Mostrando entradas con la etiqueta Múnich-Salzburgo-Viena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Múnich-Salzburgo-Viena. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de diciembre de 2012

Conclusión

Como se habrá podido intuir leyendo este diario, el viaje que he realizado a Múnich, Salzburgo y Viena me ha encantado. La única pega que le pongo al viaje ha sido el tiempo de los primeros días, el cual nos impidió conocer Múnich como se merece. Al final, controlar el tiempo no está en nuestra mano, e incluso yendo de viaje la primera semana de septiembre el tiempo no ha sido todo lo bueno que se podría esperar. Por otra parte, tengo que reconocer que ha sido un acierto coger un vuelo a primera hora de la mañana, ya que al no haber habido ningún retraso en el avión, algo que por otra parte es lo normal, hemos ganado más de medio día, lo que nos ha permitido conocer el campo de concentración de Dachau, que no habríamos visto habiendo cogido el vuelo por la tarde, y visitar con más calma Múnich.

Múnich: Muy bonita a pesar de la lluvia.
Tal como me esperaba, la ciudad de Múnich me ha gustado mucho. La única pena ha sido el mal tiempo que ha hecho, que nos ha hecho estar dos días enteros con el paraguas en la mano. Aun así, me ha gustado mucho la ciudad, lo que me hace pensar que con sol tiene que ser espectacular. Lo que más me ha gustado de Múnich es que es una ciudad que ofrece muchas posibilidades al turista. Por un lado, tiene numerosos museos de todo tipo, desde algunas de las mejores pinacotecas de Europa hasta el mayor museo de ingeniería del mundo, pasando por el museo BMW, la meca de los museos de coches. Por otro lado, la ciudad tiene un gran pasado histórico, representado por numerosas iglesias y palacios, que no aburrirán al turista más centrado en ese aspecto. Y es que iglesias como Asamkirche bien merecen la visita a Múnich. Finalmente, la región en la que se encuentra, Baviera, ofrece al turista infinidad de posibles y diversas excursiones, debido a la cantidad de palacios, ciudades y pueblos que se encuentran en la región y que son muy interesantes para el turista. Igual es no tengo todavía la perspectiva necesaria, ya que este es el último viaje que he realizado, pero me atrevo a decir que creo que pocos lugares tienen una oferta turística tan variada como la de Múnich y Baviera.

Entre las cosas que más me han gustado de la ciudad se encuentran sus iglesias. Soy un apasionado de ellas, e iglesias como Teatinerkirche o Asamkirhe me han dejado sin palabras. Por otra parte, como también me gusta mucho el estilo rococó, he disfrutado muchísimo con las habitaciones de los dos palacios que he visitado en Múnich, la Residenz y el Schloss Nymphenburg, verdaderas obras de arte. La verdad es que no hemos tenido tiempo para aburrirnos, porque cuando no veíamos iglesias, veíamos palacios, y cuando no, paseábamos por enorme parques como el Englischer Garten o hacíamos alguna mini excursión como al campo de concentración de Dachau, el primer campo en el que he estado. Por último, la excursión que hicimos al castillo de Neuschwanstein fue preciosa, ya que tuvimos ocasión de ver el que seguramente es el castillo más famoso del mundo, siendo el perfecto colofón a nuestra primera incursión en Baviera.

La verdad es que creo que los cuatro días que hemos estado en Múnich los hemos aprovechado muy bien, ya que hemos conocido la ciudad al completo, incluyendo el campo de concentración de Dachau y realizando una excursión al campo de concentración de Neuschwanstein. El único pero que se nos puede poner es el no haber visitado ninguna de sus pinacotecas o el Deutsches Museum, el museo de ingeniería más grande del mundo.

Baviera es una zona preciosa y con una innumerable oferta turística, tanto de paisajes como de ciudades y pueblecitos. Múnich me ha parecido una inmejorable forma de conocerla, y desde luego, más tarde o más temprano, volveré a Baviera para conocer otros lugares.

Salzburgo: Pequeña, coqueta, y bonita.
A diferencia de otras ciudades, Salzburgo no es conocida por tener unos edificios o palacios majestuosos, sino que la belleza de la ciudad radica en la propia ciudad, en sus callecitas con sus casas de color pastel, situadas cerca del río Salzach, y con la fortaleza de Hohensalzburg dominando toda la ciudad.

Salzburgo es una ciudad a la que mucha gente visita realizando una excursión en el día desde Múnich, algunos incluso desde Viena. Como nosotros íbamos camino a Viena, decidimos hacer noche en Salzburgo, y no me arrepiento en absoluto de la decisión. Y no solo por el magnífico restaurante italiano en el que cené, que no olvidaré en muchos años, sino porque me ha permitido disfrutar con bastante tranquilidad de la ciudad. Como todas las ciudades, la puede ver en el tiempo que uno desee, y ver Salzburgo en un día es muy factible, aunque obviamente entrando en menos edificios que los que hemos entrado nosotros. Sin embargo, he preferido estar día y medio en Salzburgo, lo que nos ha permitido verla con mucha tranquilidad, sin andar pendiente del reloj, y disfrutando cada momento. Y aun así, me voy con pena de no haber tenido tiempo de ver el palacio de Hellbrunn, donde se rodaron numerosas escenas de Sonrisas y lágrimas, o de haber subido al teleférico de Untersberg. Y es que ni en día y medio hemos podido ver todo.

Como he dicho, me ha parecido una ciudad con edificios menos espectaculares que otras que haya visitado. Salvo la Residence, todos los edificios en los que he entrado pagando, sobre todo la fortaleza de Hohensalzburg, me han atraído bien poco. Me han gustado mucho las vistas que se tienen de Salzburgo desde los miradores, a pesar de que la pequeña brumilla que había me ha impedido tener una imagen preciosa de verdad. Y me han gustado mucho los pequeños rincones que ofrece la ciudad, como Kapitelschwemme, Pferdeschwemme o la placita de Alter Markt, uno de mis lugares favoritos de la ciudad. En definitiva, lo que más me ha gustado de la ciudad han sido las vistas de los miradores y el pasear tranquilamente por la ciudad. Lo que por supuesto no quiere decir que lugares como la catedral o la abadía de san Pedro no me hayan parecido impresionantes.

Y, al igual que me ha ocurrido con Múnich y con Baviera, me voy con la sensación de que la región ofrece muchas cosas para ver. Cerca se encuentra el Tirol, con las montañas de los Alpes que veíamos de pequeños en Heidi, además de  con sus con sus innumerables pueblecitos como Hallstatt. Desde luego, Austria es un lugar que tendré muy en cuenta para futuros viajes.

Viena: la joya del viaje.
Con muchísima diferencia, ha sido la ciudad que más me ha gustado del viaje. Como he comentado, cuando decidimos realizar este viaje, suponía que Viena iba a ser de largo la que más me iba a gustar, pero mientras preparábamos el viaje me daba la sensación que iba a disfrutar por igual las tres ciudades. Sin embargo, no sé si es porque en efecto Viena es mucho más que Múnich y Salzburgo, o por el espléndido tiempo que tuvimos en la ciudad, completamente distinto al invernal tiempo de Múnich, Viena ha sido la ciudad que más he disfrutado.

Me ha parecido una ciudad llena de edificios grandiosos, y no sabría con cuál de ellos quedarme. Seguramente los dos que más me han gustado han sido el Parlamento y la iglesia de san Carlos Borromeo, aunque edificios como el Ayuntamiento o, sobre todo, los palacios del Hofburg y de Schönbrunn no se quedan atrás. Incluso lugares menos importantes como Hundertwasserhaus me han sorprendido satisfactoriamente, gustándome mucho más de lo que esperaba. Eso sí, a pesar de que en Viena hay iglesias preciosas, como Jesuitenkirche, creo que me quedo con las iglesias de Múnich, que a mi modo de ver han sido mucho más espectaculares.

Pero como digo, de Viena me ha gustado todo, absolutamente todo. Por que como digo, no solo está plagada de impresionantes palacios o jardines preciosos, sino que los edificios de sus calles son preciosos (también es verdad que, como siempre digo, si estuvieran esos edificios en tu ciudad quizás no les prestarías ni la menor atención), y pasear por sus calles es una auténtica delicia. Nunca olvidaré el momento en que, tras recorrer Kärntner Straße, me encontré con la Ópera, vi el museo Albertina, y me giré hacia atrás para volver a ver la calle que había recorrido: de repente todo a mi alrededor era precioso y no sabía a qué fotografiar primero.

Además, Viena es una ciudad que sabe vender muy bien el glamour de los tiempos pasados, con su Ópera y su famosa tarta Sacher, todo ello bajo la atenta mirada de Sisí, presente en todos y cada uno de los lugares de Viena. Ha sido, sin duda, la ciudad que más me ha gustado de todos los viajes que he realizado este año.

Junto con Viena, siempre aparecen asociadas las ciudades de Praga y de Budapest, ya que el circuito Praga-Viena-Budapest es uno de los favoritos de las agencias turistas y de los propios turistas. Tengo que decir que Viena me ha recordado más a Budapest, en el sentido de que es más imperial (Budapest) que medieval (Praga) aunque con muchas más cosas que ver. Si el año pasado comentaba que me había dado la sensación de que en Praga cada pocos metros había algo para ver mientras que en Budapest había menos cosas, podría decirse que Viena es Budapest en todo momento, como la definió mi pareja, ya que, al igual que en Praga, hemos estado todo el rato viendo cosas, en cada momento había algo impresionante.

Siempre surge la comparación entre las tres ciudades. ¿Mi punto de vista? Viena se parece mucho más a Budapest, ya que son ciudades como más magníficas, llenas de palacios y edificios de preciosas fachadas, grandes avenidas.... Me recuerdan al esplendor de finales del siglo XIX. Praga, sin embargo, es más medieval, más al estilo de Tallin o Brujas, menos moderno. Y más romántica, desde mi punto de vista. Quizá me quedo con Viena, seguido de Praga, pero me niego a descartar ninguna, ya que todas han sido preciosas. La verdad es que estoy francamente contento de haber conocido estas tres ciudades, que sin duda alguna se encuentran dentro de las más bonitas de Europa.

Mis impresiones sobre Alemania y Austria.
Tanto Alemania como Austria me han parecido sitios caros para vivir. En cuanto a turismo o restaurantes no me ha parecido mucho más caro que otras ciudades que haya visitado, ya que las entradas a los distintos monumentos no han sido exageradamente caras, y en cuanto a la comida, si buscas, siempre se puede comer por el precio que uno quiera, obviamente mejor o peor. Sin embargo, sí nos ha chocado el alto precio del agua en los restaurantes, ya que por lo general pagábamos seis euros e incluso seis euros y media por el agua.

El transporte en cambio sí que me ha parecido muy caro. Que el billete sencillo del metro de Múnich cueste dos euros y medio me parece una auténtica barbaridad. Sin embargo, en el transporte he tenido sensaciones contradictorias en cuanto al precio. Por un lado, los billetes sencillos me parecían muy caros, pero por otro lado uno podía encontrar grandes chollos como el Bayern Ticket, donde por trece euros cada uno, una pareja podía hacer en un día cuantos viajes en tren quisiera por todo Baviera, llegando incluso a Salzburgo. Pero salvo esas excepciones, uno luego se daba de bruces con la realidad cuando pagaba ocho euros por un viaje de poco más de veinte minutos desde Viena al aeropuerto.


Conclusión
Lo que más pena me ha dado es que "solo" hayamos tenido nueve días de viaje, lo que nos ha limitado a conocer únicamente estas tres preciosas ciudades. Sin embargo, como he descubierto, la cantidad de lugares preciosos que se pueden ver en dicha zona es inimaginable. Por ejemplo, a apenas sesenta kilómetros de Viena se encuentra Bratislava, que si bien no es una ciudad tan espectacular como Viena, Praga o Budapest, sí que es un destino muy atractivo para hacer una excursión de un día desde Viena. Por otro lado, Salzburgo se encuentra a apenas unos kilómetros del Tirol, donde se pueden ver algunos de los paisajes más bonitos de Europa, con las típicas montañas de Heidi o pueblos tan bonitos como Hallstatt. Finalmente, Baviera, y toda la zona de Alemania, es una de las zonas más bonitas de Europa, poblada de preciosos paisajes, ciudades pequeñas como Rothenburg ob der Tauber, o más grandes como Núremberg o Ratisbona, y sobre todo, una ciudad que tengo muchas ganas de conocer: Dresde, en Sajonia.

Este ha sido sin duda el viaje que más me ha gustado de este año, aunque no ha sido fácil elegir, porque este año he visitado una cantidad de lugares preciosos, como Berlín, Moscú, Estocolmo o Tallin. Lamentablemente, seguramente tenga que bajar el pistón para el año que viene, ya que tantos viajes en un año son demasiados, sobre todo cuando uno tiene en mente realizar un viaje importante en dos años, seguramente a Asia.


lunes, 3 de diciembre de 2012

Día 10: Paseo final y vuelta a casa.

No todo es eterno, y nuestras vacaciones tampoco. Desgraciadamente, este es nuestro último día de vacaciones no solo de este viaje, sino de todo el año, así que solo queda disfrutar como se merece esta última mañana en Viena. Al igual que el resto de días, Viena amanece muy soleada, lo que es un perfecto fina de vacaciones y sirve para terminar de compensar el mal tiempo que nos hizo en Múnich.

Como ya no nos queda nada que ver en Viena, pero no queremos desaprovechar la última mañana que nos queda, ponemos el despertador a una hora prudencial, las nueve menos cuarto, que nos va a permitir dormir un poco más y no tener tiempo para aburrirnos durante la mañana. Tras hacer las maletas, salimos del hotel a las diez y cuarto, con la idea de realizar el último paseo por la ciudad. La idea es dar un paseo por el centro de la ciudad, comprar unos recuerdos y ver por última vez los preciosos edificios que se agolpan en un área tan pequeña.

Así, comenzamos dirigiéndonos hacia la catedral, ya que se encuentra bastante cerca del hotel. Tras admirarla, recorremos Kärntner Straße hasta llegar a la Ópera, edificio que vemos por última vez. A pesar de ser muy bonita, creo que me quedo con la imagen de la Ópera de noche, completamente iluminada. Esa ha sido una de las estampas que más me ha gustado del viaje.

Tras ver la Ópera, nos dirigimos hacia el ayuntamiento, ya que de día no habíamos podido verlo todavía como se merece, puesto que el primer día que lo vimos había un camión grúa delante que nos impedía disfrutarlo completamente. de camino al ayuntamiento, pasamos por otros bellos edificios como el Parlamento, sin duda uno de los edificios del viaje, y paseamos por jardines como Volksgarten o Burggarten.

Tras ver el ayuntamiento, y como todavía eran las doce de la mañana, dedicamos el resto de la mañana a continuar paseando tranquilamente por el centro de la ciudad, admirando de nuevos todos los bellos edificios que hay, y disfrutando, cómo no, de la columna de la Peste, que es uno de los lugares que más me han gustado de Viena.

Minutos antes de las dos nos sentamos en un restaurante húngaro que habíamos visto el día anterior, a pocos metros del italiano donde habíamos comido, donde degustamos nuestro último Wiener Schnitzel con vistas a la columna de la Peste. Una manera perfecta de finalizar el día.

Adiós Viena.
Finalmente, nos dirigimos hacia el hotel para coger nuestras maletas y nos hicimos un bocadillo de jamón en un parque cercano a la parada del autobús que nos iba a llevar al aeropuerto, parada que afortunadamente se encontraba a menos de cinco minutos del hotel, apenas cruzando un puente. El precio del viaje me parece bastante caro, 8 € por persona par aun trayecto de apenas veinte minutos. En el aeropuerto, embarcamos nuestras maletas y esperamos la salida del avión que nos llevaría a Bruselas, vuelo que se realiza dentro de lo esperado, saliendo a las 18:30 y llegando a Bruselas a las 20:00.

Gastos del día.
El último día no tuvo gastos excesivos, salvo el autobús de Viena al aeropuerto, que costaba 8 € por persona, siendo un trayecto de poco más de veinte minutos. El resto de gastos, aparte de la comida, fueron pequeños gastos en souvenirs y cosas varias.

  • Comida: 21.53 €
  • Transporte: 8 €
  • Varios: 7.5 €
  • Total: 37.03 € por persona.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Día 9, sábado 8 de septiembre de 2012: Palacio de Schönbrunn y Hundertwasserhaus

Nuestro último día completo de vacaciones amanece con un sol espectacular, digno de lo que vamos a visitar. Y es que hoy toca conocer el palacio de Schönbrunn, el lugar más visitado de Viena y de Austria, y que se encuentra a unos pocos kilómetros de la ciudad.

A pesar de que el palacio abre a las ocho y media y mi intención inicial era ir pronto para evitar las aglomeraciones, decidimos descansar un poco y poner el despertador a las ocho y cuarto, ya que estimamos que con llegar a las nueve y media y estar cuatro horas será tiempo más que suficiente para conocer tanto el palacio como sus jardines. Tras desayunar en la cafetería de la esquina del hotel, compramos un billete diario de metro y nos dirigimos hacia la parada de Schönbrunn, a la que llegamos en apenas quince minutos. Tras unos instantes de dudas sobre en qué dirección debemos partir, llegamos al palacio de Schönbrunn minutos antes de las diez.

Palacio de Schönbrunn, el lugar más turístico de Viena.
Nada más llegar al palacio, comprobamos que en efecto es el lugar más visitado de Viena, ya que a pesar de no haber una aglomeración enorme de turistas, sí que se aprecia una considerable cantidad, al menos comparándolo con el resto de la ciudad. Afortunadamente, el tener el Sisi Ticket nos permite saltarnos la cola de la gente que ha comprado la entrada del palacio, por lo que en unos pocos minutos comenzamos a pasear por las habitaciones.

La visita al palacio se convierte en una de las peores y más agobiantes visitas que he hecho en mi vida. No es que el palacio fuera feo, que no lo era, aunque tampoco sus habitaciones eran mucho más espectaculares que las que habíamos visto en otros palacios, pero las primeras habitaciones las recorremos como ganado que va al matadero, ya que nos juntan a la vez a muchísima gente que tiene el Sisi Ticket con otra tanta que no lo tiene. Desde luego, lo más normal hubiera sido que las entradas fueran como las del castillo de Hohenschwangau y Neuschwanstein, donde a pesar de tener una entrada que te permitía saltarte las colas, tenías que ir a una hora concreta. Afortunadamente, el Sisi Ticket te permite ver todas las habitaciones del palacio, mientras que muchos de los que compran la entrada individual lo hacen solo para la primera mitad del palacio. Así, la segunda mitad del palacio la podemos realizar de forma mucho más tranquila y relajada, ya que la cantidad de gente que hay en las distintas habitaciones es mucho menor.

Paseando por los jardines de Schönbrunn, uno de los mejores momentos del viaje.
Una hora después, a las once, damos por finalizada la visita a las habitaciones del palacio y nos encaminamos a pasear por sus enormes jardines, que son la imagen más repetida de las postales vienesas. Nuestro primer punto del recorrido es la Glorieta, que se encuentra en un extremos del jardín coronando una colina desde donde se obtienen unas vistas espectaculares de los jardines y del palacio. No llegamos a la Glorieta hasta las once y media, ya que vamos paseando tranquilamente, deteniéndonos a hacer fotos en la cascada del obelisco, una de las fuentes más famosas del parque. Cuando llegamos a la Glorieta vemos que hay gente subida en lo alto del edificio haciendo fotos. Desgraciadamente, el Sisi Ticket no incluye la subida a la Glorieta, y no estamos dispuestos a pagar dos euros y medio por subir, ya que pensamos que también seremos capaces de hacer fotos espectaculares desde el suelo. En la zona de la Glorieta estamos bastante tiempo, ya que las vistas son preciosas, pues se ve desde lo alto el palacio entero y sus preciosos jardines. No hay palabras para describirlo, simplemente impresionante. Como todo Viena.

Palacio de Schönbrunn desde la Glorieta.

Tras asegurarnos que hemos hecho fotos desde todos los ángulos posibles y de que hemos disfrutado al máximo de las vistas que tenemos delante, decidimos dirigirnos hacia los jardines que se encuentran enfrente del palacio, para lo que nos disponemos a bajar la colina. Tras hacernos unas fotos en la fuente de Neptuno, que sin ánimo de presumir nos hacemos las fotos más bonitas de todos los turistas que vemos, pues todos tapan con su cuerpo el palacio, y dar un último paseo por los jardines, nos dirigimos hacia la Casa de las Palmeras, un invernadero que se encuentra algo oculto y en el no podíamos entrar con el Sisi Ticket. Me resulta un edifico bastante curioso, y desde luego me gusta bastante, con esa forma tan curiosa que tiene. La verdad es que todo lo que he visto esta mañana me ha resultado precioso. Y ni en mis mejores sueños pensaba que íbamos a tener un día tan espectacular.

Casa de las Palmeras.

Visitando los retazos de Viena que nos quedan.
Así pues, a la una damos por finalizada la visita al palacio de Schönbrunn, y no dirigimos hacia el Stadtpark, que se encuentra en pleno centro de Viena, ya que el resto del día lo tenemos pensado dedicar a zonas sueltas que no hemos podido visitar en un primer momento. En Stadtpark se encuentra la famosa estatua de Strauss, la que es seguramente la más conocida de Viena. Tras bajarnos en una estación cercana al parque, encontramos la estatua en apenas cinco minutos, que es más grande de lo que pensaba, y tras hacernos la foto correspondiente decidimos ir en busca de un restaurante, ya que es la una y media y no nos da tiempo a ir a Hundertwasserhaus, que era mi intención a la mañana. Nos dirigimos hacia la zona del Hofburg, y decidimos comer en un restaurante italiano en una calle perpendicular a Graben desde donde se puede medio ver uno de los monumentos que más me han gustado de todo el viaje: la columna de la Peste.

Estatua de Strauss.

Una vez finalizada la comida, nuestro siguiente destino es la Hundertwasserhaus, pero antes que nada nos dirigimos hacia la iglesia de los minoritas, Minoritenkirche, una de las más famosas de la ciudad, y que se encuentra al lado del Hofburg. A diferencia de muchos otros lugares, no había visto antes ninguna foto en Internet, por lo que no sabía qué me esperaba. Y la verdad es que me sorprende bastante. Por dentro me parece muy simple, pero por fuera me recuerda me parece muy distinta al resto de iglesias, y la verdad es que puede decirse que ha merecido la pena verla, ya que la forma del edifico es muy curiosa.

Así pues, una vez vista la iglesia, cogemos el metro y nos dirigimos hacia Hundertwasserhaus, parándonos en la parada de Landstraße. Para llegar a nuestro destino, todavía tenemos que andar durante unos quince minutos por calles donde apenas vemos un par de turistas, lo que nos hace pensar que quizá hay alguna forma más rápida, tranvía o autobús, de llegar ahí. Finalmente, a las cuatro de la tarde llegamos a Hundertwasserhaus, y podemos decir que nos sorprende para bien a los dos. Sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, pero no esperábamos que nos fuera a gustar tanto. Me parece muy bonita, muy colorida, preciosa. Y muy distinto a lo que te encuentras en muchos otros sitios, algo que me encanta. Salvando mucho las distancias, me recuerda a los típicos edificios de Antonio Gaudí. Tras pasar veinte minutos contemplando el edifico, y es que no puedo dejar de decir que nos encanta, nos dirigimos hacia el último punto del día, la iglesia de san Francisco de Asís, en Mexikoplatz.

Hundertwasserhaus.

Esta es una de las dos iglesias que apenas salen en las guías turísticas y que tenía interés en conocer, más por su exterior que por su interior. La primera era la iglesia de Maria von Siege, que había visto muy de lejos desde Schönbrunn. El problema es que además de encontrarse muy alejada, solo la había oído citar en una web, donde además se mencionaba que el barrio en el que se encontraba podía resultar un poco peligroso. Estos tres motivos, sobre todo los dos primeros, hacen que descarte ver esta iglesia y me decante por la de Mexikoplatz, que había oído más veces y que se encuentra a unas pocas paradas de donde nos encontramos. Así, a las cinco de la tarde llegamos a Mexikoplatz, cuyo nombre se debe a que México fue el único país que protestó ante la Sociedad de Naciones por la anexión de Austria a Alemania en 1938. Resulta curioso que unos años antes en México se hubiera asesinado a su emperador, de origen austríaco. La iglesia cumple con todas mis expectativas, gustándome mucho por lo diferente que es al resto de iglesias, ya que más que iglesia me recuerda a un castillo de cuento de hadas. Decidimos no entrar en su interior ya que en ese momento hay una boda y a que no creemos que merezca mucho la pena su interior. Con la excusa de verla desde otro punto de vista, decidimos llegar hasta el Danubio, que se encuentra a apenas medio minuto de la catedral, y desde donde podemos ver de lejos el barrio de la ONU con sus rascacielos. La verdad es que no deja de ser curioso que una ciudad tan importante como Viena no se haya asentado en los alrededores de un río importante como el Danubio, sino que lo haya hecho a un kilómetro de este. Sus motivos tendrían en la época.

Iglesia de san Francisco de Asis.

Tras ver de lejos el barrio de la ONU, o sea, tras no ver nada, y ver esta curiosa iglesia, decidimos dirigirnos al hotel a descansar. Sin embargo, se nos ocurre que ya que la primera parada entre Mexikoplatz y el hotel es la que da al Prater, el famoso parque de atracciones, merece la pena llegar quince minutos más tarde al hotel y poder decir que hemos estado en el Prater. La verdad es que el Prater no es nada del otro mundo, una especie de parque de atracciones antiguo que, desde mi punto de vista, solo llama al turista por el hecho de decir que se ha estado en él. Así, tras apenas diez minutos en el Prater, decidimos coger el metro e ir al hotel, a donde llegamos a las seis y cuarto, con tiempo de sobra para descansar. El viaje en metro es un poco accidentado, ya que vemos cómo una chica se desmaya ante los gritos y lloros de quien creemos que es su hermano pequeño.

Visita nocturna a san Carlos Borromeo.
Tras descansar un poco en el hotel y dejar medio preparadas las maletas para el día siguiente, nos dirigimos a cenar al Friday’s, que habíamos visto de casualidad el día anterior mientras buscábamos un lugar para comer. La verdad es que la ubicación del Friday’s es perfecta, pues está a unos pocos minutos de la iglesia de san Carlos, el último sitio que nos queda donde hacer fotos de noche. Aunque nada será lo mismo como el Friday’s de Budapest, disfrutamos las hamburguesas que comemos, pues desde el viernes anterior no comíamos una en condiciones y teníamos ganas tras tanta comida bávara e italiana.

Al salir de cenar, nos dirigimos a la iglesia de san Carlos, pasando previamente por el monumento a los soldados soviéticos, donde hay unas cuantas personas bebiendo en una especie de fiesta de empresa. Al principio me asusto, porque pienso que, al ser sábado, es un botellón, y la zona de la iglesia de san Carlos Borromeo debe ser un lugar perfecto para hacer botellón. Sin embargo, mis temores son infundados, y, a pesar de que hay unas cuantas personas haciendo fotos y algún grupo hablando, no hay mucha gente, por lo que podemos hacer una gran sesión de fotos, sacando las que, en mi opinión, son algunas de las fotos más bonitas del viaje.

Iglesia de san Carlos Borromeo.

Finalmente, tras más de media hora haciendo fotos, a las diez y cuarto decidimos dirigirnos en metro hacia el hotel, pasando previamente por la catedral de san Esteban para verla de noche por última vez. Minutos después de las once menos cuarto, llegamos muy contentos pues en el día de hoy hemos visto una de las joyas del viaje, el palacio de Schönbrunn, que nos ha encantado, siendo de lo mejorcito del viaje, y nos ha dado tiempo a ver las cosas sueltas que nos quedaban de Viena. Además, el día ha sido espectacular y, gracias a irnos pronto a la cama todos los días, hemos podido disfrutar toda la ciudad sin notar en ningún momento cansancio, uno de mis mayores miedos del viaje.

Gastos del día.
El día de hoy ha sido junto con el primero de Salzburgo, el que menos hemos gastado, ya que como únicamente hemos entrado en el palacio Schönbrunn y nos venía incluido en el Sisi Ticket, solo hemos pagado las comidas y el billete diario de metro, por lo que los gastos por persona han sido los siguientes:
  • Comida. 31.50 €
  • Transporte: 6.70 €
  • Varios: 4.52 €
  • Total: 47.42 €


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Día 8, viernes 7 de septiembre: Ring, Palacio Belvedere y Ópera de Viena

Como el día anterior habíamos cumplido más que con creces con lo que pretendíamos visitar, decidimos poner el despertador a las ocho y cuarto de la mañana, para poder descansar un poquito más. Cuando nos despertamos, vemos que el día es precioso, ya que el sol luce en el cielo como no lo ha hecho en todo el viaje.

El plan que tenemos para la mañana es recorrer todo el Ring viendo algunos de los edificios más conocidos de Viena, como la iglesia Votiva, el ayuntamiento, el Parlamento o la iglesia de san Carlos Borromeo. Después de comer tenemos previsto realizar una visita guiada a la Ópera de Viena, la más famosa del mundo. Y no sabemos muy bien cómo encajar el palacio de Belvedere. Ya veremos a lo largo del día.

Paseo por el Ring: iglesia Votiva, ayuntamiento y Parlamento; todo precioso.
Tras desayunar en la misma cafetería del día anterior, nos dirigimos hacia la iglesia Votiva, que se encuentra en un extremo del Ring, y que sería nuestro punto de partida del itinerario del día de hoy. Llegamos un poco más tarde de lo esperado, minutos antes de las diez de la mañana, y me quedo impresionado. Ya la había visto el día anterior de lejos, pero la verdad es que me sorprende para bien, pues no esperaba que me gustara tanto. La estampa de la iglesia frente a la campa verde, junto con ese sol espléndido, me parece espectacular. Y es que todavía no habíamos visto semejante sol en nuestro viaje. La única pega es que, cómo no, un anuncio tapa parte de la iglesia. Aun así, no consigue reducir la belleza de esta iglesia gótica. Hacía mucho tiempo que no veía una catedral gótica, exceptuando la catedral de san Esteban de Viena, y la verdad es que agradezco el volver a ver una catedral de este estilo, porque a veces uno olvida lo bonitas que llegan a ser. Sin embargo, el interior no me atrae demasiado, y es que creo que he quedado prendido para siempre de los interiores ultra decorados de iglesias como las de Múnich o Vilna.

Iglesia Votiva.

La siguiente etapa importante dentro del Ring es el ayuntamiento, uno de los edificios más famosos de Viena, y que se encuentra a apenas cinco minutos de la iglesia Votiva. Sin embargo, decidimos dar un pequeño rodeo para visitar la iglesia de Maria Treu Kirche, cuyos alrededores aparecen como destacados en mi guía, algo que no alcanzaba a comprender. Encontrar la iglesia nos lleva veinte minutos, llegando a las diez y media, y la verdad es que aunque es bonita, no sé si merece la pena la vuelta que hemos dado para verla. Sobre todo porque los alrededores me han parecido bastante simples. Quizás es que como estoy un poco agobiado por ver la mayor cantidad de cosas durante la mañana no disfruto lo suficiente de esta zona.

Así pues, una vez dejamos atrás Maria Treu Kirche, llegamos al ayuntamiento, a donde llegamos en apenas cinco minutos. Qué decir del ayuntamiento. El ayuntamiento es precioso, enorme, y me recuerda enormemente al ayuntamiento de Bruselas. Enfrente del ayuntamiento se encuentra una explanada de cemento en la que desgraciadamente hay un camión grúa, que impide que se saque del todo bien la foto. A pesar de que me gusta mucho el ayuntamiento, quizá echo en falta unos jardines en vez de una explanada de cemento. Pero bueno, tampoco se puede pedir mucho, es un ayuntamiento, no un palacio, y por encima de todo tiene que ser funcional. Frente al ayuntamiento, a apenas cien metros, se encuentra el Burgtheater, el teatro nacional, que probablemente es el teatro más importante del mundo en lengua alemana. Al igual que el ayuntamiento, por fuera es una preciosidad, y su interior no es menos espectacular, pero decidimos no entrar ya que la visita guiada cuesta cinco euros y consideramos que con ver la Ópera es suficiente.

Ayuntamiento.

Tras ver el Burgtheater nos dirigimos hacia el Parlamento, a donde llegamos en menos de cinco minutos. La verdad es que es impresionante el Ring: recorriéndolo andando, en quince minutos te encuentras joyas como el ayuntamiento, el Burgtheater o el Parlamento, además de la iglesia Votiva, que se encuentra a apenas cien metros del Ring. Con el Parlamento sí que me quedo sin palabras, me parece espectacular, precioso, impresionante… me faltan calificativos. Comparado con el Parlamento de Hungría, es bastante pequeño, pero es igual de espectacular. Es un edificio completamente blanco, de estilo neoclásico, que como he comentado he descubierto que me encanta dicha arquitectura, enfrente del cual se sitúa la fuente de Atenea, igual de blanca que el edificio, y más bonita aun si cabe. Al instante se convierte en el edifico que más me ha gustado del viaje.

Parlamento.

Tras diez minutos haciendo fotos nos dirigimos hacia el Volksgarten, que se encuentra enfrente del Parlamento. Al igual que muchos edificios, el parque también está en obras, y es que medio parque está vallado. Aun así, esto no impide que disfrutemos de este precioso y ajardinado lugar, en el que sobresale el templo de Diana, un edificio más blanco aun si cabe que el parlamento y que parece sacado de la antigua Grecia.

Tras unos breves minutos paseando por el parque, nos dirigimos hacia Maria-Theresien-Platz, que ya habíamos visitado la noche anterior, y donde se encuentran dos preciosos museos, el Museo de Historia del Arte y el Museo de Historia Natural. El primero es una preciosidad también por dentro, pero la entrada es excesiva como para únicamente ver el hall principal. Quizá deberíamos haber probado si se podía ver sin pagar, aunque dudo que se pudiera.

San Carlos Borromeo: la iglesia más bonita de Viena.
Continuamos con nuestro paseo por el Ring, y una vez finalizado nos dirigimos hacia el que en fotos me había parecido el edifico más bonito de todos: la iglesia de san Carlos Borromeo, Karlskirche. Previamente, vemos el edifico de la Secesión, uno de los más conocidos de Viena. Es bastante curioso, con esa bola amarilla en el techo, pero tampoco me parece demasiado interesante. Una vez vista el edificó de Secesión, nos dirigimos hacia el lugar que más ganas tenía de ver esta mañana. La iglesia de san Carlos Borromeo, a donde llegamos a las doce del mediodía, me deja impresionado al instante. No sabría decir si me gusta más que el Parlamento, que me ha gustado muchísimo, y prefiero no tener que elegir: los dos edificios son impresionantes. Tras admirarla por fuera, nos decidimos a entrar en su interior, y es donde tiene lugar la mayor estafa de todo el viaje, aunque sabíamos que existía. Y es que cobran por entrar seis euros. Hasta aquí, nada raro. El problema reside en que el interior de la iglesia está prácticamente tapado por andamios, ya que lo distinto de esta iglesia es que tiene un ascensor con el que se puede subir a la cúpula y ver los frescos a apenas dos metros de donde uno se encuentra. La idea no es mala, pero tiene el problema de que desde el suelo de la iglesia no se ve absolutamente nada. Así pues, tras ver los frescos desde lo alto de la iglesia, a las doce y media salimos de esta y nos dirigimos hacia el último gran destino de la mañana: el palacio de Belvedere, uno de los tres grandes palacios de Viena y que, al igual que el Hofburg, se encuentra en el centro de la ciudad.

Iglesia de san Carlos Borromeo.

Palacio Belvedere: un poco menos de lo esperado.
Tardamos veinticinco minutos en llegar al Belvedere, aunque el camino no se nos hace para nada pesado, ya que vemos edificios y lugares muy bonitos, como la embajada de Francia o el monumento a los soldados del ejército rojo, que me recuerda muchísimo al que vimos en Berlín unos meses antes. Así pues, minutos antes de la una llegamos al palacio Belvedere, donde paseamos por sus jardines durante media hora. La verdad es que no me gusta tanto como esperaba, ya que lo encuentro bastante soso. No sé si es que están reponiendo las flores o qué, pero el hecho es que me parece muy simple todo. Apenas las cascadas y las estatuas consiguen agradarme. Quiero pensar que en otra época del año el jardín estará lleno de flores, de forma que este sea mucho más bonito.

Palacio Belvedere.

Tras media hora paseando por los jardines, decidimos ir en busca de un restaurante, ya que a las tres de la tarde tenemos prevista hacer una visita guiada en la Ópera. Para nuestra sorpresa, encontramos un Friday’s, pero este está cerrado, así que al instante decidimos cenar en él al día siguiente, cuando vayamos a hacer fotos nocturnas de la iglesia de san Carlos Borromeo. Rápidamente encontramos otra hamburguesería que no tiene mal pinta y que se encuentra a apenas cinco minutos de la Ópera.

Hamburguesa que comí.

Visita guiada por la Ópera y paseo final.
Tras comer, nos dirigimos hacia la Ópera, donde a las tres de la tarde tenemos previsto realizar una visita guiada en castellano, al igual que hicimos el año anterior en la Ópera de Budapest. La verdad es que la Ópera es muy bonita, y los casi cincuenta minutos de tour se me hacen muy entretenidos, sobre todo por la amabilidad de la guía, que da las explicaciones de forma bastante amena, centrándose en explicarnos el funcionamiento logístico de la ópera más que en la historia del propio edifico, lo que es bastante interesante. Además, tenemos la grandísima suerte, o eso nos dicen, de poder ver la parte de atrás del escenario, viendo cómo son los decorados. Afortunadamente, a diferencia de la Ópera de Budapest, en esta no me mareo y la puedo disfrutar durante todo el recorrido. Desde luego, los seis euros y medio que ha costado cada entrada nos han merecido mucho la pena. Aun así, mi novia, que pudo ver las dos óperas, la de Viena y la de Budapest, se queda con la de Budapest, que la encuentra mucho más lujosa que la de Viena.

Una vez en la calle, decidimos aprovechar que enfrente de la Ópera se encuentra el hotel Sacher, donde sirven la tarta Sacher original, motivo por el que aprovechamos para hacer un descansado y tomarnos cada uno un trozo de la famosa tarta. Como no soy muy experto, no noto gran diferencia entre esta tarta y la del día anterior, pero parece ser que la cantidad de mermelada que tiene es mayor. Una vez en la calle, vemos que hay bastante policía y mucha gente en torno al hotel Sacher. Como cotillas que somos, nos quedamos cinco minutos esperando a ver qué ocurre, y cuál es nuestra sorpresa cuando vemos llegar en un coche a la canciller alemana, Angela Merkel.

Tarta Sacher.

Continuamos nuestro recorrido y nos dirigimos hacia el Burggarten, un parque que se encuentra muy cerca del que habíamos visto esta mañana, y que, salvo por los invernaderos tan curiosos que tiene, no me llama demasiado la atención. Así pues, decidimos dar por concluido el día, pues hemos visto todo lo que se encuentra en los alrededores del Ring, la iglesia de san Carlos Borromeo y el palacio Belvedere y hemos hecho incluso un tour guiado por la Ópera más famosa del mundo. Nos ponemos en camino en dirección al hotel, a donde llegamos a las cinco y media de la tarde.

Paseo nocturno por el Ring.
Tras un merecido descanso, salimos pronto del hotel, pues queremos ver la representación de Don Carlo, de Mozart, de la ópera de Viena, pues se puede ver gratis en una pantalla que hay en la fachada de la Ópera. La verdad es que es una grandísima idea para acercar la cultura a la gente. Sorprende que a pesar de poder verse gratis en el exterior, la Ópera de Viena se llena casi todas las funciones. Tras comer en un italiano cercano a la ópera, decidimos dar un paseo por el Ring viendo los mismos edificios que esa misma mañana, pero de noche. Así, comenzamos el recorrido con la Ópera, y seguimos con el Parlamento y el Ayuntamiento. A diferencia de lo que esperaba, el Parlamento está muy poco iluminado. Sin embargo, el ayuntamiento es muy iluminado y es precioso. Y, para nuestra sorpresa, el camión que había a la mañana ha desaparecido, por lo que apuntamos el ayuntamiento como lugar al que volver de día el domingo. Al igual que el ayuntamiento, el Burgtheater está muy iluminado. Para mi sorpresa, nos acercamos hasta la iglesia Votiva, que también de noche está muy iluminada. Lástima el anuncio que fastidia bastante la imagen. Finalmente, a las once de la noche llegamos al hotel y damos por finalizado el día.

Ópera de Viena.

Ayuntamiento.

Gastos del día.
El día de hoy fue un día de gasto medio, ya que no hicimos especialmente nada relevante. Hicimos dos comidas como las de cualquier día, y apenas gastamos en turismo en la entrada a san Carlos Borromeo y en la visita guiada en la Ópera.
  • Comida. 66.40 €
  • Turismo: 25.00 €
  • Varios:  4.28 €
  • Total: 47.84 € por persona.


jueves, 1 de noviembre de 2012

Día 7, jueves 6 de septiembre de 2012

Tras muchos días de viaje, ha llegado el momento de conocer Viena, una de las ciudades más bonitas de Europa. A pesar de que tenemos tres días y medio para conocer la ciudad, decidimos poner el despertador a las ocho menos cuarto, ya que no tenemos muy claras las distancias y queremos asegurarnos de que vamos a visitar la ciudad con toda la tranquilidad que esta se merece. Cuando nos despertamos, vemos que el cielo está un poco nublado, pero no nos desanimamos, porque está mucho menos nublado que otros días y las previsiones de tiempo son que a medida que avance el día vaya saliendo el sol para no abandonarnos en lo que queda de viaje. Al menos, hemos tenido suerte ya que el mejor tiempo lo vamos a tener en la ciudad que más ganas teníamos de conocer.

Alrededores de la catedral: bastantes iglesias bonitas.
Lo primero que hacemos es dirigirnos en busca de un lugar donde desayunar, encontrando un Starbucks donde rápidamente nos damos cuenta de que los precios son bastante más elevados que los que habíamos visto en Múnich, algo que nos sorprende ya que la cena del día anterior no había sido excesivamente cara, costando más o menos lo mismo que en Múnich o Salzburgo. Tras desayunar, a las nueve de la mañana decidimos ponernos en marcha. En primer lugar decidimos callejear un poco por sus alrededores en busca de unas cuantas iglesias que había leído que eran preciosas. La primera que encontramos, la iglesia de los jesuitas, Jesuitenkirche, cumple con las expectativas que tenía de que era una de las iglesias más bonitas de Viena. Es preciosa, espectacular, recordándome mucho a la iglesia de Santiago de Praga, una iglesia pequeñita, escondida, y que uno no ve si solo se fija en las cinco cosas principales de cada ciudad. Tras visitar dicha iglesia nos dirigimos hacia la cercana iglesia de los dominicos, que no le andan nada a la zaga, con un color blanco muy similar a la iglesia de san Cayetano o la Michaeleskirche de Múnich. La verdad es que en apenas veinte minutos de visita hemos visto dos iglesias preciosas, parece que Viena promete mucho.

Jesuitenkirche.

Tras seguir callejeando por los alrededores de la catedral, viendo distintos edificios muy muy bonitos en sus distintas callejuelas empedradas, nos dirigimos hacia uno de los lugares turísticos más importantes de Viena: la catedral de san Esteban. El acceso a la catedral de san Esteban es gratuito, pero realizar una visita completa es muy caro. Así, a pesar de que el acceso a la catedral es gratuito, solo se puede visitar media nave, ya que para visitar el resto hay que pagar cuatro euros y medio, tanto como subir a cada una de las dos torres o ver  las catacumbas. A pesar de que cuando me había levantado tenía previsto pagar por ver el interior de la catedral y por subir a la torre norte, decidimos conformarnos con ver únicamente la zona gratuita, ya que no creo que las catacumbas vayan a ser demasiado interesantes, máxime cuando en Viena tenemos que ver la famosa cripta de los Capuchinos, las vistas desde cualquiera de las dos torres de la catedral no son nada del otro mundo y lo que vamos a ver del interior de la catedral pagando no es mucho más que lo que se ve desde la zona gratuita.

A pesar de ser muy similar a muchas catedrales, la verdad es que me gusta bastante. Desde luego, no me gustan tanto como muchas de las iglesias que he visto este año, pero aun así la encuentro muy interesante. No obstante lo que más me gusta de la catedral es su exterior, su tejado lleno de tejas con el dibujo del águila imperial. Como me esperaba, parte de la catedral está tapada por nos andamios, y es que llevan mucho tiempo en obras. No obstante, los andamios son lo suficientemente discretos como para que no  importe demasiado al turista la restauración de la catedral. Tras salir de la catedral y hacer una sesión de fotos toca pensar en lo que vamos a ver durante la mañana. En un principio, la idea era pasar la mañana viendo toda la zona de los alrededores de la catedral, la zona más antigua de la ciudad, viendo el barrio judío de forma que pudiéramos ver el reloj Anker a las once la mañana y acabando la mañana con una visita a la zona del Freyung y a la iglesia Votiva. Sin embargo, las distancias son más cortas de lo esperado, y nos damos cuenta que, al ser las diez y cuarto, no tiene sentido dirigirnos hacia el barrio judío, ya que todavía queda mucho tiempo para la que suene el reloj Anker.

Continuando con el centro de Viena.
Así, decidimos cambiar los planes y dirigirnos hacia los alrededores del Hofburg, uno de los palacios del centro de la ciudad. En apenas unos minutos, poco después de las diez y media llegamos al Neuer Markt, donde tras hacernos unas fotos con la fuente Donner, una de las muchas y preciosas fuentes que hay en Viena, entramos a la Cripta Imperial, o Cripta de los Capuchinos, donde descansan los cuerpos de numerosos monarcas de la dinastía Habsburgo. Disfruto enormemente los veinte minutos que vemos las tumbas de los Habsurgo, algunas tan espectaculares como la de Maria Teresa, que me resulta impresionante. La única pega es un grupo de jubilados franceses que hace que en ocasiones me sea imposible sacar fotos de las tumbas sin que aparezca nadie. Al salir tenemos sensaciones encontradas; mientras para mí los cinco euros de entrada han merecido sin duda la pena, ya que la cripta es algo de lo que más me ha gustado del viaje, a mi novia no le ha gustado mucho la cripta y si por ella fuera no habría entrado.

Cripta de los Capuchinos.

Tras ver la iglesia de los capuchinos, que en comparación con el resto de iglesias que hemos visto es bastante pobre, nos dirigimos hacia la Kärntner Strasse, una calle peatonal muy señorial con preciosas fachadas a ambos lados de la calle, hasta que veinte minutos después, a las once y media, llegamos a la Ópera, siendo ese momento uno de los más cómicos del viaje. Y es que el camino hacia la Ópera lo habíamos hecho bastante despacio, pues yo estaba mirando embelesado todas las fachadas de Kärntner Strasse, y no me doy cuenta de que me voy aproximando a la Ópera. Y justo en el momento en que me dispongo a hacer una foto al hotel Sacher, que se encuentra al lado de la Ópera, veo la Ópera y al fondo una estatua preciosa del museo Albertina. Y me quedo con la boca abierta sin saber a qué hacer fotos. Me parece todo tan bonito que no sé por dónde empezar a fotografiar. La verdad es que la zona de Kärntner Strasse y la ópera es muy bonita.

El encanto desaparece cuando nos damos cuenta de que el tiempo se nos ha pasado volando y que en poco más de media hora tenemos que estar en el barrio judío para ver el espectáculo del reloj Anker. Así, tras sacar unas pocas fotos a la ópera más famosa del mundo, nos dirigimos casi a la carrera hacia el barrio judío, pasando por Michaelerplatz aguantándome las ganas de pararme y sacar fotografías. Al final, resulta que no había hecho falta correr tanto, ya que diez minutos antes de las doce nos encontramos enfrente del reloj Anker, donde se encuentran unas cuantas personas esperando que comience el espectáculo. Este es bonito, pero se nos hace largo, pues dura casi diez minutos y consiste en ver pasar, muy lentamente, doce imágenes que representan a distintos reyes de la dinastía Habsburgo.

Tras ver el espectáculo del reloj Anker, nos decidimos a visitar el barrio judío, viendo iglesias como Ruprechtskirche o Maria am Gestade, así como Judenplatz, donde se encuentra el famoso memorial del Holocausto, que no lo podemos ver con el silencio que se merece debido a que un español comienza a gritarle a una señora que está hablando por teléfono justo enfrente del monumento, impidiendo a la gente hacer fotos. Tras Judenplatz, finalizamos la visita del barrio judío con la plaza Am Hof, que me gusta bastante más de lo que esperaba en un principio.

Freyung: un rinconcito de Viena.
Como apenas es la una menos cuarto, decidimos dirigirnos hacia la cercana zona del Freyung, una pequeña plaza de Viena en la que se encuentra la Schottenkirche, y una serie de pequeños palacios con unas fachadas muy bonitas. Como nos sentimos bastante animados, decidimos acercarnos hasta la Votivkirche, una de las iglesias más famosas de Viena, con el objetivo de verla de lejos. De camino a Votivkirche, pasamos delante de edificios como la Bolsa o la sede la OPEP, que curiosamente se encuentra en esta ciudad. Tras volver a pasar por Freyung y ver de nuevo la plaza, tampoco merece la pena dedicarle mucho tiempo, nos dirigimos a los alrededores del Hofburg en busca de un restaurante.

Hofburg y alrededores.
Tras comer algo de pasta en un restaurante que por supuesto no puede ni compararse con italiano el de Salzburgo, decidimos comer nuestra primera tarta Sacher de Viena, aprovechando que nos encontramos a apenas cinco minutos de la confitería Demel, que es junto con el Hotel Sacher el lugar más famoso de Viena donde se puede comer la tarta Sacher. Cuando llegamos a la confitería Demel, que tiene el aire magno de las confiterías antiguas, descubrimos para nuestra sorpresa que el precio de la tarta Sacher es bastante menor de lo que esperábamos. Sin embargo, decidimos coger un trozo de tarta para llevar, que sale aun más barato, ya que no estamos seguros de que nos vaya a gustar, por lo que no queremos pedir dos trozos, y no queremos tomar en ese momento café o similar, y nos da un poco de apuro ocupar una mesa para pedir únicamente un trozo de tarta Sacher. Como la confitería se encuentra a apenas unos metros de Michaelerplatz, decidimos dirigirnos ahí para comer la tarta con vistas a la entrada del Hofburg. Encuentro la tarta bastante rica, con esa mezcla de chocolate y mermelada de albaricoque, pero no sé si es porque no tengo morro fino y no está hecha la miel para la boca del cerdo, que sin duda prefiero una tarta entera de chocolate tipo “muerte por chocolate”. A pesar de que para mí no es la mejor tarta del mundo, disfruto mucho esos momentos en los que comemos la tarta mientras vemos la entrada de Michaelertor y vemos cómo las nubes van poco a poco desapareciendo del cielo.

Al finalizar la tarta, y como todavía no son las tres de la tarde, decidimos entrar al palacio de Hofburg, a pesar de que en un principio teníamos previsto visitarlo el segundo día en Viena. El motivo del cambio de decisión es que los próximos tres días van a ser muy soleados, y a pesar de que la tarde se prevé poco nublada, preferimos aprovechar el día con peor tiempo para hacer todas las visitas posibles a interiores y así dedicar el resto de días a pasear por las calles, ver jardines y demás.

Así, entramos en el Hofburg y por 23.50 € cada uno compramos el Sisi Ticket, un ticket que nos va a permitir entrar al Hofburg, al Schönbrunn saltándonos las colas y al museo del mueble, donde no tenemos previsto entrar. El Hofburg tiene dos zonas muy diferencias; por un lado se encuentra la vajilla de Sisi y por otro lado las habitaciones imperiales. La vajilla de Sisi me gusta bastante más de lo que esperaba. No sé si es porque tengo el día optimista, pero todo lo que veo me está gustando, y los cientos de vajillas y cubiertos que pensaba que no me iban a gustar me parecen muy interesantes. Desgraciadamente, como pensábamos que no nos iba a gustar, no cogemos la audio guía gratuita, lo que hace que no sepamos nada de los platos o cubiertos que estamos mirando. Al finalizar con la visita a la vajilla, y antes de entrar en las habitaciones imperiales, nos dirigimos hacia la zona de las audio guías para poder enterarnos del recorrido que vamos a hacer. Con estas en la mano, nos dirigimos hacia las habitaciones imperiales, que no dejan de ser las habitaciones de un palacio como cualquiera de los que hemos visto en este viaje, pero con una clara referencia hacia el personaje de Sisi. Así, la audio guía explica en todo momento la vida y milagros de Sisi, su relación con la corte y el pueblo, y la relación que tienen con Sisi cada una de las habitaciones que vamos visitando. La verdad es que la visita me parece bastante interesante, y la hora y cuarto de visita total al Hofburg se me pasan muy rápidamente.

Ua vez en la calle, decidimos dirigirnos hacia Heldenplatz, donde íbamos a ver una los lugares más impresionantes de Viena, la imponente fachada del Hofburg. Afortunadamente, no hay ningún andamio que impida disfrutar con dicha fachada. Pero como parece que a veces la mala suerte nos persigue, parece ser que el fin de semana va a haber una fiesta de comida tradicional, por lo que han montado muchas casetas e incluso un escenario cerca de la entrada del Hofburg por Heldenplatz, lo que impide sacar las fotos más bonitas, teniendo que conformarnos con ver de cerca la fachada. A pesar de ello, no dejamos de disfrutar este edifico, ya que es precioso. Y al darnos la vuelta descubrimos una sorpresa, ya que a lo lejos se vislumbra el ayuntamiento de Viena, otro de los lugares más importantes de la ciudad, y que me recuerda mucho al de Bruselas.

Hofburg desde Heldenplatz.

La Biblioteca Nacional, también llamada Prunksaal, era otro de los lugares que teníamos previsto visitar al día siguiente. Aun así, al igual que el Hofburg, decidimos entrar a verla para tacharla del itinerario. No hay mucho que decir sobre la Biblitoeca Nacional: es una maravilla. Además, inexplicablemente, apenas tiene visitantes en el momento en que entramos, y eso que se encuentra a unos pocos metros del Hofburg. Quizá los siete euros de entrada tienen la culpa… Aunque no es demasiado grande, la Biblioteca Nacional es una sala preciosa llena de libros y con paredes y suelos de mármol que recuerdan a los de una iglesia. Desgraciadamente, al fondo hay una exposición con anuncios turísticos austriacos antiguos, lo que dificulta el sacar fotos bonitas del lugar.

Biblioteca Nacional.

Cena en restaurante típico y paseo nocturno.
Tras descansar en el hotel nos dirigimos hacia uno de los restaurantes más conocidos de Viena, el Figlmüller, famoso por tener los, según ellos, mejores Wiener Schnitzel de la ciudad. A pesar de llegar bastante pronto, antes de las ocho y media, vemos que hay algo de cola, unas quince personas delante de nosotros. A pesar de nuestros temores, la cola avanza bastante rápido y apenas quince minutos después ya tenemos asignada una mesa dentro del restaurante. Como no podía ser de otra forma, pedimos el famoso Wiener Schnitzel de cerdo. La verdad es que está muy rico, me encanta el escalope, pero lo encuentro un poco artificial. Hasta ese momento, todos los escalope que me han servidos eran irregulares, abombados… este es perfectamente plano y perfectamente redondo. A pesar de ello, está muy rico y no dejo ni un solo trozo. Cuando salimos, a las nueve y media de la noche, no hay nadie esperando en la cola. Debe ser que los europeos cenan pronto. 

Wiener Schnitzel del Figlmüller.

Afortunadamente, a diferencia de Alemania, en Viena la mayoría de los edificios más importantes están iluminados de noche, por lo que tenemos pensado ir cada día a una zona de la ciudad a hacer fotos nocturnas. Así, en primer lugar nos dirigimos, que está bastante bien iluminada. Tiene la pega de que es muy difícil sacar fotos sin que salga gente o coches en movimiento, pero aun así las fotos que sacamos son muy bonitas. Tras hacer unas cuantas fotos a la Ópera, nos dirigimos hacia el Hofburg, donde hacemos unas fotos en Heldenplatz preciosas, aunque no todo lo bonitas que serían si no estuviera la plaza llena de casetas. Finalmente, decidimos dirigirnos hacia la cercana Maria Theresien Platz, donde se encuentran el Museo de Historia Natural y el Museo de Historia del Arte, dos museos gemelos que se encuentran uno enfrente del otro. Lamentablemente, la estatua de María Teresa está completamente tapada, y la mitad de la fachada de los dos museos también. Aun así, intentamos consolarnos pensando que podemos disfrutar de la mitad de la fachada de los dos museos. Finalmente, nos dirigimos andando hacia el hotel, a donde llegamos a las once y cuarto muy contentos por todo lo que hemos visto en el día de hoy.

Hofburg desde Heldenplatz.

Gastos del día.
El día de hoy ha sido de largo aquel en el que más hemos pagado de todo el viaje, debido a que gastamos más que otros días en visitar distintos monumentos, como la Biblioteca Nacional y la Cripta de los Capuchinos, y a que además compramos el Sisi Ticket. Así, los gastos por persona son los siguientes:

  • Comida: 36.15 €
  • Turismo: 35.50 €
  • Varios: 4.77 €
  • Total: 76.42 € por persona.

martes, 30 de octubre de 2012

Día 6, miércoles 5 de septiembre de 2012: Fortaleza de Hohensalzburg, casa de Mozart, mirador de Monchsberg y paseo en barco.

Nuestro segundo y último día en Salzburgo comienza minutos después de las ocho, momento en el que suena el despertador. La noche anterior nos habíamos puesto en una disyuntiva: ¿poníamos el despertador pronto e intentábamos visitar el cercano palacio de Hellbrunn o por el contrario lo poníamos un poco más tarde, de forma que podíamos descansar más y, sobre todo, ver Salzburgo sin ningún agobio, cosa que seguramente nos ocurriría si íbamos a Hellbrunn? Al final, nos decidimos por esta segunda opción, que, aunque quizá no es la mejor de las dos, sí cumplió nuestro propósito de ver la ciudad con tranquilidad.

Fortaleza de Hohensalzburg: unas vistas que podrían haber sido más espectaculares.
Así pues, a las diez menos veinte salimos del hotel una vez hemos desayunado y hemos pedido que nos guarden las maletas. Nuestro primer destino es la fortaleza de Hohensalzburg, la que seguramente es la atracción turística más importante de la ciudad, y que es visible desde casi cualquier punto de esta. Tras coger el autobús y andar luego diez minutos, llegamos al funicular que sube hasta el castillo. No hay mucha cola, pero gracias a la Salzburg Card conseguimos saltárnosla, y a las diez y cuarto estamos a las puertas del castillo observando la ciudad desde los miradores de la montaña.

A pesar de que hace calor, el día está bastante nublado, lo que impide que pueda ver los Alpes, que era una de las cosas que más aguardaba de este viaje: poder llevarme una foto en la que apareciera con los Alpes nevados. De vuelta Bilbao, un compañero de trabajo intentaría animarme diciendo que eso era como la típica postal de San Vicente de la Barquera, con los Picos de Europa Nevados, algo que ocurre una vez al año, día en la que hacen la postal. No sé si terminó de convencerme… Tras unos pocos minutos haciendo fotos, decidimos entrar en el interior del castillo, donde en primer lugar vemos el museo de marionetas, que a pesar de ser excesivamente pequeño, me gusta más de lo que esperaba, lo cual no es difícil, ya que no esperaba que me gustara en absoluto. Continuamos nuestra visita por la fortaleza, y la verdad es que no se puede decir que nos apasione en absoluto, ya que apenas estamos más de media hora, pudiendo decir que lo único que nos ha gustado han sido las vistas, a pesar de que eran más bonitas las del día anterior desde el mirado de los capuchinos.

Salzburgo desde el mirador de la fortaleza de Hohensalzburg.

Continuando con la Ciudad de Salzburgo: casa natal de Mozart y vistas desde Monchsberg.
El siguiente punto importante de nuestro recorrido es el mirador de Monchsberg, desde donde vamos a ver de nuevo Salzburgo desde otra perspectiva. Para hacer algo de tiempo, nos dirigimos hacia la casa natal de Mozart, a donde llegamos tranquilamente minutos antes de las once y media, ya que nos paramos casi en cada esquina a hacer fotos. En la casa de Mozart no estamos mucho tiempo, apenas quince minutos, pues como esperamos, no nos entusiasma en absoluto. Desde luego, nos parece una barbaridad que cobren 10 € por entrar ahí. Supongo que el precio es el que es para que luego uno pueda decir que estuvo en la casa en la que nació Mozart. Personalmente, si no me viene a venir incluida en la Salzburg Card, no habría entrado. Y es que siempre he pensado que todas esas casas natales o casas en las que vivieron distintos artistas, escritores, músicos, políticos... solo interesan a quien esté muy interesado en el personaje en cuestión, como me ocurrió a mí con la visita a la casa de Anna Frank en Ámsterdam.

Cocina de la casa natal de Mozart.

Una vez en la calle, nos dirigimos hacia el ascensor que sube al mirador de Monchsberg, mirador al que llegamos a las doce menos cuarto. Las vistas desde el mirador me parecen bastante más bonitas que desde la fortaleza porque puedes ver la ciudad de Salzburgo coronada por la fortaleza, algo que, obviamente, no puedes ver desde la propia fortaleza. Sin embargo, creo que me quedo con las vistas del día anterior desde el mirador de los capuchinos, ya que desde Monchsberg no se aprecia tan bien la catedral, pues la tapa en parte la Kollegienkirche. En Monchsberg estamos apenas quince minutos, descartando dar un paseo por la zona, ya que a la una queremos realizar un paseo en barco y tenemos que comprar los billetes. Tras comprar los billetes tres cuartos de hora antes de la salida, decidimos dedicar el tiempo que queda en continuar paseando por Salzburgo, viendo las mismas calles y plazas que hemos visto durante la mañana y que habíamos visto el día anterior, y que no nos cansamos de ver. Cómo no, en nuestro paseo no falta la típica Getreidegasse y Alter Markt, una de las plazas que más me ha gustado de Salzburgo, con sus casas color pastel. Preciosas.

Salzburgo desde el mirador de Monchsberg.

Paseo en barco por Salzburgo y despedida final de la ciudad.
Tras hacer algo de tiempo, a la una del mediodía iniciamos el paseo en barco que durante cincuenta minutos, diez más de lo esperado, nos hace recorrer el río Salzsach viendo la ciudad desde una perspectiva diferente. La verdad es que nos gusta menos de lo esperado y, al igual que ocurre con la casa de Mozart, los catorce euros que cuesta me parece una exageración. Lo mejor del viaje, las vueltas sobre sí mismo que da el barco a ritmo de vals para despedirnos.

Fortaleza de Hohensalzburg desde el Salzsach.

Como ya es la hora de comer, nos dirigimos hacia un Burger King de la calle Grieagasse. Hacía muchísimo tiempo, años, que no pisaba un McDonald’s o un Burger King. Sin embargo, tenemos ganas de comernos una hamburguesa del Burger King, ya que estamos un poco saturados de italianos y comida bávara y austríaca. Como acabamos de comer relativamente pronto, dedicamos un par de horas a dar un último paseo por la ciudad, comprando unos bombones Mozart y unos barquillos Manner, muy típicos de Austria, así como a tomarnos un café con helado en Alter Markt, mi plaza favorita, con vistas a la catedral. Una inmejorable manera de finalizar nuestra visita a Salzburgo.

Como nuestro tren sale a las seis de la tarde, cogemos un autobús, haciendo como si todavía fuera válida la Salzburg Card, cuando hacía dos horas que no era válida, y nos dirigimos al hotel a por nuestras maletas. Con las maletas en la mano tardamos apenas quince minutos en llegar a la estación de tren. El tren, que hace la ruta XXXX-Viena, llega puntual a la estación, dejándonos en Viena a las nueve menos cuarto. El viaje nos resulta muy cómodo, ya que como habíamos reservado asiento hacía meses, nos tocan unos asientos con mesilla, donde podemos leer o jugar a las cartas con facilidad. Además, el tren es sin duda el más moderno en el que he estado (he estado en poco), con conexión wifi y con pantallas que muestran la posición del tren en el recorrido y la velocidad de este, alcanzándose en ocasiones velocidades de 190 km/h.

Cena en Viena, fotos de la catedral y a dormir: mañana nos espera una ciudad preciosa.
Una vez en Viena, compramos unos billetes sencillos del metro, dos euros cada uno, y nos dirigimos hacia nuestro hotel, que se encuentra al otro lado de un canal que cruza Viena. Tras dejar las maletas en nuestra habitación, un poco menos modesta que la de Salzburgo, salimos a buscar un lugar donde cenar. Rápidamente encontramos una zona del barrio judío con numerosos restaurantes, muchos de los cuales tienen muy buena pinta. Nos decidimos por un italiano donde cada uno comemos una pizza bastante rica. Desgraciadamente, nada volverá a ser como el restaurante italiano de Salzburgo. Finalizamos el día dando un paseo hasta la cercana catedral de san Esteban, con el objetivo de tomar distancias para el día siguiente, donde hacemos unas cuantas fotos de esta, a pesar de que únicamente desde una zona concreta se tienen bonitas vistas. Por último, nos dirigimos al hotel, a donde llegamos a las once y cuarto, muy contentos por haber conocido una ciudad preciosa como Salzburgo, y aun más contentos ante la perspectiva de los cuatro días que nos esperan conociendo una e las ciudades más bonitas de Europa, donde afortunadamente, las previsiones de tiempo son excepcionales.

Catedral de san Esteban.

Gastos del día. 
Obviamente, este fue el día que menos gastamos de todo el viaje, ya que todas las entradas nos venían incluidas en la Salzburg Card y una de las comidas que hicimos fue en el Burger King, de forma que este día gastamos la mitad que en la mayoría de días. Me quedo con un sabor contradictorio con  la Salzburg Card. Hemos pagado 25 € por ella y hemos tenido transporte gratis durante un día, hemos accedido a la Residenz (9€), visto la fortaleza de Hohensalzburg (11 € incluyendo el funicular), la casa de Mozart (10 €) y un paseo en barco (14 €), además de entrar gratis en las catacumbas de la abadía de san Pedro. Por un lado se podría decir que nos ha salido muy ventajosa, pero por otro lado seguramente no habría entrado en ninguno de esos sitios, salvo la Residenz, que me ha parecido espectacular, ni habría hecho el paseo en barco. Aun así, prefiero irme con la idea de que, a pesar de que no habría entrado, pagar 25 € por ir a todos esos sitios ha sido una muy buena idea, ya que seguramente me habría quedado con la espina de no poder decir que había ido a dichos sitios. Como muestra de que fue el día más barato del viaje, los gastos por persona fueron los siguientes:
  • Comida: 18.19 €
  • Transporte: 4.00 €
  • Varios: 5.70 €
  • Total: 25.80 € por persona


lunes, 29 de octubre de 2012

Día 5, martes 4 de septiembre de 2012: Llegada a Salzburgo, jardines de Mirabell, Residence y paseo por el caso antiguo

Hoy comienza una nueva etapa en nuestro viaje, pues dejamos atrás Múnich para conocer Austria, ya que hoy nos espera una de las ciudades más bonitas de Europa: Salzburgo. En principio teníamos previsto coger el tren que salía de Múnich a a las 9:27 y que llegaba a Salzburgo minutos antes de las once, a las 10:56, completando el recorrido en menos de hora y media. Este tren era perfecto, ya que era el primero después de las nueve de la mañana, hora a partir de la cual podíamos usar el Bayern Ticket, y porque realizaba el recorrido en apenas hora y media, de forma que antes de las doce del mediodía podríamos estar haciendo turismo. Sin embargo, la Bayern Ticket tampoco puede usarse con todo tipo de trenes, y este era uno de ellos. Así, el día anterior, cuando compramos el Bayern Ticket, descubrimos que no podíamos usarlo hasta las 9:42, de forma que llegaríamos dos horas después a Salzburgo, tres cuarto de hora después de lo previsto. Un pequeño contratiempo que no nos entristeció demasiado porque pensábamos que tendríamos tiempo de sobra para ver Salzburgo.

Así, con esta hora de salida, ponemos el despertador a las ocho y cuarto, para que nos dé tiempo a desayunar tranquilamente. Tras desayunar en el Starbucks de la estación mientras leo una portada en de un periódico con un dibujo de Cristiano llorando que día Keine mag mir (nadie me quiere), nos dirigimos hacia el tren que nos llevará a Salzburgo, al que llegamos más justos de lo que pensamos. En el tren constatamos lo que ya hemos visto durante estos días en Múnich: la enorme insolidaridad que hay en muchos sitios de la ciudad, especialmente en las estaciones de tren. Y es que nos cuesta muchísimo encontrar un sitio para nosotros dos, ya que la mayoría de sitios, los sitios están distribuidos de cuatro en cuatro, están ocupados en su mayoría por dos personas que, o bien no dejan sus maletas en la zona del equipaje o bien ocupan ellas dos las cuatro plazas, y en ningún momento hacen ademán de dejarte sitio. Tras mucho buscar, encontramos dos sitios cercanos separados únicamente por el pasillo. Al final ha resultado que la cantidad de gente que creía que me iba a encontrar en el tren a Füssen ha sido la que me he encontrado en el tren a Salzburgo.

El recorrido discurre sin problemas, llegando puntualmente a Salzburgo dos horas después de nuestra salida, a las 11:42, anunciándonos la llegada la fortaleza de Hohensalzburg que vemos a través de la ventanilla. A pesar de que llegábamos tres cuartos de hora más tarde de lo que pensábamos el día anterior, nos animamos bastante ante la perspectiva de poder ver la ciudad con sol, ya que las previsiones para los dos próximos días son de nubes sin apenas nada de lluvia y con momentos de sol. Una vez en Salzburgo, lo primero que hacemos es comprar la Salzburg Card, una tarjeta que durante 24 horas nos va a permitir entrar gratuitamente en casi todos los lugares de interés de la ciudad, además de tener el transporte público gratis. Solo por veinticinco euros cada uno.

Tras unos momentos de indecisión sobre cómo llegar a nuestro hotel, encontramos el camino correcto y llegamos a las doce y cuarto. La verdad es que la ubicación del hotel no es demasiado buena, ya que se encuentra a veinte minutos andando del centro turístico de la ciudad. Sin embargo, no nos desanimamos, ya que veinte minutos no es mucho y tenemos la tarjeta del transporte público gratis con la Salzburg Card.

Tras dejar nuestras cosas en el hotel salimos de la habitación, bastante más modesta que la de Múnich, lo cual no es de extrañar dado el enorme tamaño de la habitación de ese hotel, salimos a la calle con todas las ganas del mundo de conocer Salzburgo.

Jardines de Mirabell y mirador de Kapuzinerberg: Salzburgo promete.
A pesar de que tenemos el transporte público gratis, este solo nos dura veinticuatro horas, y preferimos aguardar un poco a usar la tarjeta para poder usarla al día siguiente por la tarde. Es por esto que decidimos ir andando hacia el primer punto del itinerario, los jardines de Mirabell, una de las atracciones más importantes de Salzburgo. Cuando llegamos, minutos después de la una menos cuarto, vemos de inmediato una de las postales más famosas de Salzburgo, y es la de los jardines de Mirabell con la fortaleza de Hohensalzburg al fondo, coronando el monte. Afortunadamente, el día es soleado, y a pesar de que hay algo de bruma en el ambiente, la imagen de la fortaleza al fondo es muy bonita aunque, obviamente, no todo lo espectacular que sería en un día claro. Durante diez minutos, recorremos los jardines de Mirabell, que no son especialmente grandes, disfrutando de uno de los grandes atractivos de la ciudad. Aunque no me parecen tan espectaculares como esperaba en un principio, la verdad es que son muy bonitos, y el conjunto de sus flores y fuentes, coronados por la fortaleza de Hohensalzburg al fondo, me parece precioso.

Jardines de Mirabell.

Tras ver los jardines de Mirabell, decidimos continuar visitando la misma orilla del río, dejando para la tarde todo el casco antiguo de la ciudad. Así, tras ver alguna que otra iglesia, nos dirigimos hacia el mirador de los Capuchinos, que se encuentra en Kapuzinerberg. Tras una subida un poco más dura de lo esperado y tras perdernos unos minutos, a la una y cuarto llegamos al mirador de los Capuchinos, desde donde se tienen unas preciosas vistas de toda la ciudad. Desde el mirador podemos ver todo el casco antiguo de la ciudad, viendo en un primer plano la catedral y la Kollegienkirche y en segundo plano la fortaleza de Hohensalzburg, coronando majestuosa la ciudad.

Salzburgo desde el mirador de los capuchinos.

La verdad es que las vistas son mucho más bonitas de lo que esperaba en un principio, y como afortunadamente el tiempo está siendo mejor de lo esperado, me voy con muy buen sabor de boca del mirador. Así, tras diez minutos haciendo fotos, decidimos dirigirnos al casco antiguo, para lo que bajamos todas las escaleras que hemos tenido que subir hasta llegar al mirador y cruzamos el puente hasta alcanzar la otra orilla de la ciudad. Como se acerca la hora de comer, decidimos callejear un poco en busca de un restaurante. En primer lugar nos dirigimos hacia un restaurante muy conocido de la ciudad, el Sternbräu, pero ni la comida ni los precios nos satisfacen. La verdad es que no sabemos muy bien qué queremos: tras dos comidas y una cena bávara y tras haber cenado la noche anterior italiano, no tenemos ganas ni de uno ni de otro. Rápidamente se nos enciende la bombilla: ¿por qué no empezar la visita a Austria comiendo uno de los famosos Wiener Schnitze? Tras callejear un poco, sorprendentemente encontramos en Hagenauerplatz, una placita en la que se encuentra la casa natal de Mozart, un restaurante con muy buena pinta y que tiene Wiener Schnitzel a precios asequibles, así que a las dos decidimos hacer un alto y sentarnos a comer, contentos porque en la mañana nos ha dado tiempo de conocer una de las orillas de Salzburgo, tras haber visitado los jardines de Mirabell y el mirador de los Capuchinos, dos de los lugares turísticos más importantes de la ciudad.

El Wiener Schnitzel que comemos nos entra de maravilla, a pesar de que comemos uno de cerdo, más barato que el de ternera. Y es que el escalope es uno de mis platos favoritos, y casi siempre que lo encuentro en un restaurante, lo pido. Como curiosidad, en vez de servirlo con patatas fritas, lo sirven con una ensalada de patatas, cuyo sabor curioso me agrada bastante.

Conociendo el casco histórico de Salzburgo.
Finalizada la comida, cuarenta minutos después, nos ponemos en marcha decididos a callejear por todo el casco histórico de Salzburgo. La idea es pasear por sus calles y plazas, tranquilamente, sin ver nada en especial, y entrar también en la mayor cantidad posible de lugares que no sean de pago, para intentar comenzar a usar la Salzburg Card lo más tarde posible.

Así, en primer lugar nos dirigimos en busca de una de las iglesias más famosas de la ciudad, la Kollegienkirche. A pesar de ser un poco sobria por el exterior, su barroca fachada me gusta bastante. La única pega es que la plaza en la que se encuentra está llena de puestos de venta, lo que hace que sea complicado sacar una foto. Por dentro es completamente blanca, y no está muy decorada que se diga. Me gusta, pero menos de lo esperado.

El siguiente punto de nuestra ruta es la catedral, a donde llegamos a las tres de la tarde. De camino, pasamos por una plaza preciosa y que, sin duda, se ha convertido en uno de mis lugares favoritos del viaje: Alter Markt, que con sus casitas color pastel me ha cautivado. Además, vemos Residenzplatz, con la famosa Residenzbrunnen, una preciosidad de fuente que me ha encantado, aunque no tanto como la plaza, ya que el suelo está compuesto por guijarros. El interior de la catedral nos atrae enseguida. Lo que más nos gusta es el contraste entre el blanco de las paredes y los fuertes colores que tienen algunos frescos. La verdad es que nos gusta mucho más de lo esperado. La fachada es bonita, pero una grúa enfrente de ella impide apreciarla con plenitud. Desde luego, lo más bonito son las vistas que se tienen desde lejos. Al salir de la iglesia, y antes de dirigirnos a la Residence, vemos la famosa fuente de Kapitelschwemme, bastante bonita, sobre todo con la fortaleza detrás de ella.

Kapitelschwemme con la fortaleza al fondo.

Seguidamente, nos dirigimos hacia la abadía de San Pedro, que encuentro espectacular por dentro, encantándome muchísimo más de lo esperado, al mismo nivel que el de la catedral. Tras ver el interior damos una vuelta por el cementerio, que es bonito aunque tampoco espectacular. Algunas tumbas están muy bien cuidadas y a pesar de ser un cementerio el paseo resulta bastante agradable. Finalmente, decidimos subir a las catacumbas, usando por primera vez la Salzburg Card. La verdad es que no son gran cosa. Más bien no es nada, un pasadizo horadado en la roca. Lo único que puede merecer la pena son las vistas que se tienen de la catedral, aunque tampoco es que sean muy espectaculares.

Abadía de san Pedro.

Tras bajar de nuevo a la calle y pasear un poco por los alrededores, a las cuatro y cuarto entrar en la Residence, ya que no sabemos qué más podemos hacer. La verdad es que es un acierto, ya que, a pesar de ser más sobria que la Residenz de Múnich, es preciosa, y disfrutamos mucho los más de veinte minutos que estamos dentro. También podíamos haber visto la galería de pintura, pero preferimos centrarnos en pasear por la ciudad. Como todavía son las cinco de la tarde, decidimos dirigirnos hacia un extremo del casco antiguo, donde se encuentra la abadía de Nonnberg, a donde llegamos veinte minutos después. La verdad es que no me entusiasma demasiado, así como tampoco la cercana iglesia de san Cayetano. Al menos, de camino hemos visto un restaurante italiano con muy buena pinta, por lo que decidimos cenar ahí. Decidimos finalizar la tarde con un largo paseo que nos lleva hasta el otro extremo del casco antiguo, llegando hasta la famosa fuente de Pferdeschwemme, que me parece bastante bonita, sobre todo por el contraste de tener detrás las paredes verticales de roca de la montaña. En dicha fuente, a las seis de la tarde, damos por finalizada la visita del día en Salzburgo, y decidimos dirigirnos al hotel a descansar, a donde llegamos poco después tras coger el autobús.

Pferdeschwemme.

Impresionante cena y paseo nocturno.
Tras descansar, nos dirigimos hacia el restaurante italiano que habíamos visto a la tarde cuando nos dirigíamos hacia la iglesia de san Cayetano, y que tenía muy buena pinta. Cuando llegamos, rápidamente nos fijamos en dos platos de pasta, por los cuales ninguno de los dos nos decidimos: unos tagliatelle y unos tortellini. Decidimos pedirle al camarero los dos platos para compartir, de forma que primero nos trajera uno y luego el otro. Minutos después, nos traen el primer plato y alucinamos: nos ponen a cada uno un plato enorme de tagliatelle. Cuando le decimos al camarero que se ha equivocado y que le habíamos pedido un plato para compartir, el hombre nos dice que lo que ha hecho ha sido servirnos a cada uno media ración. Nos quedamos alucinamos. Empezamos a cenar y… qué decir, impresionante, una de las mejores pastas que he comido en mi vida, francamente deliciosa. Disfrutamos cada momento de ese plato, pensando en que luego vendría un nuevo plato igual de grande. Cuando finalizamos, nos ponen a cada uno un plato de tortellini igual de grande e igual de delicioso. Con diferencia, la mejor comida de todo lo que llevamos de viaje. No nos lo podíamos ni imaginar cuando nos sentamos. Eso sí, seguimos sin entender cómo semejantes platos pueden costar apenas nueve euros y que una botella de agua mineral cueste seis euros y medio.

Tras cenar, nos dirigimos a hacer unas cuantas fotos nocturnas de la ciudad, ya que a diferencia de Múnich, Salzburgo es una ciudad que de noche tiene los edificios bien iluminados. Comenzamos por la cercana Domplatz, donde hacemos unas cuantas fotos del Pferdeschweme con la fortaleza de Hohensalzburg al fondo. Tras una larga sesión de fotos ahí, nos dirigimos hacia la catedral, donde tengo la grandísima suerte de que han quitado la grúa. Sin embargo, las fotos no salen tan bonitas como esperaba, porque no está todo lo iluminada que deseo. Tras unas fotos a Residenzplatz y a Kollegienkirche, nos dirigimos a dar un paseo por el río, para poder sacar una foto del conjunto de la ciudad de noche. Tras un pequeño paseo, nos dirigimos andando al hotel, haciendo una breve parada en los jardines de Mirabell para hacer las últimas fotos nocturnas de Salzburgo.

Kapitelschwemme con la fortaleza al fondo.

Finalmente, a las once menos veinte llegamos al hotel con la sensación de haber aprovechado muy bien el día. Es todavía pronto y hemos podido hacer muchas fotos nocturnas de Salzburgo (en ese sentido se agradece que en esta zona de Europa anochezca antes), además de que hemos callejeado por gran parte de la ciudad y hemos entrado en prácticamente todas las iglesias, de forma que hemos dejado para el día siguiente únicamente los lugares que nos entran en la Salzburg Card: el día nos ha salido redondo.

Salzburgo de noche.

Gastos del día.
Este ha sido uno de los días que más hemos gastado de todo el viaje, ya que además de las comidas hemos tenido que pagar 25 € cada uno por la Salzburg Card, que, dicho sea de paso, nos ahorrará mucho dinero al día siguiente. Los gastos por persona han sido los siguientes:
  • Comida: 32.70 €
  • Turismo: 25.00 €
  • Varios: 0.85 €