérdida de tiempo, nos dirigimos hacia el edificio de la Universidad, el más famoso de las Siete Hermanas de Stalin, una serie de siete rascacielos muy similares entre ellos y que Stalin  mandó construir durante su mandato, y que algunos rusos llaman los Siete Cojones de Stalin.

Lago de los cisnes.

Universidad: Bonito, pero mejor dejarlo para el final.
No tardamos mucho en llegar, ya que se encuentra a apenas dos paradas de metro de la parada del convento de Novodevichy. Así, a las once y media de la mañana salimos de la estación de metro más cercana al edificio de la Universidad. Nos vamos acercando al edificio, que se ve nada más salir de la parada de metro. Ingenuamente intentamos entrar en él, pero nos lo impide un policía, por lo que nos conformamos con dar un paseo por los alrededores, alejándonos lo suficiente para tomar la típica foto.

Edificio de la Universidad.

La verdad es que no me ha parecido un edificio feo, incluso me atrevería a considerarlo bonito comparándolo con el resto de hermanas que he visto, aunque solo las haya visto desde la lejanía. Aun así, solo me acercaría a la Universidad cuando hubiera visto todo lo importante de Moscú, dejándolo para los últimos días.

Zamoskvoreche: Finalizando con el centro de Moscú.
Del centro de Moscú ya solo nos quedaba por ver el barrio de Zamoskvoreche, barrio situado al sur del río Moscova y en el que únicamente íbamos a pasear por su calle principal viendo las iglesias que se agrupaban a su alrededor, ya que no teníamos previsto entrar en la Galería Tretiakov, el mayor museo de arte ruso del mundo.

Tras bajarnos, quince minutos antes de la una, en la parada de Dobryninskaya, recorremos la calle Bolshaya Ordynka viendo las distintas iglesias que se agrupan en esa calle, como la iglesia de San Nicolás de Pizzi o el convento de Santa Marta y Santa María. Al llegar al final de la calle vemos, sorprendentemente, pues lo que habíamos recorrido de calle estaba bastante muerto, que hay numerosos restaurantes, por lo que decidimos quedarnos a comer ahí. A pesar de ver un My My, parece que hay uno en cada barrio, decidimos no comer otra vez en esa cadena, para que no se diga que no tenemos variedad.

No obstante, antes de comer, decidimos dar una vuelta por la zona para ver las últimas iglesias que nos quedan por ver. Así, vemos la iglesia de la Consolación de Todas las Penas, con sus inconfundibles paredes amarillas, la iglesia de San Clemente, que encontramos sencillamente espectacular, y la iglesia más famosa del barrio, la iglesia de la Resurrección de Kadarshi, que nos defrauda porque encontramos viejas y poco conservada.


Iglesia de San Clemente.

Lo que más me gusta de la iglesia de San Clemente es que parece que está recién pintada. Como he comentado, muchas de las iglesias de Moscú son una explosión de colores, lo que hace que sean espectaculares cuando están limpias, como en el caso de la iglesia de San Clemente, que parece recién pintada, pero muy deterioradas cuando están sucias, como ocurre con la iglesia de la Resurrección de Kadarshi.

Tras dar por concluida la visita al barrio de Zamoskvoreche, comemos en uno de los restaurantes que se encuentran alrededor de la iglesia de San Clemente, haciéndolo por primera vez en uno que no fuera el My My, que por cierto se ve a la derecha de la foto anterior. Y al igual que el resto de días, la cuenta salió relativamente barata. Es verdad que me quedé con un poco de hambre, ya que el risotto que comí fue un poco escaso, pero aun así encontré que también este restaurante era bastante barato.

Teatro Bolshói: No pudo ser.
Tras comer, decidimos ir al famoso teatro Bolshói, donde teníamos pensado realizar una visita guiada por su interior. Según nos habían dicho en la taquilla el día anterior, la visita comenzaba a las cuatro de la tarde. Así, nos presentamos a las cuatro menos cinco y vemos unas cuantas personas arremolinadas cerca de la taquilla, personas que suponíamos que habrían cogido su entrada. Cuando vamos a sacar la nuestra, la empleada nos dice, con no muy buenas formas, que es imposible visitar el teatro ese día, que habría que esperar al lunes. No sé si es que hay un número determinado de entradas diarias o qué, pero nos quedamos sin ver el teatro Bolshói. Me dio bastante pena porque tenía la sensación de que me iba a gustar mucho, pero bueno, como al ir a Moscú no entraba en mis planes verlo puesto que estaba prácticamente seguro que no se podían realizar visitas al Bolshói, pues no fue demasiado traumático no poder entrar.

Estatua de Karl Marx, enfrente del teatro Bolshói.

Centro Panruso de Exposiciones: un viaje al pasado.
Son las cuatro de la tarde, así que había que improvisar dónde ir. Mis dos amigos tenían muchas ganas de ver el Centro Panruso de Exposiciones, que se encuentra a unos diez kilómetros al norte de Moscú, así que cogimos el metro y nos dirigimos allí, llegando media hora después.

Es un lugar curioso, donde los nostálgicos de la época comunista pueden rememorar aquellos años viendo algunos monumentos que evocan la vida soviética, representan los ideales comunistas o recuerdan momentos como la carrera espacial, como el Monumento a los Conquistadores del Espacio o la famosa estatua Trabajador y obrera agrícola.


Bajorrelieve del Monumento a los Conquistadores del Espacio.


Trabajador y obrera agrícola.

El Centro Panruso de Exposiciones ocupa una amplia superficie en la cual se puede pasear admirando sus jardines y fuentes, una pena que las fuentes estén apagadas al ser casi invierno, y contemplando los distintos pabellones representativos de cada una de las quince repúblicas que formaban la Unión Soviética. La verdad que es un sitio muy curioso, y en verano debe ser mucho más alegrre que en invierno, pero aun así, y al igual que el edificio de la Universidad, lo dejaría para el final. Eso sí, me ha parecido mucho más interesante este lugar que el edificio de la Univeridad.

Finalmente, tras dar un amplio paseo por la zona, a las seis menos diez decidimos volver al hostal, a donde llegamos cincuenta minutos después, con un considerable dolor de pies tras haber andado tantísimo durante el frío día.

Propaganda: Conociendo la noche moscovita.
Como era viernes y ya habíamos visto prácticamente todo lo que había que ver en Moscú decidimos darnos un descanso y salir a conocer la noche moscovita. El día anterior le habíamos preguntado al dueño del hostal qué locales nos recomendaba, y el no dudó en señalarnos Propaganda, que se encontraba a cinco minutos del hostal, yendo hacia la Plaza Roja. Como vemos que viene recomendado en la guía Top 10 de Moscú de Eyewitness, la versión inglesa de las guías de El País Aguilar, y como en la página web vemos que se podía cenar de forma asequible, pues aparecía la carta con los precios, nos dirigimos hacia allí.

Cuando llegamos, el local está lleno de gente, por lo que esperamos a que se libre alguna mesa tomando una cerveza. Las mesas donde se cenan están en la misma pista de baile, y a partir de cierta hora se quitan y se pone la música. Al igual que el resto de días, la cena resuelta barata, menos de veinte euros cada uno por dos platos para compartir entre los tres y un segundo plato para cada uno, cerveza, repitiendo incluso, en vez de agua en la bebida, y un postre enorme y exquisito para cada uno. Yo me pido de postre un tiramisú delicioso y un amigo una tarta casera de fresas con una pinta excelente.

Una vez retiradas las mesas de la pista de baile, estamos hasta la una escuchando la música y tomando dos cubatas de vodka-naranja cada uno. Y aquí nos viene la sorpresa de la noche: es verdad que los cubatas eran quizá un poco más pequeños que los que acostumbro a tomar en Bilbao y que quizá no están muy cargados, pero 3.6 € cada cubata, 140 rublos, estando a diez minutos de la Plaza Roja en un local que incluso aparece recomendado en las guías me pareció sorprendente. La verdad es que no sé dónde se mete la gente cuando va a Moscú, porque salvo la entrada al Kremlin, nada me ha parecido caro; incluso me ha sorprendido la ciudad por lo barata que era.

Gastos del día
Los gastos en comida del día fueron ligeramente menores que los de los días anteriores. Es verdad que desayunamos un poco peor, cogiendo un bollo de un puesto en un subterráneo, pero también cenamos mejor que otros días, mereciendo eso sí mucho la pena. Aparte de la comida, compramos dos bonos de 10 viajes para los viajes en metro, ya que ese día nos desplazamos bastante en metro, y el resto se fue en las copas que tomamos antes y después de cenar. Sobre todo, se notó sobre todo que no tuvimos que pagar por entrar en ningún sitio turístico.

  • Comida: 1221.67 rublos
  • Transporte: 176.67 rublos
  • Copas: 423.33 rublos
  • Total: 1821.67 rublos, 47.07 € al cambio del día anterior.

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jueves, 19 de abril de 2012

Día 2, jueves 5 de abril de 2012: Mausoleo de Lenin, catedral de San Basilio, Tverskaya, Arbatskaya y el metro.


Para nuestro segundo día en Moscú ponemos el despertador un poco más tarde que el día anterior, a las ocho y cuarto de la mañana, ya que esta vez tenemos controlada la distancia a la Plaza Roja. Además, nuestros primeros destinos de la mañana son el mausoleo de Lenin, que no abre hasta las diez, y la catedral de San Basilio, que no abre hasta las once. El tiempo era el esperado, ya que se preveía que este fuera el peor día de los cuatro que íbamos a estar en Moscú. Así, vemos el cielo completamente encapotado, pero al menos ni llueve ni nieva. Nos consuela que vamos a tener la grandísima suerte de poder ver la Plaza Roja con nieve tras verla el día anterior sin nieve, algo que supongo que no muchos turistas pueden decir, porque o la ven con nieve o la ven sin nieve.

Torre del Salvador, sin nieve, miércoles 4 de abril.

Torre del Salvador, con nieve, jueves 5 de abril.

La verdad es que ha sido muy curioso poder contemplar sobre todo la catedral de San Basilio sin nieve un día y otro día con una pequeña capa de nieve cubriendo sus bulbos.

Mausoleo de Lenin: algo único en el mundo.
A las diez y veinte, un poco más tarde de lo esperado, entramos en el mausoleo de Lenin, donde no vemos ni rastro de las monumentales colas que parece que se deben formar en verano. Alguna ventaja tenía que tener viajar con tanto frío. Y es que, sobre todo los primeros días, apenas hemos visto turistas. Aun así, la visita al mausoleo dura menos de treinta segundos viendo a Lenin, bajo la atenta mirada de varios guardias de seguridad. La visita al mausoleo me pareció algo muy curioso y eso fue lo que me gustó, que al igual que la Cisterna Basílica de Estambul o el cementerio judío de Praga es algo único, exclusivo de esa ciudad. Como nos esperamos, está lleno de guardias que custodian no solo el cuerpo de Lenin, sino que vigilan todos y cada uno de los movimientos que hacemos, incluso desde antes de entrar al mausoleo.

Mausoleo de Lenin.

La verdad es que me impresionó ver el cuerpo de Lenin, tan pequeñito, en esa urna iluminada, a apenas dos metros de nosotros. Cuando vi a Lenin tuve sensaciones contrapuestas. Por un lado me impresionó ver tan cerca el cuerpo tan bien conservado de una figura histórica. Ver a uno de los personajes más importantes de los últimos dos siglos no es algo que se haga todos los días. Sin embargo, por mucho que se niegue desde instancias oficiales, siempre te queda la duda de si será el verdadero cuerpo o es una copia de cera o algo similar. Aun así, yo prefiero pensar que he visto el cuerpo verdadero, y que he tenido a apenas dos metros el cuerpo de una persona que, para bien o para mal, según cada uno, ha sido de las más influyentes del siglo XX.

Catedral de San Basilio: mucho más bonita por fuera.
Tras salir del mausoleo de Lenin tenemos que hacer algo de tiempo ya que las entradas para la catedral de San Basilio no se venden hasta las once de la mañana. La verdad es que nos está bien empleado por no haber mirado mejor los horarios el día anterior. De esta forma, hacemos algo de tiempo sacando algunas fotos y entrando a los almacenes GUM, donde se está muy calentito.

Plaza Roja, con los almacenes GUM a la izquierda, el Mausoleo de Lenin y las murallas del Kremlin a la derecha y la catedral de San Basilio al fondo.

Finalmente, a las once de la mañana entramos en la catedral de San Basilio. Como me esperaba, no me impresiona demasiado, ya que sobre todo es un museo, como las iglesias del Kremlin. Además, a diferencia de las iglesias del Kremlin, me parece que no está tan bien conservada, ya que cuando ves los frescos, las pinturas en las paredes, que son muy coloridas, a mí al menos me dio la sensación de que estaba un poco viejo, dejado. Sin duda alguna, me gustó mucho más la catedral de San Basilio por fuera.

Tverskaya y Arbatskaya: solo me gusta la catedral de Cristo Salvador.
Una vez visto el mausoleo de Lenin y la catedral de San Basilio, nuestra siguiente parada es el barrio de Tverskaya. Tras cambiar un poco de dinero en la misma casa de cambio que el día anterior, curiosamente al mismo cambio que el día anterior, nos dirigimos hacia el teatro Bolshói, sede de la compañía de ballet más famosa del mundo. La fachada del teatro es neoclásica, y a primera vista no me impresiona en absoluto, pero según nos vamos acercando se me va haciendo cada vez más impresionante y bonito.

Teatro Bolshói.

Había oído que no se podía visitar por dentro, pero aun así entramos por si suena la flauta. Y parece que sí, ya que nos dicen en taquilla que al día siguiente a las cuatro de la tarde podríamos realizar una visita al interior del teatro.

Así pues, salgo del teatro muy contento y nos encaminamos a conocer los alrededores de la avenida Tverskaya. Tras ver la Casa de los Sindicatos, que me gusta bastante menos de lo esperado, recorremos la avenida Tverskaya hasta llegar a la Plaza Pushkin, a donde llegamos a la una menos veinte. En esa ese momento variamos el rumbo y continuamos por un nevado boulevard de Tverskoy, hasta llegar a la famosa Casa de la Amistad, cercana al inicio de la calle Arbat, la famosa calle peatonal de tiendas, corazón de la zona de Arbatskaya.

Tverskoy bul'var completamente nevado.

Una vez en la Casa de la Amistad decidimos, en vez de recorrer la calle Arbat, dirigirnos hacia la catedral de Cristo Salvador, también llamada catedral de Cristo Redentor, ya que lo importante de la calle Arbat se encontraba en el otro extremo, y preferíamos ir a la iglesia en ese momento, no siendo que por la tarde estuviera cerrada. Así, y tras ver la imponente Casa Pashkov, nos dirigimos hacia la catedral, lugar que no esperaba que me encantara demasiado debido a que había sido construida hacía apenas quince años.

Catedral de Cristo Salvador.

Sin embargo, cuando entramos me quedo gratamente sorprendido, ya que la encuentro impresionantemente bonita. Salvando las distancias, me recuerda por dentro a la basílica de San Esteban de Budapest, aunque esta última es mucho más bonita por dentro. La verdad es que podría decirse que esta iglesia ha sido de las cosas que más me han gustado de Moscú.

Además, me gusta que es más iglesia que las del Kremlin, en el sentido de que se ven fieles rezando o poniendo velas a los distintos santos. Con mucha pena debemos irnos y continuar conociendo Moscú. Dejo atrás una iglesia impresionante.

Catedral de Cristo Salvador.

Tras ver la catedral de Cristo Salvador continuamos paseando a lo largo del río Moscova, hasta llegar al novedoso y horrible, según casi todo el mundo y casi todas las guías, monumento a Pedro el Grande. La verdad es que es bastante curioso, es una estatua enorme en la que se ve a Pedro el Grande, enamorado del mar, a bordo de un barco que no guarda proporción con el tamaño de la persona. La escultura es de un color negro, por lo que tengo que admitir que, si bien tampoco me ha parecido muy horrible, no me ha gustado.

Monumento a Pedro el Grande.

Nuestro siguiente destino es la calle Arbat, a donde llegamos fácilmente dirigiéndonos hacia el Ministerio de Asuntos Exteriores, una de las Siete Hermanas de Stalin y que se encuentra en uno de los extremos de la calle Arbat, a donde llegamos a las dos y media.

Inmediatamente nos damos cuenta que es una calle muy llena de vida, con numerosos restaurantes, algunos tan conocidos como el Hard Rock, así como numerosas tiendas. Sin embargo, y al igual que con Tverskaya, no le encontramos gran atractivo, y menos estando sucia como estaba debido a la nieve. Debido a que la importancia turística de esta zona reside en la gran cantidad de casas-museo que hay, casa-museo Beli, casa-museo Pushkin... lugares en los que no vamos a entrar, apenas la recorremos durante unos minutos buscando algún restaurante. Finalmente, al igual que el día anterior, decidimos comer en un My My que se encuentra al comienzo de la calle Arbat.

Metro de Moscú: unas estaciones maravillosas.
A las cuatro de la tarde, y tras terminar de comer, decidimos que vamos a dedicar la tarde en conocer algunas de las famosas estaciones del metro de Moscú, aprovechando que hace bastante frío y está todo nublado. Así, y tras comprar cada uno por 400 rublos un típico gorro ruso en una tienda de Arbat, nos dirigimos hacia la estación de Smolenskaya, donde comenzará nuestro trayecto por el metro de Moscú.

Nuestra primera estación famosa es la estación de Kievskaya, que había leído que era de las más bonitas, y definitivamente tengo que decir que es espectacular. Creo que me ha gustado incluso más que la de Komsomólskaya, que quizá es la más famosa. Además de esas dos, conocemos entre otras la estación de Mayakovskaya, muy sobria para mi gusto, y la de Ploshchad Revolyutsii, famosa por sus numerosas estatuas. Así, durante dos horas hacemos una ruta por el metro de Moscú, conociendo las estaciones más famosas, que por lo general se agrupan en la línea circular (línea 5, marrón), y en la línea 2, verde.

Estación de Novoslobodskaya.

Estación de Komsomólskaya.

A las seis de la tarde llegamos a la Plaza Roja, y tras la segunda sesión de fotos del día, volvemos al hostal a descansar, a donde llegamos a las seis y media. Tras descansar un poco, pero sin dormir como el día anterior, salimos a cenar por los alrededores del hostal. A las once menos cuarto, y una vez cenados, llegamos al hostal, donde veríamos el partido que enfrentaba al Athletic Club y el Schalke 04. A la una de la mañana, una vez acabado el partido, y con la alegría de haber llegado a semifinales 35 años después, caemos rendidos en la cama.

Catedral de San Basilio, con el monumento a Minim y Pozharki en primer plano.

Gastos del día
Los gastos del día fueron similares a los del día anterior, ya que si bien los gastos en lugares turísticos fueron menores, hay que recordar que el Kremlin fue muy caro, compramos unos típicos gorros rusos en la calle de souvenirs más famosa de la ciudad y compramos un bono de diez viajes para el metro. Por otro lado, el precio gastado en comida fue muy similar al del día anterior.

  • Comida: 1483.33 rublos
  • Visita catedral de San Basilio: 290 rublos
  • Transporte: 88.33 rublos
  • Souvenirs: 433.33 rublos
  • Varios: 71.33 rublos
  • Total: 2366.33 rublos, 61.15 € al cambio de ese día.

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miércoles, 18 de abril de 2012

Día 1, miércoles 4 de abril de 2012: Kremlin y Plaza Roja

Comienza nuestro primer día en Moscú, así que ponemos el despertador a las ocho de la mañana, y a las nueve menos diez ya estamos en la calle. En el cielo apenas se vislumbra nube alguna, por lo que se puede decir que de momento el tiempo nos acompaña, siendo mejor de lo esperado en un principio.

Primer paseo por la Plaza Roja.
Nuestro primer objetivo del día es cambiar euros por rublos, algo que no conseguimos hasta pasadas las nueve y media de la mañana. Mientras buscamos una casa de cambio llegamos, minutos antes de las nueve y cuarto, a la Plaza Roja, que contemplamos sin apenas turistas. La verdad es que es una gozada contemplar la Plaza Roja sin turistas y sin ninguna nube en el cielo. Pasear por la Plaza Roja, con buen tiempo y sin turistas, ha sido desde luego el momento más emocionante del viaje y uno de los más bonitos de mi vida como turista.

Plaza Roja, con el museo de Historia al fondo y el mausoleo de Lenin junto con las murallas del Kremlin a la izquierda.

Tras las fotos de rigor con la catedral de San Basilio y el museo de Historia, continuamos en nuestra búsqueda de una casa de cambio. Al final, sobre las nueve y media de la mañana conseguimos cambiar dinero con una conversión de 38.70 rublos por cada euro.


Jardines de Alejandro, a la entrada del Kremlin, completamente nevados, a pesar del buen tiempo que hacía.

Kremlin: un museo curioso y unas iglesias únicas.
Tras desayunar en una cafetería en la calle Tverskaya, nos dirigimos al Kremlin, con el objetivo de conocer este archiconocido lugar de Moscú. Tras pagar la desorbitante cantidad de 1050 rublos, 700 rublos por la Armería y 350 por las iglesias-museo del Kremlin, después de haber pagado 40 rublos por guardar la mochila en consigna, entramos en el Kremlin. Iniciamos nuestra visita en la Armería, un museo donde podemos contemplar parte de la riqueza acumulada por los zares, destacando los huevos de Fabergé. Además, se puede contemplar una sala con vestidos típicos de los zares que personalmente no me llaman mucho, y que me recuerdan a los que vimos en el palacio de Topkapi, y una sala llena de carrozas antiguas que impresionan por su belleza. La verdad es que las carrozas eran espectaculares, de lo mejor que he visto en Moscú. En la Armería pasamos más de una hora, ya que seguimos con atención las explicaciones en castellano de la audioguía, algo sorprendente en mí, ya que no lo suelo hacer.

Gran Palacio del Kremlin.

Minutos después de las doce salimos de la Armería y nos dirigimos hacia la Plaza de la Catedral, para ver las distintas iglesias-museos que hay. Así, entramos entre otras en la catedral de la Asunción, la catedral de la Anunciación o el campanario de Iván el Grande. Además, vemos la campana del zar y el cañón del zar, que son, respectivamente, la campana y el cañón más grandes del mundo. Todo ello sin ninguna nube en el cielo, lo cual es muy de agradecer.

Catedral de la Asunción y catedral de la Anunciación.

Dentro de las iglesias nos parece muy curioso que no se vean bancos para que se sienten los fieles, pero parece ser que así son la mayoría de iglesias ortodoxas. Por otra parte, las iglesias son más pequeñas que las que nos tienen acostumbradas las ciudades europeas. Aun así, las encontramos excesivamente bonitas, ya que se ve que están muy bien cuidadas: por fuera están muy limpias, difícil con esas paredes tan blancas, y con los bulbos muy relucientes, mientras que por dentro los frescos parecen recién pintados. Así, esta zona ha sido sin duda uno de los lugares que más me han gustado de Moscú.

Cañón del zar, el cañón más grande del mundo.

Finalmente, a las dos de la tarde salimos del Kremlin en busca de un sitio para comer. Nuestra primera opción es un restaurante de la cadena My My que se encuentra cerca del edificio de la KGB. Había leído que era una cadena de restaurantes relativamente barata donde podías comer bien y, donde realizabas un circuito señalando los primeros platos, segundos platos y el postre que querías, por lo que al menos sabías qué ibas a comer.

Edificio de la KGB, hoy sede del FSB, Servicio Federal de Seguridad.

Tras pasar un rato buscándolo, por fin lo encontramos y comemos ahí. Comemos bastante bien, lo suficiente para reponer fuerzas, y todo por apenas 12 €, lo que está muy bien. Tras comer y reposar un rato, salimos minutos antes de las cuatro en dirección a la Plaza Roja, con el objetivo de ver por dentro la catedral de San Basilio, que cierra a las cinco. Como tenemos mucho tiempo, vamos tranquilos e incluso hacemos sesión de fotos en la Plaza Roja. Sin embargo, cuando llegamos a la catedral de San Basilio, a las cuatro y media, vemos que las entradas se venden hasta cuarenta y cinco minutos antes del cierre, por lo que no podemos entrar ese día. Un pequeño error de planificación que nos obliga a improvisar. Al menos, y como se puede ver, el día nos ha ido acompañando y apenas hemos visto nube alguna en el cielo.

Catedral de San Basilio.

Al no poder ver la catedral de San Basilio decidimos recorrer los alrededores de la Plaza Roja. Así, recorremos la calle Varvarka observando sus iglesias y buscamos sin éxito la iglesia de la Trinidad de Nikitniki, ya que la calle en la que se supone que debería estar estaba cortada a los peatones debido a que había algún edifico policial o ministerial. La verdad es que esa zona de los alrededores de la Plaza Roja, al igual que otros barrios de Moscú, no me ha llamado en absoluto.

Así pues, tras conocer los alrededores de la Plaza Roja decidimos finalizar el día con una visita a los almacenes GUM, que ocupan uno de los lados de la Plaza Roja, y que son el símbolo de la entrada del capitalismo en Rusia. No deja de ser curioso que, en plena Plaza Roja, antiguo bastión del comunismo, haya unos almacenes de lujo que sean la propia esencia del capitalismo.

Exterior de los almacenes GUM.

La verdad es que los almacenes por dentro son muy bonitos, con sus calles, fuentes, árboles... y merece la pena pasear un rato por ellos. Creo que hicimos bien al dejarlo para el final del día, cuando menos luz hay, ya que los puedes ver igual de bien a última hora del día, mientras que otras cosas no. Tras pasear un rato por los almacenes, damos por finalizado el primer día en Moscú y nos dirigimos hacia el hostal a descansar un rato, a donde llegamos a las cinco y media.

Interior de los almacenes GUM.

Cena y última sesión de fotos
Al llegar al hostal echamos una siesta de dos horas, despertándonos sobre las ocho de la tarde. Y es que tenemos mucho cansancio acumulado del día anterior: habíamos estado muchas horas despiertos, y tras dormir apenas siete horas habíamos andado sin parar durante horas. Así, tras cenar en un restaurante que se encuentra cerca del hostal, y que encontramos igual de barato que el My My, nos dirigimos hacia la Plaza Roja, a donde llegamos a las diez y veinte, para hacer la primera sesión de fotos nocturnas. Como habíamos supuesto, la Plaza Roja de noche es preciosa, con la catedral de San Basilio iluminada coronándola. Así pues, la sesión de fotos no se hace esperar. Tras más de media hora haciendo fotos, minutos antes de las once nos dirigimos hacia el hostal, a donde llegamos a las once y cuarto. El primer día de visita en Moscú ha terminado.

Plaza Roja de noche, con la Torre del Salvador a la derecha.

Gastos del día
El día de hoy apenas ha tenido de excepcional la vista al Kremlin, que ha sido excesivamente cara para mi gusto, 1050 rublos, o lo que es lo mismo, casi 30 €. Aparte de eso, los únicos gastos del día han sido prácticamente en las comidas, constatando que la ciudad es más barata de lo que pensábamos, pues comida y cena nos ha salido por 12 € cada una a cada uno de nosotros.

  • Visita Kremlin: 1090 rublos
  • Comida: 1086.83 rublos
  • Varios: 16.67 rublos
  • Total: 2193.50 rublos, 56.68 € al cambio de ese día.

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martes, 17 de abril de 2012

Día de llegada, martes 3 de abril de 2012: Huelga de controladores

Por fin llega el día en el que comienza el primer viaje largo del año: Moscú. Desde luego, no imaginábamos que el primer día de vacaciones iba a ser tan accidentado.

Huelga de controladores aéreos franceses.
Como el avión salía a las 6:45 (nos habían avisado unas semanas antes de que el vuelo se adelantaba cinco minutos), pongo el despertador dos horas antes, y a las seis menos cuarto me encuentro con mis dos amigos en el aeropuerto. Cuando nos dirigimos al mostrador de facturación de Brussels Airlines, "¡¡qué suerte, está vacío!!", pensaba, nos dicen que tenemos que ir a otro mostrador, lleno de gente, ya que hay una huelga de controladores aéreos en Francia y nuestro avión no puede despegar. La verdad es que tras la mala suerte que había tenido con los precios de los vuelos para Moscú y Berlín, mi siguiente destino, pensaba que ya nada podría ser peor, pero estaba visto que me equivoqué.

Así, nos dirigimos al mostrador en cuestión y mientras esperamos vemos cómo despega nuestro vuelo a Bruselas. Estupefactos, preguntamos a una empleada de Brussels Airlines por qué no hemos ido con el avión, respondiéndonos que como este ha despegado tarde no nos daba tiempo a coger el enlace a Moscú. Incluso nos llaman por megafonía para que embarquemos, bueno, a mí no, solo a mis dos amigos, parece ser que se olvidaron de mí... Fue bastante curioso, además no sabía que te podían llamar por megafonía si no habías embarcado las maletas.

Finalmente, tras más de dos horas de espera, a las ocho nos dan una solución para nuestro vuelo de ida: ahora volaríamos con Lufthansa; nuestro primer vuelo saldría de Bilbao a las 14:25 y llegaría a Fráncfort a las 16:35, y poco más de una hora después, a las 17:40, despegaría un segundo avión dirección Moscú, donde llegaría a las 22:50 hora rusa, siete horas después de lo previsto. Al menos esa tarde no teníamos previsto más que tomar un pequeño contacto con la ciudad y cenar.

Así que sin quejarme mucho e intentando pensar que habría gente en peor situación que nosotros (veo a una pobre chica que llora de forma tan desconsolada que me hace pensar que si se hiciera un diccionario de imágenes seguramente su cara aparecería junto a la palabra "desesperación") nos volvemos a Bilbao, ya que quedan todavía más de seis horas para que salga el vuelo, y no tenía sentido estar esperando en el aeropuerto.

Llegada de nuevo a Loiu.
Tras matar la mañana, regresamos otra vez al aeropuerto de Loiu. Cuando llego, veo en las pantallas de información que nuestro vuelo tiene previsto un retraso en la salida de 16 minutos. Apurado por no poder coger la escala de Fráncfort, pregunto por esa posibilidad en los mostradores de Lufthansa, donde me tranquilizan asegurándome que no habrá problema en coger el enlace a Moscú. Finalmente, a las 15:25, y con una hora de retraso sobre lo previsto, salimos dirección Fráncfort. Es decir, salimos de Bilbao dos horas después de la hora prevista de llegada a Moscú. Al menos salimos, así que ni se nos ocurre quejarnos.

El avión llega a Fráncfort a las 17:30, apenas diez minutos antes de la salida a Moscú, pero durante el viaje nos tranquiliza una azafata asegurándonos que el avión que salía de Bilbao, es decir, en el que íbamos, era el mismo que volaría hasta Moscú, momento en el que nos relajamos completamente, ya que entonces sin nosotros no se va a ir. Así, a las 18:35, con casi una hora de retraso, despegamos dirección Moscú, a donde llegamos a las 23:25 hora rusa, es decir, siete horas y media más tarde de lo previsto cuando llegamos al aeropuerto esa mañana.

Al menos, el viaje se me hace bastante agradable gracias aéreaa la compañía, en la que no había viajado nunca, y de la que no tengo más que buenas palabras por el trato ofrecido. Así, además de proveernos con una almohada y una manta para el viaje de Fráncfort a Moscú, nos dan de cenar y, al igual que en el primer viaje, nos ofrecen bebida repetidas veces.

Almohada cortesía de Lufthansa.

Una vez en Domodedovo, el aeropuerto de Moscú al que llegamos, decidimos coger un taxi para ir al hostal, ya que el último tren que salía dirección Moscú, el Aeroexpress, lo hace a las doce de la noche, y entre que pasábamos el control de pasaportes, salían las maletas, cambiábamos dinero y encontrábamos la estación íbamos a andar con el tiempo justo, amén de que llegaríamos a la estación de tren a la una menos cuarto de la madrugada y luego tendríamos que ir, sin conocer Moscú, de noche y con las maletas, andando hasta el hostal.

Así pues, cogemos un taxi que en vez de costarnos los aproximadamente 1800 rublos que decía la información del hostal, nos costó los más 4000 rublos que marcó el taxímetro, que al cambio de 39 euros por rublo que nos hizo el taxista, bastante bueno para nososotros, por cierto, nos salió por 107 €, dinero que vamos a reclamar con pocas esperanzas a quien corresponda, ya que de no haber habido huelga de controladores habríamos llegado siete horas y media antes y habríamos ido a Moscú en tren, transporte mucho más barato. Además, el taxi no era mucho más rápido que el tren, como comprobamos al aparecer en el hostal casi a la una de la madrugada.

Lo único bueno del viaje en taxi fue que al menos pudimos vislumbrar durante unos pocos segundos el Kremlin y la Plaza de Roja, coronada por la catedral de San Basilio, completamente iluminados, lo cual nos pareció una imagen preciosa, la más bonita que podíamos tener
Estábamos en Moscú.

Catedral de San Basilio.

Gastos del día
Este día no pensábamos realizar grandes gastos, únicamente el tren que nos llevara a Moscú, que costaría unos ocho euros, y lo que costara la cena. Al final, debido a la huelga de controladores aéreos cenamos en el avión lo que nos ofreció la compañía, además de un bocadillo traído de casa que cenamos en Fráncfort. A cambio, tuvimos que pagar 107 € por el taxi, lo que corresponde a 35.67 € por persona.


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lunes, 16 de abril de 2012

Nova Hostel: un buen hostal

Quiero dedicarle una entrada del viaje a Moscú al hostal en el que dormimos las cinco noches. Como comenté en la entrada anterior, era un hostal que se encontraba a apenas quince minutos de la Plaza Roja. Seguramente, esto fue lo que más me gustó del hostal, ya que no nos veíamos obligados a coger el metro demasiado para desplazarnos.

El hostal constaba de tres habitaciones, una sala de estar con dos sofás, un ordenador con internet que acaparamos en todo momento y una televisión plana que no funcionaba, además de un único cuarto de baño, el único pero del hostal, y una cocina donde apenas entramos. De las tres habitaciones que había tuvimos mala suerte con la que nos tocó, ya que dos eran unas habitaciones normales, con paredes y puertas, mientras que la nuestra tenía una pared completamente translúcida por la que pasaba la luz, problema que intentaba solucionarse con unas cuantas cortinas que le daban un aire burdelesco, si se me permite la palabra.

Sala de estar, con las cortinas rojas que eran la entrada a nuestra habitación.

Esto me trastocó un poco la primera noche, ya que me costó muchísimo dormirme debido a la luz que entraba de la sala. Sin embargo, el resto de noches dormí sin ningún problema, ya que era tanto el cansancio acumulado que hubiéramos sido capaces de dormir incluso con la luz encendida.

El resto del hostal estaba bien, aunque mención aparte merece el baño. Únicamente tuvimos problemas con las colas un día, ya que nos levantábamos pronto, pero aun así me parece que un único baño para tres habitaciones era muy poco, y ese fue el punto que menos me gustó del hostal. Al menos, echamos unas risas con la bañera, que parece que había que escalarla para subir a ella.

Cuarto de baño del hostal.

El dueño del hostal era bastante majo, al menos hablaba inglés, que bastante era, y estaba siempre ofreciéndonos unas cervezas o un poco de sopa. La verdad es que era muy agradable llegar al hostal y encontrar una cara amable que te ofreciera algo de comer. Además del dueño, había una persona mayor siempre con él, suponemos que un amigo (su padre no era) que estaba continuamente en el hostal, durmiendo en los sofás, la cocina, o donde encontrara sitio. Suponemos que como alguien tenía que quedarse siempre en el hostal, él se quedaba a hacerle compañía al dueño cuando estaba, y guardaba el hostal cuando el dueño se iba. La verdad es que nos daba bastante pena, porque no salía del hostal nunca, únicamente para fumar, cada vez que llegábamos a la tarde al hostal le despertábamos de la siesta (dormía como podía en el sofá) y cuando por la noche nos despertábamos para ir al baño también le despertábamos a él, ya que andaba medio tirado en el sofá. El pobre hombre no conseguía dormir muchas horas seguidas...

Además de estos dos hombres, merece una mención especial Boris, así le bautizamos, un pequeño huésped con el que jugábamos de vez en cuando y con el que había que tener cuidado de cerrar la puerta de la habitación, porque sino podía entrar y saltar sobre tu cama cuando dormías.

Boris descansando en el sofá.

Boris, majestuoso, en el piano.

Así, a pesar de que solo teníamos un único baño y nos tocó la peor habitación, volvería sin dudarlo a este hostal, no solo por la amabilidad de su dueño, sino por la poca distancia que lo separaba de algunos lugares importantes como la Plaza Roja.


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domingo, 15 de abril de 2012

Moscú: Vuelos, alojamiento y visado

Una vez decidido el destino, el siguiente paso era ponerse manos a la obra en la compra del billete de avión, la reserva del hostal (era un viaje de amigos) y, al ser Rusia, la obtención de un visado que nos permitiera la estancia en el país los días deseados.

Vuelo: Un poco más caro de lo esperado.
La reserva del billete de avión la realizamos con varias semanas de retraso respecto a lo deseado ya que uno de nosotros no sabía si podría realizar el viaje. En cuanto supo que podía, a finales de enero, nos pusimos a buscar vuelos a Moscú.

A comienzos de enero habíamos encontrado un vuelo por unos 200 €, pero como he dicho, decidimos esperar hasta tener claro si íbamos a poder ir todos o no. Semanas más tarde, cuando sabíamos que podríamos ir los tres y nos pusimos a buscar de nuevo, vimos que por lo general la combinación más barata era la de un vuelo que salía de Bilbao el martes 3 de abril y volvía el domingo 8 de abril, saliendo de Moscú a la tarde, y que costaba unos 300 €. Sin embargo, no lo pudimos coger porque los precios fluctuaban muy rápidamente, y en cuanto nos decidíamos a coger un vuelo, este había desaparecido o se había encarecido considerablemente, para horas después volver a reducirse. Era una especie de montaña rusa que nos mareó bastante.

Al final, el 2 de febrero encontramos el siguiente vuelo pagando 318.38 €:

Ida: Salida el martes 3 de abril de Bilbao a las 6:50 de la mañana llegando a Bruselas a las 8:55. A las 9:55, salida de Bruselas dirección Moscú, donde llegaríamos a las 15:25 hora rusa.
Vuelta: Salida el domingo 8 de abril de Moscú a las 9:25 de la mañana llegando a Fráncfort a las 10:35 hora alemana. A las 15:45, salida de Fráncfort dirección Bilbao, donde llegaríamos a las 17:50.

En total estaríamos cuatro días enteros en Moscú y parte de la tarde del día de llegada, tarde que nos serviría para tomar contacto con la ciudad. Estimábamos, y con razón, que esos cuatro días serían tiempo más que suficiente, ya que suponíamos que podríamos conocer la ciudad en tres días enteros, pero ya que estábamos, preferíamos estar un día más y ver las cosas con más tranquilidad, sin prisas, y, por qué no, ver zonas que quizá no habríamos podido ver en tres días. La única pega, además del precio, era que en un principio habíamos visto la opción de volver el domingo por la tarde y ahora tendríamos que "conformarnos" con una tarde menos. Pero, como suponíamaos y más tarde constatamos, cuatro días fueron tiempo más que suficiente para conocer la ciudad en profundidad.

Hostal: Relativamente céntrico y más barato de lo esperado.
Al igual que en los otros dos viajes de Semana Santa, nos alojamos en un hostal que buscamos en Hostelworld. Teníamos claro que buscábamos un hostal que fuera económico y lo más céntrico posible. Así, nos pusimos a buscar y el 3 de febrero, un día después de reservar el avión, encontramos un hostal que cumplía con ambas características, Nova Hostel, donde pagando cada uno 26.41 € por noche teníamos una habitación para nosotros tres con un baño compartido con otras habitaciones. De esta forma, cada uno pagaríamos por el alojamiento 133.05 €, ya que incluimos 1 € de seguro, lo que era más barato de lo que imaginaba en un principio, teniendo en cuenta que íbamos a tener una habitación para nosotros tres.

La ubicación del hostal era perfecta, siendo además el más céntrico que encontramos, localizándose a poco más de un kilómetro de la Plaza Roja y el Kremlin, permitiéndonos llegar en apenas un cuarto de hora.

En la siguiente imagen se puede observar la localización del hostal, marcado con una cama roja, así como la del Kremlin, el área verde, y la de la Plaza Roja, el área roja, las dos joyas turísticas de Moscú. Como se puede observar, poco más de un kilómetro era la distancia que nos separaba de la Plaza Roja, y se podía recorrer fácilmente siguiendo una única calle, por lo que el riesgo de perderse era nulo.

Ubicación del hostal, el Kremlin y la Plaza Roja.

Además, al final pagamos incluso un poquito menos por el hostal, ya que el día de la reserva tuvimos que abonar 44.11 € entre los tres, por lo que cuando llegáramos deberíamos pagar los 355.04 € restantes. Sin embargo, este último pago había que realizarlo mediante un pago de 13500 rublos, que, cuando estábamos en Moscú, implicaban únicamente 348.84 €, de forma que cada uno nos ahorramos dos euros en el alojamiento.

Visado: Un pago extra que añadir al viaje.
Una vez reservado el avión y el hostal, el siguiente pasado era obtener el visado para poder entrar en Rusia, documento imprescindible y sin el cual no se puede entrar en territorio ruso.

Para aquellos que no somos de Madrid, ya que creo que ahora los de Barcelona tienen que hacerlo como el resto de ciudadanos, la única opción para obtener el visado sin tener que ir en persona a la embajada, que se encuentra en Madrid, es realizar las gestiones para obtener el visado mediante agencias por Internet. De entre las numerosas páginas web que te realizan la gestión del visado, nos decidimos por la agencia oficial, Central de Visados Rusos, donde en principio obteníamos el visado por 65 €.

Sin embargo, para obtener el visado, es necesario conseguir previamente otros dos documentos, el voucher o contrato de servicios turísticos y la confirmación de recepción de turista extranjero. Dichos documentos son una especie de invitación para entrar al país y una confirmación de que tienes dónde dormir durante tu estancia en el país, y hay que pagar por ellos. Podríamos haber obtenido dichos documentos en varias páginas web, como la de destinationrussia, que nos los ofrecía por poco más de 15 €, pero decidimos pedírselos al hostal, aun a sabiendas que sería un poco más caro, pues este nos había dicho que nos lo ofrecía por 20 €. Al final nos costó un poco más caro de lo esperado, ya que cuando hicimos el ingreso de 60 € (20 € por cada uno de los tres), nos cobraron una comisión de 17 €, por lo que al final dichos documentos nos salieron a cada uno por 25.66 €, que hay que añadir a los 65 € que cuesta el visado.

Una vez con dichos documentos en la mano, que recibimos el jueves 9 de febrero, apenas 24 horas después de haber mandado escaneado nuestros pasaportes al hostal, nos pusimos manos a la obra para recabar el resto de documentos necesarios para obtener el visado, documentos que teníamos que enviar por mensajero a Central de Visados Rusos. Así, en la página de Central de Visados Rusos rellenamos un formulario con nuestros datos, lo imprimimos, y le pegamos una foto carnet. Además, adjuntamos en el sobre un documento que certificaba que teníamos un seguro de asistencia médica durante el viaje. Todos esos documentos, junto con el pasaporte original, se lo enviamos por mensajero a Central de Visados Rusos el 22 de febrero por la tarde, tras pagar 26 € por el servicio de mensajería.

Al día siguiente por la mañana nos llamaron de Central de Visados Rusos para decirnos que había un problema con el certificado que Sanitas había dado a mi amigo (manda narices con los de Sanitas), pero amablemente nos explican que si les mandamos la tarjeta escaneada les valdría como confirmación de seguro médico. Se la enviamos al instante y muy amablemente nos dicen que todo está correcto, adelantándonos además que el día 7 de marzo recibiríamos nuestros visados. La verdad es que las personas de Central de Visados fueron muy amables y no se parecieron en nada a los, desgraciadamente, tópicos que aun perduran sobre los rusos.

Finalmente, el 6 de marzo, un día antes de lo previsto, recibimos nuestros visados, previo aviso telefónico el día anterior.

En total el visado nos costó 103.66 € a dos de nosotros (65 € de visado, 25.66 € del certificado y la invitación y 13 € del envío por mensajero, que lo compartimos), mientras que a mi otro compañero le costó 188.66 € (120 € porque tuvo que pedir un visado urgente, 25.66 € del certificado y la invitación, 17 € de seguro médico, ya que no tenía, y 26 € del mensajero, ya que lo envió por su cuenta), gastos que, como comentaré más adelante, considero excesivos para un viaje tan corto.

Como se ve, el visado fue una parte importante del gasto inicial, incluso un compañero pagó más por el visado que por el alojamiento. Pero bueno, es lo que hay y España y otros países también ponen estas pequeñas trabas, incluso peores, a los turistas.

Gastos totales antes de iniciar el viaje: Más que el total de otros viajes.
A continuación resumo los gastos efectuados antes de iniciar el viaje, ya comentados anteriormente.

  • Avión: 318.38 €
  • Hostal: 130.98 €
  • Visado: 103.66 €
  • Total: 553.62 €

Como se puede observar, es un gasto relativamente importante comparado con otros destinos, ya que además de que el precio del billete de avión es más caro que a otros destinos debido a la lejanía hay que añadir el pago del visado. Esto hace que me plantee la conveniencia de ir a Rusia cuando se realiza un viaje de unos pocos días, ya que este gasto de más de 550 € es más que el que gasto total, comidas y demás incluidas, que puedes tener en algún destino más cercano.

Pero bueno, una vez con todos los documentos en la mano, ya solo quedaba ilusionarse con el viaje y contar los días que quedaban para iniciarlo: Moscú nos esperaba.


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sábado, 14 de abril de 2012

Moscú

Tras realizar con un amigo un viaje relámpago de cinco días a Oslo, Bergen y los fiordos en 2010 y repetir viaje con él y otro amigo a la maravillosa ciudad de Estambul el año pasado, decidimos realizar el tercer viaje consecutivo en Semana Santa, repitiendo las mismas personas que el año anterior. Este año el destino elegido era tan exótico como el del año anterior: Moscú.

El destino ya se había comentado durante el viaje del año pasado, y tengo que reconocer que a mí no me apasionaba demasiado. No es que no tuviera ganas de conocer Moscú, sino que por un lado tenía la sensación de que las fechas, primera semana de abril, no serían las mejores debido a las condiciones meteorológicas, mientras que por otro lado siempre había querido conocer Moscú junto con San Petersburgo, obviamente en un viaje de más días, ciudad que me atraía mucho más que Moscú.

Sin embargo, la posibilidad de ver la Plaza Roja, tanto de día como de noche, y el Kremlin, dos de los destinos turísticos más conocidos del mundo, fue suficiente para que olvidara mis dudas y embarcara rumbo a Moscú, en un viaje que, si bien no me ha encantado tanto como los que hice el año pasado, si me ha permitido pasear por lugares que nunca me imaginé que conocería.

En las próximas entradas iré desgranando poco a poco el que ha sido el primer gran viaje del año 2012.


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