jueves, 19 de abril de 2012

Día 2, jueves 5 de abril de 2012: Mausoleo de Lenin, catedral de San Basilio, Tverskaya, Arbatskaya y el metro.


Para nuestro segundo día en Moscú ponemos el despertador un poco más tarde que el día anterior, a las ocho y cuarto de la mañana, ya que esta vez tenemos controlada la distancia a la Plaza Roja. Además, nuestros primeros destinos de la mañana son el mausoleo de Lenin, que no abre hasta las diez, y la catedral de San Basilio, que no abre hasta las once. El tiempo era el esperado, ya que se preveía que este fuera el peor día de los cuatro que íbamos a estar en Moscú. Así, vemos el cielo completamente encapotado, pero al menos ni llueve ni nieva. Nos consuela que vamos a tener la grandísima suerte de poder ver la Plaza Roja con nieve tras verla el día anterior sin nieve, algo que supongo que no muchos turistas pueden decir, porque o la ven con nieve o la ven sin nieve.

Torre del Salvador, sin nieve, miércoles 4 de abril.

Torre del Salvador, con nieve, jueves 5 de abril.

La verdad es que ha sido muy curioso poder contemplar sobre todo la catedral de San Basilio sin nieve un día y otro día con una pequeña capa de nieve cubriendo sus bulbos.

Mausoleo de Lenin: algo único en el mundo.
A las diez y veinte, un poco más tarde de lo esperado, entramos en el mausoleo de Lenin, donde no vemos ni rastro de las monumentales colas que parece que se deben formar en verano. Alguna ventaja tenía que tener viajar con tanto frío. Y es que, sobre todo los primeros días, apenas hemos visto turistas. Aun así, la visita al mausoleo dura menos de treinta segundos viendo a Lenin, bajo la atenta mirada de varios guardias de seguridad. La visita al mausoleo me pareció algo muy curioso y eso fue lo que me gustó, que al igual que la Cisterna Basílica de Estambul o el cementerio judío de Praga es algo único, exclusivo de esa ciudad. Como nos esperamos, está lleno de guardias que custodian no solo el cuerpo de Lenin, sino que vigilan todos y cada uno de los movimientos que hacemos, incluso desde antes de entrar al mausoleo.

Mausoleo de Lenin.

La verdad es que me impresionó ver el cuerpo de Lenin, tan pequeñito, en esa urna iluminada, a apenas dos metros de nosotros. Cuando vi a Lenin tuve sensaciones contrapuestas. Por un lado me impresionó ver tan cerca el cuerpo tan bien conservado de una figura histórica. Ver a uno de los personajes más importantes de los últimos dos siglos no es algo que se haga todos los días. Sin embargo, por mucho que se niegue desde instancias oficiales, siempre te queda la duda de si será el verdadero cuerpo o es una copia de cera o algo similar. Aun así, yo prefiero pensar que he visto el cuerpo verdadero, y que he tenido a apenas dos metros el cuerpo de una persona que, para bien o para mal, según cada uno, ha sido de las más influyentes del siglo XX.

Catedral de San Basilio: mucho más bonita por fuera.
Tras salir del mausoleo de Lenin tenemos que hacer algo de tiempo ya que las entradas para la catedral de San Basilio no se venden hasta las once de la mañana. La verdad es que nos está bien empleado por no haber mirado mejor los horarios el día anterior. De esta forma, hacemos algo de tiempo sacando algunas fotos y entrando a los almacenes GUM, donde se está muy calentito.

Plaza Roja, con los almacenes GUM a la izquierda, el Mausoleo de Lenin y las murallas del Kremlin a la derecha y la catedral de San Basilio al fondo.

Finalmente, a las once de la mañana entramos en la catedral de San Basilio. Como me esperaba, no me impresiona demasiado, ya que sobre todo es un museo, como las iglesias del Kremlin. Además, a diferencia de las iglesias del Kremlin, me parece que no está tan bien conservada, ya que cuando ves los frescos, las pinturas en las paredes, que son muy coloridas, a mí al menos me dio la sensación de que estaba un poco viejo, dejado. Sin duda alguna, me gustó mucho más la catedral de San Basilio por fuera.

Tverskaya y Arbatskaya: solo me gusta la catedral de Cristo Salvador.
Una vez visto el mausoleo de Lenin y la catedral de San Basilio, nuestra siguiente parada es el barrio de Tverskaya. Tras cambiar un poco de dinero en la misma casa de cambio que el día anterior, curiosamente al mismo cambio que el día anterior, nos dirigimos hacia el teatro Bolshói, sede de la compañía de ballet más famosa del mundo. La fachada del teatro es neoclásica, y a primera vista no me impresiona en absoluto, pero según nos vamos acercando se me va haciendo cada vez más impresionante y bonito.

Teatro Bolshói.

Había oído que no se podía visitar por dentro, pero aun así entramos por si suena la flauta. Y parece que sí, ya que nos dicen en taquilla que al día siguiente a las cuatro de la tarde podríamos realizar una visita al interior del teatro.

Así pues, salgo del teatro muy contento y nos encaminamos a conocer los alrededores de la avenida Tverskaya. Tras ver la Casa de los Sindicatos, que me gusta bastante menos de lo esperado, recorremos la avenida Tverskaya hasta llegar a la Plaza Pushkin, a donde llegamos a la una menos veinte. En esa ese momento variamos el rumbo y continuamos por un nevado boulevard de Tverskoy, hasta llegar a la famosa Casa de la Amistad, cercana al inicio de la calle Arbat, la famosa calle peatonal de tiendas, corazón de la zona de Arbatskaya.

Tverskoy bul'var completamente nevado.

Una vez en la Casa de la Amistad decidimos, en vez de recorrer la calle Arbat, dirigirnos hacia la catedral de Cristo Salvador, también llamada catedral de Cristo Redentor, ya que lo importante de la calle Arbat se encontraba en el otro extremo, y preferíamos ir a la iglesia en ese momento, no siendo que por la tarde estuviera cerrada. Así, y tras ver la imponente Casa Pashkov, nos dirigimos hacia la catedral, lugar que no esperaba que me encantara demasiado debido a que había sido construida hacía apenas quince años.

Catedral de Cristo Salvador.

Sin embargo, cuando entramos me quedo gratamente sorprendido, ya que la encuentro impresionantemente bonita. Salvando las distancias, me recuerda por dentro a la basílica de San Esteban de Budapest, aunque esta última es mucho más bonita por dentro. La verdad es que podría decirse que esta iglesia ha sido de las cosas que más me han gustado de Moscú.

Además, me gusta que es más iglesia que las del Kremlin, en el sentido de que se ven fieles rezando o poniendo velas a los distintos santos. Con mucha pena debemos irnos y continuar conociendo Moscú. Dejo atrás una iglesia impresionante.

Catedral de Cristo Salvador.

Tras ver la catedral de Cristo Salvador continuamos paseando a lo largo del río Moscova, hasta llegar al novedoso y horrible, según casi todo el mundo y casi todas las guías, monumento a Pedro el Grande. La verdad es que es bastante curioso, es una estatua enorme en la que se ve a Pedro el Grande, enamorado del mar, a bordo de un barco que no guarda proporción con el tamaño de la persona. La escultura es de un color negro, por lo que tengo que admitir que, si bien tampoco me ha parecido muy horrible, no me ha gustado.

Monumento a Pedro el Grande.

Nuestro siguiente destino es la calle Arbat, a donde llegamos fácilmente dirigiéndonos hacia el Ministerio de Asuntos Exteriores, una de las Siete Hermanas de Stalin y que se encuentra en uno de los extremos de la calle Arbat, a donde llegamos a las dos y media.

Inmediatamente nos damos cuenta que es una calle muy llena de vida, con numerosos restaurantes, algunos tan conocidos como el Hard Rock, así como numerosas tiendas. Sin embargo, y al igual que con Tverskaya, no le encontramos gran atractivo, y menos estando sucia como estaba debido a la nieve. Debido a que la importancia turística de esta zona reside en la gran cantidad de casas-museo que hay, casa-museo Beli, casa-museo Pushkin... lugares en los que no vamos a entrar, apenas la recorremos durante unos minutos buscando algún restaurante. Finalmente, al igual que el día anterior, decidimos comer en un My My que se encuentra al comienzo de la calle Arbat.

Metro de Moscú: unas estaciones maravillosas.
A las cuatro de la tarde, y tras terminar de comer, decidimos que vamos a dedicar la tarde en conocer algunas de las famosas estaciones del metro de Moscú, aprovechando que hace bastante frío y está todo nublado. Así, y tras comprar cada uno por 400 rublos un típico gorro ruso en una tienda de Arbat, nos dirigimos hacia la estación de Smolenskaya, donde comenzará nuestro trayecto por el metro de Moscú.

Nuestra primera estación famosa es la estación de Kievskaya, que había leído que era de las más bonitas, y definitivamente tengo que decir que es espectacular. Creo que me ha gustado incluso más que la de Komsomólskaya, que quizá es la más famosa. Además de esas dos, conocemos entre otras la estación de Mayakovskaya, muy sobria para mi gusto, y la de Ploshchad Revolyutsii, famosa por sus numerosas estatuas. Así, durante dos horas hacemos una ruta por el metro de Moscú, conociendo las estaciones más famosas, que por lo general se agrupan en la línea circular (línea 5, marrón), y en la línea 2, verde.

Estación de Novoslobodskaya.

Estación de Komsomólskaya.

A las seis de la tarde llegamos a la Plaza Roja, y tras la segunda sesión de fotos del día, volvemos al hostal a descansar, a donde llegamos a las seis y media. Tras descansar un poco, pero sin dormir como el día anterior, salimos a cenar por los alrededores del hostal. A las once menos cuarto, y una vez cenados, llegamos al hostal, donde veríamos el partido que enfrentaba al Athletic Club y el Schalke 04. A la una de la mañana, una vez acabado el partido, y con la alegría de haber llegado a semifinales 35 años después, caemos rendidos en la cama.

Catedral de San Basilio, con el monumento a Minim y Pozharki en primer plano.

Gastos del día
Los gastos del día fueron similares a los del día anterior, ya que si bien los gastos en lugares turísticos fueron menores, hay que recordar que el Kremlin fue muy caro, compramos unos típicos gorros rusos en la calle de souvenirs más famosa de la ciudad y compramos un bono de diez viajes para el metro. Por otro lado, el precio gastado en comida fue muy similar al del día anterior.

  • Comida: 1483.33 rublos
  • Visita catedral de San Basilio: 290 rublos
  • Transporte: 88.33 rublos
  • Souvenirs: 433.33 rublos
  • Varios: 71.33 rublos
  • Total: 2366.33 rublos, 61.15 € al cambio de ese día.

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miércoles, 18 de abril de 2012

Día 1, miércoles 4 de abril de 2012: Kremlin y Plaza Roja

Comienza nuestro primer día en Moscú, así que ponemos el despertador a las ocho de la mañana, y a las nueve menos diez ya estamos en la calle. En el cielo apenas se vislumbra nube alguna, por lo que se puede decir que de momento el tiempo nos acompaña, siendo mejor de lo esperado en un principio.

Primer paseo por la Plaza Roja.
Nuestro primer objetivo del día es cambiar euros por rublos, algo que no conseguimos hasta pasadas las nueve y media de la mañana. Mientras buscamos una casa de cambio llegamos, minutos antes de las nueve y cuarto, a la Plaza Roja, que contemplamos sin apenas turistas. La verdad es que es una gozada contemplar la Plaza Roja sin turistas y sin ninguna nube en el cielo. Pasear por la Plaza Roja, con buen tiempo y sin turistas, ha sido desde luego el momento más emocionante del viaje y uno de los más bonitos de mi vida como turista.

Plaza Roja, con el museo de Historia al fondo y el mausoleo de Lenin junto con las murallas del Kremlin a la izquierda.

Tras las fotos de rigor con la catedral de San Basilio y el museo de Historia, continuamos en nuestra búsqueda de una casa de cambio. Al final, sobre las nueve y media de la mañana conseguimos cambiar dinero con una conversión de 38.70 rublos por cada euro.


Jardines de Alejandro, a la entrada del Kremlin, completamente nevados, a pesar del buen tiempo que hacía.

Kremlin: un museo curioso y unas iglesias únicas.
Tras desayunar en una cafetería en la calle Tverskaya, nos dirigimos al Kremlin, con el objetivo de conocer este archiconocido lugar de Moscú. Tras pagar la desorbitante cantidad de 1050 rublos, 700 rublos por la Armería y 350 por las iglesias-museo del Kremlin, después de haber pagado 40 rublos por guardar la mochila en consigna, entramos en el Kremlin. Iniciamos nuestra visita en la Armería, un museo donde podemos contemplar parte de la riqueza acumulada por los zares, destacando los huevos de Fabergé. Además, se puede contemplar una sala con vestidos típicos de los zares que personalmente no me llaman mucho, y que me recuerdan a los que vimos en el palacio de Topkapi, y una sala llena de carrozas antiguas que impresionan por su belleza. La verdad es que las carrozas eran espectaculares, de lo mejor que he visto en Moscú. En la Armería pasamos más de una hora, ya que seguimos con atención las explicaciones en castellano de la audioguía, algo sorprendente en mí, ya que no lo suelo hacer.

Gran Palacio del Kremlin.

Minutos después de las doce salimos de la Armería y nos dirigimos hacia la Plaza de la Catedral, para ver las distintas iglesias-museos que hay. Así, entramos entre otras en la catedral de la Asunción, la catedral de la Anunciación o el campanario de Iván el Grande. Además, vemos la campana del zar y el cañón del zar, que son, respectivamente, la campana y el cañón más grandes del mundo. Todo ello sin ninguna nube en el cielo, lo cual es muy de agradecer.

Catedral de la Asunción y catedral de la Anunciación.

Dentro de las iglesias nos parece muy curioso que no se vean bancos para que se sienten los fieles, pero parece ser que así son la mayoría de iglesias ortodoxas. Por otra parte, las iglesias son más pequeñas que las que nos tienen acostumbradas las ciudades europeas. Aun así, las encontramos excesivamente bonitas, ya que se ve que están muy bien cuidadas: por fuera están muy limpias, difícil con esas paredes tan blancas, y con los bulbos muy relucientes, mientras que por dentro los frescos parecen recién pintados. Así, esta zona ha sido sin duda uno de los lugares que más me han gustado de Moscú.

Cañón del zar, el cañón más grande del mundo.

Finalmente, a las dos de la tarde salimos del Kremlin en busca de un sitio para comer. Nuestra primera opción es un restaurante de la cadena My My que se encuentra cerca del edificio de la KGB. Había leído que era una cadena de restaurantes relativamente barata donde podías comer bien y, donde realizabas un circuito señalando los primeros platos, segundos platos y el postre que querías, por lo que al menos sabías qué ibas a comer.

Edificio de la KGB, hoy sede del FSB, Servicio Federal de Seguridad.

Tras pasar un rato buscándolo, por fin lo encontramos y comemos ahí. Comemos bastante bien, lo suficiente para reponer fuerzas, y todo por apenas 12 €, lo que está muy bien. Tras comer y reposar un rato, salimos minutos antes de las cuatro en dirección a la Plaza Roja, con el objetivo de ver por dentro la catedral de San Basilio, que cierra a las cinco. Como tenemos mucho tiempo, vamos tranquilos e incluso hacemos sesión de fotos en la Plaza Roja. Sin embargo, cuando llegamos a la catedral de San Basilio, a las cuatro y media, vemos que las entradas se venden hasta cuarenta y cinco minutos antes del cierre, por lo que no podemos entrar ese día. Un pequeño error de planificación que nos obliga a improvisar. Al menos, y como se puede ver, el día nos ha ido acompañando y apenas hemos visto nube alguna en el cielo.

Catedral de San Basilio.

Al no poder ver la catedral de San Basilio decidimos recorrer los alrededores de la Plaza Roja. Así, recorremos la calle Varvarka observando sus iglesias y buscamos sin éxito la iglesia de la Trinidad de Nikitniki, ya que la calle en la que se supone que debería estar estaba cortada a los peatones debido a que había algún edifico policial o ministerial. La verdad es que esa zona de los alrededores de la Plaza Roja, al igual que otros barrios de Moscú, no me ha llamado en absoluto.

Así pues, tras conocer los alrededores de la Plaza Roja decidimos finalizar el día con una visita a los almacenes GUM, que ocupan uno de los lados de la Plaza Roja, y que son el símbolo de la entrada del capitalismo en Rusia. No deja de ser curioso que, en plena Plaza Roja, antiguo bastión del comunismo, haya unos almacenes de lujo que sean la propia esencia del capitalismo.

Exterior de los almacenes GUM.

La verdad es que los almacenes por dentro son muy bonitos, con sus calles, fuentes, árboles... y merece la pena pasear un rato por ellos. Creo que hicimos bien al dejarlo para el final del día, cuando menos luz hay, ya que los puedes ver igual de bien a última hora del día, mientras que otras cosas no. Tras pasear un rato por los almacenes, damos por finalizado el primer día en Moscú y nos dirigimos hacia el hostal a descansar un rato, a donde llegamos a las cinco y media.

Interior de los almacenes GUM.

Cena y última sesión de fotos
Al llegar al hostal echamos una siesta de dos horas, despertándonos sobre las ocho de la tarde. Y es que tenemos mucho cansancio acumulado del día anterior: habíamos estado muchas horas despiertos, y tras dormir apenas siete horas habíamos andado sin parar durante horas. Así, tras cenar en un restaurante que se encuentra cerca del hostal, y que encontramos igual de barato que el My My, nos dirigimos hacia la Plaza Roja, a donde llegamos a las diez y veinte, para hacer la primera sesión de fotos nocturnas. Como habíamos supuesto, la Plaza Roja de noche es preciosa, con la catedral de San Basilio iluminada coronándola. Así pues, la sesión de fotos no se hace esperar. Tras más de media hora haciendo fotos, minutos antes de las once nos dirigimos hacia el hostal, a donde llegamos a las once y cuarto. El primer día de visita en Moscú ha terminado.

Plaza Roja de noche, con la Torre del Salvador a la derecha.

Gastos del día
El día de hoy apenas ha tenido de excepcional la vista al Kremlin, que ha sido excesivamente cara para mi gusto, 1050 rublos, o lo que es lo mismo, casi 30 €. Aparte de eso, los únicos gastos del día han sido prácticamente en las comidas, constatando que la ciudad es más barata de lo que pensábamos, pues comida y cena nos ha salido por 12 € cada una a cada uno de nosotros.

  • Visita Kremlin: 1090 rublos
  • Comida: 1086.83 rublos
  • Varios: 16.67 rublos
  • Total: 2193.50 rublos, 56.68 € al cambio de ese día.

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martes, 17 de abril de 2012

Día de llegada, martes 3 de abril de 2012: Huelga de controladores

Por fin llega el día en el que comienza el primer viaje largo del año: Moscú. Desde luego, no imaginábamos que el primer día de vacaciones iba a ser tan accidentado.

Huelga de controladores aéreos franceses.
Como el avión salía a las 6:45 (nos habían avisado unas semanas antes de que el vuelo se adelantaba cinco minutos), pongo el despertador dos horas antes, y a las seis menos cuarto me encuentro con mis dos amigos en el aeropuerto. Cuando nos dirigimos al mostrador de facturación de Brussels Airlines, "¡¡qué suerte, está vacío!!", pensaba, nos dicen que tenemos que ir a otro mostrador, lleno de gente, ya que hay una huelga de controladores aéreos en Francia y nuestro avión no puede despegar. La verdad es que tras la mala suerte que había tenido con los precios de los vuelos para Moscú y Berlín, mi siguiente destino, pensaba que ya nada podría ser peor, pero estaba visto que me equivoqué.

Así, nos dirigimos al mostrador en cuestión y mientras esperamos vemos cómo despega nuestro vuelo a Bruselas. Estupefactos, preguntamos a una empleada de Brussels Airlines por qué no hemos ido con el avión, respondiéndonos que como este ha despegado tarde no nos daba tiempo a coger el enlace a Moscú. Incluso nos llaman por megafonía para que embarquemos, bueno, a mí no, solo a mis dos amigos, parece ser que se olvidaron de mí... Fue bastante curioso, además no sabía que te podían llamar por megafonía si no habías embarcado las maletas.

Finalmente, tras más de dos horas de espera, a las ocho nos dan una solución para nuestro vuelo de ida: ahora volaríamos con Lufthansa; nuestro primer vuelo saldría de Bilbao a las 14:25 y llegaría a Fráncfort a las 16:35, y poco más de una hora después, a las 17:40, despegaría un segundo avión dirección Moscú, donde llegaría a las 22:50 hora rusa, siete horas después de lo previsto. Al menos esa tarde no teníamos previsto más que tomar un pequeño contacto con la ciudad y cenar.

Así que sin quejarme mucho e intentando pensar que habría gente en peor situación que nosotros (veo a una pobre chica que llora de forma tan desconsolada que me hace pensar que si se hiciera un diccionario de imágenes seguramente su cara aparecería junto a la palabra "desesperación") nos volvemos a Bilbao, ya que quedan todavía más de seis horas para que salga el vuelo, y no tenía sentido estar esperando en el aeropuerto.

Llegada de nuevo a Loiu.
Tras matar la mañana, regresamos otra vez al aeropuerto de Loiu. Cuando llego, veo en las pantallas de información que nuestro vuelo tiene previsto un retraso en la salida de 16 minutos. Apurado por no poder coger la escala de Fráncfort, pregunto por esa posibilidad en los mostradores de Lufthansa, donde me tranquilizan asegurándome que no habrá problema en coger el enlace a Moscú. Finalmente, a las 15:25, y con una hora de retraso sobre lo previsto, salimos dirección Fráncfort. Es decir, salimos de Bilbao dos horas después de la hora prevista de llegada a Moscú. Al menos salimos, así que ni se nos ocurre quejarnos.

El avión llega a Fráncfort a las 17:30, apenas diez minutos antes de la salida a Moscú, pero durante el viaje nos tranquiliza una azafata asegurándonos que el avión que salía de Bilbao, es decir, en el que íbamos, era el mismo que volaría hasta Moscú, momento en el que nos relajamos completamente, ya que entonces sin nosotros no se va a ir. Así, a las 18:35, con casi una hora de retraso, despegamos dirección Moscú, a donde llegamos a las 23:25 hora rusa, es decir, siete horas y media más tarde de lo previsto cuando llegamos al aeropuerto esa mañana.

Al menos, el viaje se me hace bastante agradable gracias aéreaa la compañía, en la que no había viajado nunca, y de la que no tengo más que buenas palabras por el trato ofrecido. Así, además de proveernos con una almohada y una manta para el viaje de Fráncfort a Moscú, nos dan de cenar y, al igual que en el primer viaje, nos ofrecen bebida repetidas veces.

Almohada cortesía de Lufthansa.

Una vez en Domodedovo, el aeropuerto de Moscú al que llegamos, decidimos coger un taxi para ir al hostal, ya que el último tren que salía dirección Moscú, el Aeroexpress, lo hace a las doce de la noche, y entre que pasábamos el control de pasaportes, salían las maletas, cambiábamos dinero y encontrábamos la estación íbamos a andar con el tiempo justo, amén de que llegaríamos a la estación de tren a la una menos cuarto de la madrugada y luego tendríamos que ir, sin conocer Moscú, de noche y con las maletas, andando hasta el hostal.

Así pues, cogemos un taxi que en vez de costarnos los aproximadamente 1800 rublos que decía la información del hostal, nos costó los más 4000 rublos que marcó el taxímetro, que al cambio de 39 euros por rublo que nos hizo el taxista, bastante bueno para nososotros, por cierto, nos salió por 107 €, dinero que vamos a reclamar con pocas esperanzas a quien corresponda, ya que de no haber habido huelga de controladores habríamos llegado siete horas y media antes y habríamos ido a Moscú en tren, transporte mucho más barato. Además, el taxi no era mucho más rápido que el tren, como comprobamos al aparecer en el hostal casi a la una de la madrugada.

Lo único bueno del viaje en taxi fue que al menos pudimos vislumbrar durante unos pocos segundos el Kremlin y la Plaza de Roja, coronada por la catedral de San Basilio, completamente iluminados, lo cual nos pareció una imagen preciosa, la más bonita que podíamos tener
Estábamos en Moscú.

Catedral de San Basilio.

Gastos del día
Este día no pensábamos realizar grandes gastos, únicamente el tren que nos llevara a Moscú, que costaría unos ocho euros, y lo que costara la cena. Al final, debido a la huelga de controladores aéreos cenamos en el avión lo que nos ofreció la compañía, además de un bocadillo traído de casa que cenamos en Fráncfort. A cambio, tuvimos que pagar 107 € por el taxi, lo que corresponde a 35.67 € por persona.


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lunes, 16 de abril de 2012

Nova Hostel: un buen hostal

Quiero dedicarle una entrada del viaje a Moscú al hostal en el que dormimos las cinco noches. Como comenté en la entrada anterior, era un hostal que se encontraba a apenas quince minutos de la Plaza Roja. Seguramente, esto fue lo que más me gustó del hostal, ya que no nos veíamos obligados a coger el metro demasiado para desplazarnos.

El hostal constaba de tres habitaciones, una sala de estar con dos sofás, un ordenador con internet que acaparamos en todo momento y una televisión plana que no funcionaba, además de un único cuarto de baño, el único pero del hostal, y una cocina donde apenas entramos. De las tres habitaciones que había tuvimos mala suerte con la que nos tocó, ya que dos eran unas habitaciones normales, con paredes y puertas, mientras que la nuestra tenía una pared completamente translúcida por la que pasaba la luz, problema que intentaba solucionarse con unas cuantas cortinas que le daban un aire burdelesco, si se me permite la palabra.

Sala de estar, con las cortinas rojas que eran la entrada a nuestra habitación.

Esto me trastocó un poco la primera noche, ya que me costó muchísimo dormirme debido a la luz que entraba de la sala. Sin embargo, el resto de noches dormí sin ningún problema, ya que era tanto el cansancio acumulado que hubiéramos sido capaces de dormir incluso con la luz encendida.

El resto del hostal estaba bien, aunque mención aparte merece el baño. Únicamente tuvimos problemas con las colas un día, ya que nos levantábamos pronto, pero aun así me parece que un único baño para tres habitaciones era muy poco, y ese fue el punto que menos me gustó del hostal. Al menos, echamos unas risas con la bañera, que parece que había que escalarla para subir a ella.

Cuarto de baño del hostal.

El dueño del hostal era bastante majo, al menos hablaba inglés, que bastante era, y estaba siempre ofreciéndonos unas cervezas o un poco de sopa. La verdad es que era muy agradable llegar al hostal y encontrar una cara amable que te ofreciera algo de comer. Además del dueño, había una persona mayor siempre con él, suponemos que un amigo (su padre no era) que estaba continuamente en el hostal, durmiendo en los sofás, la cocina, o donde encontrara sitio. Suponemos que como alguien tenía que quedarse siempre en el hostal, él se quedaba a hacerle compañía al dueño cuando estaba, y guardaba el hostal cuando el dueño se iba. La verdad es que nos daba bastante pena, porque no salía del hostal nunca, únicamente para fumar, cada vez que llegábamos a la tarde al hostal le despertábamos de la siesta (dormía como podía en el sofá) y cuando por la noche nos despertábamos para ir al baño también le despertábamos a él, ya que andaba medio tirado en el sofá. El pobre hombre no conseguía dormir muchas horas seguidas...

Además de estos dos hombres, merece una mención especial Boris, así le bautizamos, un pequeño huésped con el que jugábamos de vez en cuando y con el que había que tener cuidado de cerrar la puerta de la habitación, porque sino podía entrar y saltar sobre tu cama cuando dormías.

Boris descansando en el sofá.

Boris, majestuoso, en el piano.

Así, a pesar de que solo teníamos un único baño y nos tocó la peor habitación, volvería sin dudarlo a este hostal, no solo por la amabilidad de su dueño, sino por la poca distancia que lo separaba de algunos lugares importantes como la Plaza Roja.


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domingo, 15 de abril de 2012

Moscú: Vuelos, alojamiento y visado

Una vez decidido el destino, el siguiente paso era ponerse manos a la obra en la compra del billete de avión, la reserva del hostal (era un viaje de amigos) y, al ser Rusia, la obtención de un visado que nos permitiera la estancia en el país los días deseados.

Vuelo: Un poco más caro de lo esperado.
La reserva del billete de avión la realizamos con varias semanas de retraso respecto a lo deseado ya que uno de nosotros no sabía si podría realizar el viaje. En cuanto supo que podía, a finales de enero, nos pusimos a buscar vuelos a Moscú.

A comienzos de enero habíamos encontrado un vuelo por unos 200 €, pero como he dicho, decidimos esperar hasta tener claro si íbamos a poder ir todos o no. Semanas más tarde, cuando sabíamos que podríamos ir los tres y nos pusimos a buscar de nuevo, vimos que por lo general la combinación más barata era la de un vuelo que salía de Bilbao el martes 3 de abril y volvía el domingo 8 de abril, saliendo de Moscú a la tarde, y que costaba unos 300 €. Sin embargo, no lo pudimos coger porque los precios fluctuaban muy rápidamente, y en cuanto nos decidíamos a coger un vuelo, este había desaparecido o se había encarecido considerablemente, para horas después volver a reducirse. Era una especie de montaña rusa que nos mareó bastante.

Al final, el 2 de febrero encontramos el siguiente vuelo pagando 318.38 €:

Ida: Salida el martes 3 de abril de Bilbao a las 6:50 de la mañana llegando a Bruselas a las 8:55. A las 9:55, salida de Bruselas dirección Moscú, donde llegaríamos a las 15:25 hora rusa.
Vuelta: Salida el domingo 8 de abril de Moscú a las 9:25 de la mañana llegando a Fráncfort a las 10:35 hora alemana. A las 15:45, salida de Fráncfort dirección Bilbao, donde llegaríamos a las 17:50.

En total estaríamos cuatro días enteros en Moscú y parte de la tarde del día de llegada, tarde que nos serviría para tomar contacto con la ciudad. Estimábamos, y con razón, que esos cuatro días serían tiempo más que suficiente, ya que suponíamos que podríamos conocer la ciudad en tres días enteros, pero ya que estábamos, preferíamos estar un día más y ver las cosas con más tranquilidad, sin prisas, y, por qué no, ver zonas que quizá no habríamos podido ver en tres días. La única pega, además del precio, era que en un principio habíamos visto la opción de volver el domingo por la tarde y ahora tendríamos que "conformarnos" con una tarde menos. Pero, como suponíamaos y más tarde constatamos, cuatro días fueron tiempo más que suficiente para conocer la ciudad en profundidad.

Hostal: Relativamente céntrico y más barato de lo esperado.
Al igual que en los otros dos viajes de Semana Santa, nos alojamos en un hostal que buscamos en Hostelworld. Teníamos claro que buscábamos un hostal que fuera económico y lo más céntrico posible. Así, nos pusimos a buscar y el 3 de febrero, un día después de reservar el avión, encontramos un hostal que cumplía con ambas características, Nova Hostel, donde pagando cada uno 26.41 € por noche teníamos una habitación para nosotros tres con un baño compartido con otras habitaciones. De esta forma, cada uno pagaríamos por el alojamiento 133.05 €, ya que incluimos 1 € de seguro, lo que era más barato de lo que imaginaba en un principio, teniendo en cuenta que íbamos a tener una habitación para nosotros tres.

La ubicación del hostal era perfecta, siendo además el más céntrico que encontramos, localizándose a poco más de un kilómetro de la Plaza Roja y el Kremlin, permitiéndonos llegar en apenas un cuarto de hora.

En la siguiente imagen se puede observar la localización del hostal, marcado con una cama roja, así como la del Kremlin, el área verde, y la de la Plaza Roja, el área roja, las dos joyas turísticas de Moscú. Como se puede observar, poco más de un kilómetro era la distancia que nos separaba de la Plaza Roja, y se podía recorrer fácilmente siguiendo una única calle, por lo que el riesgo de perderse era nulo.

Ubicación del hostal, el Kremlin y la Plaza Roja.

Además, al final pagamos incluso un poquito menos por el hostal, ya que el día de la reserva tuvimos que abonar 44.11 € entre los tres, por lo que cuando llegáramos deberíamos pagar los 355.04 € restantes. Sin embargo, este último pago había que realizarlo mediante un pago de 13500 rublos, que, cuando estábamos en Moscú, implicaban únicamente 348.84 €, de forma que cada uno nos ahorramos dos euros en el alojamiento.

Visado: Un pago extra que añadir al viaje.
Una vez reservado el avión y el hostal, el siguiente pasado era obtener el visado para poder entrar en Rusia, documento imprescindible y sin el cual no se puede entrar en territorio ruso.

Para aquellos que no somos de Madrid, ya que creo que ahora los de Barcelona tienen que hacerlo como el resto de ciudadanos, la única opción para obtener el visado sin tener que ir en persona a la embajada, que se encuentra en Madrid, es realizar las gestiones para obtener el visado mediante agencias por Internet. De entre las numerosas páginas web que te realizan la gestión del visado, nos decidimos por la agencia oficial, Central de Visados Rusos, donde en principio obteníamos el visado por 65 €.

Sin embargo, para obtener el visado, es necesario conseguir previamente otros dos documentos, el voucher o contrato de servicios turísticos y la confirmación de recepción de turista extranjero. Dichos documentos son una especie de invitación para entrar al país y una confirmación de que tienes dónde dormir durante tu estancia en el país, y hay que pagar por ellos. Podríamos haber obtenido dichos documentos en varias páginas web, como la de destinationrussia, que nos los ofrecía por poco más de 15 €, pero decidimos pedírselos al hostal, aun a sabiendas que sería un poco más caro, pues este nos había dicho que nos lo ofrecía por 20 €. Al final nos costó un poco más caro de lo esperado, ya que cuando hicimos el ingreso de 60 € (20 € por cada uno de los tres), nos cobraron una comisión de 17 €, por lo que al final dichos documentos nos salieron a cada uno por 25.66 €, que hay que añadir a los 65 € que cuesta el visado.

Una vez con dichos documentos en la mano, que recibimos el jueves 9 de febrero, apenas 24 horas después de haber mandado escaneado nuestros pasaportes al hostal, nos pusimos manos a la obra para recabar el resto de documentos necesarios para obtener el visado, documentos que teníamos que enviar por mensajero a Central de Visados Rusos. Así, en la página de Central de Visados Rusos rellenamos un formulario con nuestros datos, lo imprimimos, y le pegamos una foto carnet. Además, adjuntamos en el sobre un documento que certificaba que teníamos un seguro de asistencia médica durante el viaje. Todos esos documentos, junto con el pasaporte original, se lo enviamos por mensajero a Central de Visados Rusos el 22 de febrero por la tarde, tras pagar 26 € por el servicio de mensajería.

Al día siguiente por la mañana nos llamaron de Central de Visados Rusos para decirnos que había un problema con el certificado que Sanitas había dado a mi amigo (manda narices con los de Sanitas), pero amablemente nos explican que si les mandamos la tarjeta escaneada les valdría como confirmación de seguro médico. Se la enviamos al instante y muy amablemente nos dicen que todo está correcto, adelantándonos además que el día 7 de marzo recibiríamos nuestros visados. La verdad es que las personas de Central de Visados fueron muy amables y no se parecieron en nada a los, desgraciadamente, tópicos que aun perduran sobre los rusos.

Finalmente, el 6 de marzo, un día antes de lo previsto, recibimos nuestros visados, previo aviso telefónico el día anterior.

En total el visado nos costó 103.66 € a dos de nosotros (65 € de visado, 25.66 € del certificado y la invitación y 13 € del envío por mensajero, que lo compartimos), mientras que a mi otro compañero le costó 188.66 € (120 € porque tuvo que pedir un visado urgente, 25.66 € del certificado y la invitación, 17 € de seguro médico, ya que no tenía, y 26 € del mensajero, ya que lo envió por su cuenta), gastos que, como comentaré más adelante, considero excesivos para un viaje tan corto.

Como se ve, el visado fue una parte importante del gasto inicial, incluso un compañero pagó más por el visado que por el alojamiento. Pero bueno, es lo que hay y España y otros países también ponen estas pequeñas trabas, incluso peores, a los turistas.

Gastos totales antes de iniciar el viaje: Más que el total de otros viajes.
A continuación resumo los gastos efectuados antes de iniciar el viaje, ya comentados anteriormente.

  • Avión: 318.38 €
  • Hostal: 130.98 €
  • Visado: 103.66 €
  • Total: 553.62 €

Como se puede observar, es un gasto relativamente importante comparado con otros destinos, ya que además de que el precio del billete de avión es más caro que a otros destinos debido a la lejanía hay que añadir el pago del visado. Esto hace que me plantee la conveniencia de ir a Rusia cuando se realiza un viaje de unos pocos días, ya que este gasto de más de 550 € es más que el que gasto total, comidas y demás incluidas, que puedes tener en algún destino más cercano.

Pero bueno, una vez con todos los documentos en la mano, ya solo quedaba ilusionarse con el viaje y contar los días que quedaban para iniciarlo: Moscú nos esperaba.


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sábado, 14 de abril de 2012

Moscú

Tras realizar con un amigo un viaje relámpago de cinco días a Oslo, Bergen y los fiordos en 2010 y repetir viaje con él y otro amigo a la maravillosa ciudad de Estambul el año pasado, decidimos realizar el tercer viaje consecutivo en Semana Santa, repitiendo las mismas personas que el año anterior. Este año el destino elegido era tan exótico como el del año anterior: Moscú.

El destino ya se había comentado durante el viaje del año pasado, y tengo que reconocer que a mí no me apasionaba demasiado. No es que no tuviera ganas de conocer Moscú, sino que por un lado tenía la sensación de que las fechas, primera semana de abril, no serían las mejores debido a las condiciones meteorológicas, mientras que por otro lado siempre había querido conocer Moscú junto con San Petersburgo, obviamente en un viaje de más días, ciudad que me atraía mucho más que Moscú.

Sin embargo, la posibilidad de ver la Plaza Roja, tanto de día como de noche, y el Kremlin, dos de los destinos turísticos más conocidos del mundo, fue suficiente para que olvidara mis dudas y embarcara rumbo a Moscú, en un viaje que, si bien no me ha encantado tanto como los que hice el año pasado, si me ha permitido pasear por lugares que nunca me imaginé que conocería.

En las próximas entradas iré desgranando poco a poco el que ha sido el primer gran viaje del año 2012.


                                                                                                                                                                                                        Siguiente

viernes, 2 de marzo de 2012

Burdeos

Tras mucho tiempo esperando, por fin llegó el momento de conocer Burdeos, una ciudad donde apenas había estado un par de horas dos años atrás y de la que prácticamente no tenía recuerdo alguno.

Llevaba bastante tiempo con ganas de conocer esta ciudad, ya que había oído que era una ciudad bastante bonita, y me parecía un sacrilegio no conocerla estando a apenas tres horas y media de Bilbao, ciudad con la que además está hermanada. Así que cuando nos enteramos de que teníamos dos noches de hotel gratis en un hotel de Burdeos, no nos lo pensé: cogimos el coche y nos plantamos allí con el objetivo de pasar un magnífico fin de semana, iniciando de esta forma los viajes de este año.

Al igual que muchas otras regiones, la zona de Burdeos tiene muchísimos lugares para descubrir y se le puede dedicar varios días, ya que puedes visitar tanto la ciudad como hacer excursiones a algún viñedo cercano -no en vano Burdeos es una de las ciudades más importantes del mundo referente al vino-, o a alguna otra ciudad, como La Rochelle.

Nosotros decidimos pasar únicamente el fin de semana, ya que "solo" teníamos la habitación del hotel gratis para dos días y preferíamos no gastar días de vacaciones en conocer los alrededores de Burdeos; simplemente queríamos pasar un fin de semana tranquilo y pasear relajadamente por la ciudad sin los típicos agobios por la posibilidad de que no diera tiempo a ver algo. Aun así no nos vamos con pena por las cosas que no hemos visto, ya que debido a su cercanía es una zona a la que podemos volver en cualquier momento y conocerla mucho más a fondo. Al contrario, nos vamos muy contentos por haber conocido una ciudad muy bonita.

Llegados a este punto, ya solo queda narrar este fin de semana.

Viernes 24 de febrero de 2012: Llegada a Burdeos
Salimos de Bilbao a las cuatro de la tarde, y cuatro horas más tarde ya habíamos dejado las maletas en la habitación del hotel, el Ibis Bordeaux Centre Meriadeck. Este es un hotel de tres estrellas que se encuentra a apenas cinco minutos de la catedral de Burdeos, y a no más de quince o veinte minutos andando de los lugares más turísticos de la ciudad.

Nuestra habitación se encontraba en el piso 11, el más alto del hotel. Como se ve, el dormitorio no era muy grande, pero dado que solo queríamos el hotel para dormir, su cercanía al centro de Burdeos hizo que sea perfecto para lo que deseamos.




Una vez dejamos las maletas en la habitación salimos a dar un paseo con la intención de conocer un poco por encima la ciudad hasta la hora de cenar. Tras ver la catedral por fuera (la desventaja de haber estado en Budapest es que cualquier edificio iluminado sabe a poco ahora), damos un paseo por el casco antiguo, encontrándonos con la puerta Dijeaux, una de las famosas puertas de la ciudad. Tras las fotos reglamentarias, recorremos la Rue Saint-Rémi, ya que había leído que en esa calle había bastantes restaurantes.

Tras mirar distintas opciones, nos decidimos por una pizzería que no tenía mala pinta: La Casuccia. Y aquí vino la primera sorpresa agradable del viaje: dos pizzas y postre para cada uno, un gofre, nos salió por apenas 25 € a los dos, que al final se convirtieron en 26 €, ya que nos sentíamos generosos y dimos un euro de propina.

Al salir del restaurante nos dirigimos a la plaza de la Bolsa, con la intención de ver el Mirador del Agua. Sin embargo, y como constatamos al día siguiente en la oficina de turismo, este no funcionaba, por lo que tuvimos que conformarnos con admirar los preciosos edificios de la plaza.

Plaza de la Bolsa

Finalmente, poco después de las once de la noche nos encaminamos en dirección al hotel, pues había que descansar para afrontar frescos el primer fin de semana turístico del año.

Gastos del día
  • Peaje: 18.00 €
  • Comida: 26.00 €
  • Total: 44.10 €

Sábado 25 de febrero de 2012: Conociendo Burdeos
Como esperábamos, el día amanece bastante nublado, una de las pegas de viajar en esta época. Pero aun así, salimos decididos a conocer Burdeos a fondo.

Tras poner el despertador a las ocho y media, a las diez de la mañana salimos desayunados del hotel. Es verdad que no es una hora a la que saldría en una ciudad más grande o que me fuera más difícil volver, pero ya que Burdeos es pequeñita y se puede volver en cualquier momento, decidimos conocer la ciudad tranquilamente, sin prisas.

En primer lugar nos dirigimos hacia la catedral de Saint André, que, como he dicho, se encuentra a apenas cinco minutos del hotel. Ya la habíamos visto el día anterior de noche, y de día me da la misma sensación: no es fea, pero he visto iglesias más bonitas. Lo que me parece curioso, y que ya vería en otro templo, es la torre Pey Berland, un campanario que se encuentra a apenas unos metros de la catedral, pero sin estar unido físicamente a esta. Intentamos subir al campanario, pero la entrada costaba 5.50 €, y no pensábamos que las vistas merecieran tanto la pena, y menos en un día tan nubloso como este.

Catedral de Saint-André, con la torre Pey Berland al fondo

Seguidamente, nos encaminamos hacia la abadía de la Sainte-Croix, que es el punto turístico más meridional de la ciudad. Decidimos comenzar por dicha abadía ya que es el sitio más alejado de todos, y así nos lo quitábamos de encima. Para llegar a la abadía recorrimos una serie de calles bastante sucias y poco atractivas, con la brillante excepción de la plaza de la Victoria, donde vimos otra de las puertas de la ciudad, la puerta de Aquitania.

Plaza de la Victoria, con la puerta de Aquitania, el obelisco y una tortuga

Una vez vista la abadía de la Sainte-Croix, decidimos ir paseando por la orilla del Garona hasta llegar a nuestro siguiente destino: la basílica de Saint-Michel, donde tiene lugar la anécdota del viaje. Y es que en el momento en que entrábamos en la abadía estaba saliendo un retrasado mental, un deficiente, que gritándome y gesticulándome me dice que no podemos entrar. Como supuse que quizá estarían en misa, me acerqué para leer un cartel que supuse que eran horarios, momento en que el pobre hombre se altera y me da un golpe en el hombro. Para no empeorar las cosas, nos alejamos unos metros y nos ponemos a contemplar el campanario, que, al igual que en la catedral, está separado de la abadía. En cuanto saco la cámara para hacer unas fotos, giro la cabeza para mirar al hombre, cruzándose nuestras miradas, momento en el que el hombre se altera de verdad y se me acerca corriendo gritando "nooo", como si fuera a embestirme. Tras "escapar" dos o tres metros, el hombre se calma y se va. Aun sí, no volvimos a intentar entrar en la basílica.

Una vez "vista" la basílica, continuamos paseando por el Garona, llegando hasta el puente de Pierre y hasta la famosa puerta de Bourgogne, o puerta des Salinières. A continuación, empezamos a callejear por el casco antiguo, hasta llegar, por fin, al Gran Teatro, no sin antes ver la maravillosa Grosse Cloche. Tras estar unos minutos admirando el Gran Teatro y la plaza de la Comedia, constatando otra vez la poca gente que hay en la calle, y tras ver la iglesia de Notre Dame, cuya fachada es realmente bonita, nos dirigimos hacia la plaza de la Bolsa, para verla de día. Previamente, pasamos por una oficina de turismo, donde nos dicen que el Mirador del Agua está estropeado y que no saben si funcionará dicho día. Al salir de dicha oficina, y de camino a la plaza de la Bolsa, pasamos por la Esplanade de Quinconces, llena de barracas de feria, y observamos el famoso monumento a los girondinos.


Puerta de Bourgogne

Grosse Cloche

A la una y media, y tras ver de nuevo la plaza de la Bolsa, damos por finalizada la visita matutina de la ciudad, y nos disponemos a buscar un restaurante, encontrando una brasserie con una pinta excelente que se encuentra justo delante del restaurante donde cenamos el día anterior: La Brasserie Bordelaise. En dicho restaurante nos decimos por un entrecot de 400 gramos, lo que sumado a un café que sirven con unos trocitos de brownie, sale por 47 €. Al igual que el día anterior, nos sentimos generosos y damos un euro de propina.

Al salir del restaurante, a las tres de la tarde, observamos que por fin ha salido el sol, sol que no iba a abandonarnos durante el resto del fin de semana, y, a su vez, que había salido la gente de dondequiera que estuviesen. Aprovechando el buen tiempo que hacía, nos decidimos a recorrer de nuevo algunas zonas ya vistas, con el objetivo de sacar unas fotos más bonitas, ahora que luce el sol. Así, volvemos a la plaza de la Comedia, a la plaza de la Bolsa, y damos un paseo por puerto de la Luna, admirando la bellísima puerta Cailhau. Finalmente, a las cuatro y media llegamos al hotel con la intención de descansar. Es verdad que es demasiado pronto para un día de turismo, pero Burdeos esuna ciudad muy pequeñita, habíamos visto muchos lugares dos veces como mínimo y todavía teníamos la mañana siguiente para verlo de nuevo.

Puerta Cailhau

Por la noche, salimos a dar una vuelta, tomando algo en la plaza Camille Jullian, que habíamos visto muy animada previamente, y cenamos en un restaurante que habíamos visto el día anterior, donde servían unas hamburguesas con muy buena pinta, Chez Jean. Comemos dos hamburguesas, que nos salen por 34 €, a lo que incluimos nuestra habitual propina de un euro, y nos volvemos al hotel tras haber hecho otra sesión de fotos nocturnas.

Edificios de la plaza de la Bolsa reflejados en la fuente

Gastos del día
  • Comida: 83.00 €
  • Varios: 11.15 €
  • Total: 94.15 €

Domingo 26 de febrero de 2012: Último vistazo a la ciudad
Como ya habíamos visto prácticamente todo lo que teníamos intención de ver, descansamos y no madrugamos el domingo, por lo que no salimos del hotel hasta las once de la mañana. Como esperábamos, el día era soleado, continuando con la tónica de la tarde anterior.

Lo primero que hicimos fue dirigirnos hacia la basílica de Saint-Seurin, el único punto que del itinerario que nos quedaba por ver y que habíamos dejado para hoy, a pesar de que hubiéramos podido verla el día anterior.

Basílica de Saint-Seurin

Una vez vista la basílica, dedicamos el resto de la mañana a pasear por el centro de Burdeos, volviendo a ver los lugares que habíamos visto el sábado por la mañana, cuando estaba el cielo encapotado, con la intención de sacar unas cuantas fotos con sol.

Al igual que el día anterior, constatamos que las calles están vacías, los que nos sorprende enormemente, dado el buen tiempo que hace y a que es bien entrada la mañana. En las siguientes fotos se ve la Cours de l' Intendance, a las once y media de la mañana, y se puede observar cómo teníamos la calle para nosotros solos.

Cours de l'Intendance

Plaza de la Comedia

¿Y dónde estaba la gente? Pues al igual que el día anterior, donde más gente vimos fue en la cola de un restaurante, que supongo que tendría que ser una maravilla, porque no era ni medio normal que a esas horas hubiera dicha cola para un restaurante. Era una cosa extraña, porque la gente entraba por turnos, ya que de repente vimos entrar a mucha gente.

Tras visitar por última vez el monumento a los girondinos y la plaza de la Bolsa, damos un paseo alrededor del Garona hasta la puerta de Bourgogne y nos dirigimos a comer a un restaurante italiano que habíamos visto a la mañana, situado cerca de la plaza Gambetta: Pizza Pino, donde comemos dos platos de pasta y un postre por 32.20 €, y donde dejamos treinta céntimos de propina, ya que no nos venían a cobrar, y solo teníamos eso o cincuenta euros.

Así, a las tres de la tarde abandonamos Burdeos, finalizando nuestra primera escapada del año. De camino a Bilbao, paramos a tomar algo en San Juan de Luz. Teníamos intención de ver la Duna de Pilat, que se encuentra a menos de una hora de Burdeos, pero al final nos dio pereza acercarnos, así que no nos desviamos de nuestro camino. Así tenemos una excusa para volver.

Gastos del día
  • Comida: 32.50 €
  • Varios: 15.50 €
  • Pejae: 18.10 €
  • Total: 65.60 €
Gastos del viaje
Sabíamos que el fin de semana iba a resultarnos barato, pero no me imaginaba que nos saliera tan barato como al final ocurrió. De primeras, nos ahorrábamos la habitación, que costaba 69 € la noche, el desayuno, que salía por 9 € cada uno al día, y el parking. Es decir, cada uno nos ahorrábamos 87 € más el parking.
Una cosa que nos ha salido muy barata ha sido la comida. Y no es que hayamos ido a sitios cutres o nos hayamos privado de algo. Pero por ejemplo, que en Francia puedas comer en restaurantes bebiendo agua del grifo hace que te ahorres fácilmente cinco o seis euros en bebida. Así, sin privarnos de nada (igual somos de poco comer), nos hemos gastado en comida 141.50 €.
Por otra parte, tampoco es que hayamos gastado mucho en tomar algo en una terraza: el sábado al mediodía tomamos un café y un botellín de agua, que nos salió por 3.85 €, y por la tarde tomamos algo antes de cenar en la plaza Camille Jullian, que nos salió por 7.30 €, supongo que por el hecho de tomar algo en la terraza. Cincuenta céntimos de un botellín de agua y 6 € de la parada en San Juan de Luz fueron los únicos gastos del domingo, aparte de 9 € en diversas postales.
Por último, si no recuerdo mal, los peajes salieron 18 € en la ida y 18.10 € a la vuelta y la gasolina gastada (creo que nos salió distinto por entrar en San Juan de Luz), teniendo en cuenta que en el viaje hicimos 680 km a 5.1 litros cada 100 kilómetros de consumo medio y que el precio del diesel está en torno a los 1.37 €/litro, salió por unos 25 € por cabeza. Así, el gasto por persona de este fin de semana apenas ha llegado a los 130 €, que resumo a continuación:
  • Comida: 141.50 €
  • Gasolina: 50 € (aproximadamente)
  • Peaje: 36.10 €
  • Varios: 26.65 €
  • Total: 255 €, 130 € por persona (aproximadamente)
Mis impresiones
La verdad es que Burdeos ha cumplido con las expectativas que había puesto en ella. No es una ciudad espectacular a la que haría un viaje exclusivo para conocerla (por ejemplo, no creo que fuera a pasar un fin de semana a Burdeos si yo fuera de Sevilla, pero sí haría un viaje exclusivo desde ahí para ver Praga), pero me parece una ciudad imprescindible si lo que se quiere es realizar un viaje en carretera por Francia, conociendo ciudades como Nantes, Rennes o la zona del valle del Loira, o una magnífica ciudad para pasar un fin de semana si eres del norte de España.

Lo que más me ha gustado de Burdeos ha sido la plaza de la Bolsa, que me ha encantado tanto de día como de noche. Una pena que no funcionara el Mirador del Agua, lo que seguramente sea una de las mayores atracciones de Burdeos. También me ha gustado muchísimo, como esperaba, la plaza de la Comedia, donde se encuentra el Gran Teatro. Además, me han parecido muy curiosas sus puertas, algunas de las cuales te las encontrabas en lugares inesperados.

Por otra parte, a diferencia de otras ciudades, las iglesias no me han impresionado excesivamente. Es muy curioso que haya algunas iglesias, como la catedral o la basílica de Saint-Michel, que tengan el campanario separado del templo, pero aparte de eso tampoco me han atraido excesivamente.

Pey Berland, campanario separado de la catedral de Saint-André

Como conclusión, Burdeos es una ciudad muy señorial y muy bonita. Quizá no tiene grandes monumentos o iglesias, pero es una delicia pasear por el puerto de la Luna mientras se contamplan sus edificios, o pasear por el caso urbano, por sus calles peatonales disfrutando de la cantidad de edificios señoriales que hay en la ciudad.

La verdad es que ha sido un acierto la elección de Burdeos para iniciar la ruta turística de 2012.