lunes, 16 de abril de 2012

Nova Hostel: un buen hostal

Quiero dedicarle una entrada del viaje a Moscú al hostal en el que dormimos las cinco noches. Como comenté en la entrada anterior, era un hostal que se encontraba a apenas quince minutos de la Plaza Roja. Seguramente, esto fue lo que más me gustó del hostal, ya que no nos veíamos obligados a coger el metro demasiado para desplazarnos.

El hostal constaba de tres habitaciones, una sala de estar con dos sofás, un ordenador con internet que acaparamos en todo momento y una televisión plana que no funcionaba, además de un único cuarto de baño, el único pero del hostal, y una cocina donde apenas entramos. De las tres habitaciones que había tuvimos mala suerte con la que nos tocó, ya que dos eran unas habitaciones normales, con paredes y puertas, mientras que la nuestra tenía una pared completamente translúcida por la que pasaba la luz, problema que intentaba solucionarse con unas cuantas cortinas que le daban un aire burdelesco, si se me permite la palabra.

Sala de estar, con las cortinas rojas que eran la entrada a nuestra habitación.

Esto me trastocó un poco la primera noche, ya que me costó muchísimo dormirme debido a la luz que entraba de la sala. Sin embargo, el resto de noches dormí sin ningún problema, ya que era tanto el cansancio acumulado que hubiéramos sido capaces de dormir incluso con la luz encendida.

El resto del hostal estaba bien, aunque mención aparte merece el baño. Únicamente tuvimos problemas con las colas un día, ya que nos levantábamos pronto, pero aun así me parece que un único baño para tres habitaciones era muy poco, y ese fue el punto que menos me gustó del hostal. Al menos, echamos unas risas con la bañera, que parece que había que escalarla para subir a ella.

Cuarto de baño del hostal.

El dueño del hostal era bastante majo, al menos hablaba inglés, que bastante era, y estaba siempre ofreciéndonos unas cervezas o un poco de sopa. La verdad es que era muy agradable llegar al hostal y encontrar una cara amable que te ofreciera algo de comer. Además del dueño, había una persona mayor siempre con él, suponemos que un amigo (su padre no era) que estaba continuamente en el hostal, durmiendo en los sofás, la cocina, o donde encontrara sitio. Suponemos que como alguien tenía que quedarse siempre en el hostal, él se quedaba a hacerle compañía al dueño cuando estaba, y guardaba el hostal cuando el dueño se iba. La verdad es que nos daba bastante pena, porque no salía del hostal nunca, únicamente para fumar, cada vez que llegábamos a la tarde al hostal le despertábamos de la siesta (dormía como podía en el sofá) y cuando por la noche nos despertábamos para ir al baño también le despertábamos a él, ya que andaba medio tirado en el sofá. El pobre hombre no conseguía dormir muchas horas seguidas...

Además de estos dos hombres, merece una mención especial Boris, así le bautizamos, un pequeño huésped con el que jugábamos de vez en cuando y con el que había que tener cuidado de cerrar la puerta de la habitación, porque sino podía entrar y saltar sobre tu cama cuando dormías.

Boris descansando en el sofá.

Boris, majestuoso, en el piano.

Así, a pesar de que solo teníamos un único baño y nos tocó la peor habitación, volvería sin dudarlo a este hostal, no solo por la amabilidad de su dueño, sino por la poca distancia que lo separaba de algunos lugares importantes como la Plaza Roja.


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domingo, 15 de abril de 2012

Moscú: Vuelos, alojamiento y visado

Una vez decidido el destino, el siguiente paso era ponerse manos a la obra en la compra del billete de avión, la reserva del hostal (era un viaje de amigos) y, al ser Rusia, la obtención de un visado que nos permitiera la estancia en el país los días deseados.

Vuelo: Un poco más caro de lo esperado.
La reserva del billete de avión la realizamos con varias semanas de retraso respecto a lo deseado ya que uno de nosotros no sabía si podría realizar el viaje. En cuanto supo que podía, a finales de enero, nos pusimos a buscar vuelos a Moscú.

A comienzos de enero habíamos encontrado un vuelo por unos 200 €, pero como he dicho, decidimos esperar hasta tener claro si íbamos a poder ir todos o no. Semanas más tarde, cuando sabíamos que podríamos ir los tres y nos pusimos a buscar de nuevo, vimos que por lo general la combinación más barata era la de un vuelo que salía de Bilbao el martes 3 de abril y volvía el domingo 8 de abril, saliendo de Moscú a la tarde, y que costaba unos 300 €. Sin embargo, no lo pudimos coger porque los precios fluctuaban muy rápidamente, y en cuanto nos decidíamos a coger un vuelo, este había desaparecido o se había encarecido considerablemente, para horas después volver a reducirse. Era una especie de montaña rusa que nos mareó bastante.

Al final, el 2 de febrero encontramos el siguiente vuelo pagando 318.38 €:

Ida: Salida el martes 3 de abril de Bilbao a las 6:50 de la mañana llegando a Bruselas a las 8:55. A las 9:55, salida de Bruselas dirección Moscú, donde llegaríamos a las 15:25 hora rusa.
Vuelta: Salida el domingo 8 de abril de Moscú a las 9:25 de la mañana llegando a Fráncfort a las 10:35 hora alemana. A las 15:45, salida de Fráncfort dirección Bilbao, donde llegaríamos a las 17:50.

En total estaríamos cuatro días enteros en Moscú y parte de la tarde del día de llegada, tarde que nos serviría para tomar contacto con la ciudad. Estimábamos, y con razón, que esos cuatro días serían tiempo más que suficiente, ya que suponíamos que podríamos conocer la ciudad en tres días enteros, pero ya que estábamos, preferíamos estar un día más y ver las cosas con más tranquilidad, sin prisas, y, por qué no, ver zonas que quizá no habríamos podido ver en tres días. La única pega, además del precio, era que en un principio habíamos visto la opción de volver el domingo por la tarde y ahora tendríamos que "conformarnos" con una tarde menos. Pero, como suponíamaos y más tarde constatamos, cuatro días fueron tiempo más que suficiente para conocer la ciudad en profundidad.

Hostal: Relativamente céntrico y más barato de lo esperado.
Al igual que en los otros dos viajes de Semana Santa, nos alojamos en un hostal que buscamos en Hostelworld. Teníamos claro que buscábamos un hostal que fuera económico y lo más céntrico posible. Así, nos pusimos a buscar y el 3 de febrero, un día después de reservar el avión, encontramos un hostal que cumplía con ambas características, Nova Hostel, donde pagando cada uno 26.41 € por noche teníamos una habitación para nosotros tres con un baño compartido con otras habitaciones. De esta forma, cada uno pagaríamos por el alojamiento 133.05 €, ya que incluimos 1 € de seguro, lo que era más barato de lo que imaginaba en un principio, teniendo en cuenta que íbamos a tener una habitación para nosotros tres.

La ubicación del hostal era perfecta, siendo además el más céntrico que encontramos, localizándose a poco más de un kilómetro de la Plaza Roja y el Kremlin, permitiéndonos llegar en apenas un cuarto de hora.

En la siguiente imagen se puede observar la localización del hostal, marcado con una cama roja, así como la del Kremlin, el área verde, y la de la Plaza Roja, el área roja, las dos joyas turísticas de Moscú. Como se puede observar, poco más de un kilómetro era la distancia que nos separaba de la Plaza Roja, y se podía recorrer fácilmente siguiendo una única calle, por lo que el riesgo de perderse era nulo.

Ubicación del hostal, el Kremlin y la Plaza Roja.

Además, al final pagamos incluso un poquito menos por el hostal, ya que el día de la reserva tuvimos que abonar 44.11 € entre los tres, por lo que cuando llegáramos deberíamos pagar los 355.04 € restantes. Sin embargo, este último pago había que realizarlo mediante un pago de 13500 rublos, que, cuando estábamos en Moscú, implicaban únicamente 348.84 €, de forma que cada uno nos ahorramos dos euros en el alojamiento.

Visado: Un pago extra que añadir al viaje.
Una vez reservado el avión y el hostal, el siguiente pasado era obtener el visado para poder entrar en Rusia, documento imprescindible y sin el cual no se puede entrar en territorio ruso.

Para aquellos que no somos de Madrid, ya que creo que ahora los de Barcelona tienen que hacerlo como el resto de ciudadanos, la única opción para obtener el visado sin tener que ir en persona a la embajada, que se encuentra en Madrid, es realizar las gestiones para obtener el visado mediante agencias por Internet. De entre las numerosas páginas web que te realizan la gestión del visado, nos decidimos por la agencia oficial, Central de Visados Rusos, donde en principio obteníamos el visado por 65 €.

Sin embargo, para obtener el visado, es necesario conseguir previamente otros dos documentos, el voucher o contrato de servicios turísticos y la confirmación de recepción de turista extranjero. Dichos documentos son una especie de invitación para entrar al país y una confirmación de que tienes dónde dormir durante tu estancia en el país, y hay que pagar por ellos. Podríamos haber obtenido dichos documentos en varias páginas web, como la de destinationrussia, que nos los ofrecía por poco más de 15 €, pero decidimos pedírselos al hostal, aun a sabiendas que sería un poco más caro, pues este nos había dicho que nos lo ofrecía por 20 €. Al final nos costó un poco más caro de lo esperado, ya que cuando hicimos el ingreso de 60 € (20 € por cada uno de los tres), nos cobraron una comisión de 17 €, por lo que al final dichos documentos nos salieron a cada uno por 25.66 €, que hay que añadir a los 65 € que cuesta el visado.

Una vez con dichos documentos en la mano, que recibimos el jueves 9 de febrero, apenas 24 horas después de haber mandado escaneado nuestros pasaportes al hostal, nos pusimos manos a la obra para recabar el resto de documentos necesarios para obtener el visado, documentos que teníamos que enviar por mensajero a Central de Visados Rusos. Así, en la página de Central de Visados Rusos rellenamos un formulario con nuestros datos, lo imprimimos, y le pegamos una foto carnet. Además, adjuntamos en el sobre un documento que certificaba que teníamos un seguro de asistencia médica durante el viaje. Todos esos documentos, junto con el pasaporte original, se lo enviamos por mensajero a Central de Visados Rusos el 22 de febrero por la tarde, tras pagar 26 € por el servicio de mensajería.

Al día siguiente por la mañana nos llamaron de Central de Visados Rusos para decirnos que había un problema con el certificado que Sanitas había dado a mi amigo (manda narices con los de Sanitas), pero amablemente nos explican que si les mandamos la tarjeta escaneada les valdría como confirmación de seguro médico. Se la enviamos al instante y muy amablemente nos dicen que todo está correcto, adelantándonos además que el día 7 de marzo recibiríamos nuestros visados. La verdad es que las personas de Central de Visados fueron muy amables y no se parecieron en nada a los, desgraciadamente, tópicos que aun perduran sobre los rusos.

Finalmente, el 6 de marzo, un día antes de lo previsto, recibimos nuestros visados, previo aviso telefónico el día anterior.

En total el visado nos costó 103.66 € a dos de nosotros (65 € de visado, 25.66 € del certificado y la invitación y 13 € del envío por mensajero, que lo compartimos), mientras que a mi otro compañero le costó 188.66 € (120 € porque tuvo que pedir un visado urgente, 25.66 € del certificado y la invitación, 17 € de seguro médico, ya que no tenía, y 26 € del mensajero, ya que lo envió por su cuenta), gastos que, como comentaré más adelante, considero excesivos para un viaje tan corto.

Como se ve, el visado fue una parte importante del gasto inicial, incluso un compañero pagó más por el visado que por el alojamiento. Pero bueno, es lo que hay y España y otros países también ponen estas pequeñas trabas, incluso peores, a los turistas.

Gastos totales antes de iniciar el viaje: Más que el total de otros viajes.
A continuación resumo los gastos efectuados antes de iniciar el viaje, ya comentados anteriormente.

  • Avión: 318.38 €
  • Hostal: 130.98 €
  • Visado: 103.66 €
  • Total: 553.62 €

Como se puede observar, es un gasto relativamente importante comparado con otros destinos, ya que además de que el precio del billete de avión es más caro que a otros destinos debido a la lejanía hay que añadir el pago del visado. Esto hace que me plantee la conveniencia de ir a Rusia cuando se realiza un viaje de unos pocos días, ya que este gasto de más de 550 € es más que el que gasto total, comidas y demás incluidas, que puedes tener en algún destino más cercano.

Pero bueno, una vez con todos los documentos en la mano, ya solo quedaba ilusionarse con el viaje y contar los días que quedaban para iniciarlo: Moscú nos esperaba.


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sábado, 14 de abril de 2012

Moscú

Tras realizar con un amigo un viaje relámpago de cinco días a Oslo, Bergen y los fiordos en 2010 y repetir viaje con él y otro amigo a la maravillosa ciudad de Estambul el año pasado, decidimos realizar el tercer viaje consecutivo en Semana Santa, repitiendo las mismas personas que el año anterior. Este año el destino elegido era tan exótico como el del año anterior: Moscú.

El destino ya se había comentado durante el viaje del año pasado, y tengo que reconocer que a mí no me apasionaba demasiado. No es que no tuviera ganas de conocer Moscú, sino que por un lado tenía la sensación de que las fechas, primera semana de abril, no serían las mejores debido a las condiciones meteorológicas, mientras que por otro lado siempre había querido conocer Moscú junto con San Petersburgo, obviamente en un viaje de más días, ciudad que me atraía mucho más que Moscú.

Sin embargo, la posibilidad de ver la Plaza Roja, tanto de día como de noche, y el Kremlin, dos de los destinos turísticos más conocidos del mundo, fue suficiente para que olvidara mis dudas y embarcara rumbo a Moscú, en un viaje que, si bien no me ha encantado tanto como los que hice el año pasado, si me ha permitido pasear por lugares que nunca me imaginé que conocería.

En las próximas entradas iré desgranando poco a poco el que ha sido el primer gran viaje del año 2012.


                                                                                                                                                                                                        Siguiente

viernes, 2 de marzo de 2012

Burdeos

Tras mucho tiempo esperando, por fin llegó el momento de conocer Burdeos, una ciudad donde apenas había estado un par de horas dos años atrás y de la que prácticamente no tenía recuerdo alguno.

Llevaba bastante tiempo con ganas de conocer esta ciudad, ya que había oído que era una ciudad bastante bonita, y me parecía un sacrilegio no conocerla estando a apenas tres horas y media de Bilbao, ciudad con la que además está hermanada. Así que cuando nos enteramos de que teníamos dos noches de hotel gratis en un hotel de Burdeos, no nos lo pensé: cogimos el coche y nos plantamos allí con el objetivo de pasar un magnífico fin de semana, iniciando de esta forma los viajes de este año.

Al igual que muchas otras regiones, la zona de Burdeos tiene muchísimos lugares para descubrir y se le puede dedicar varios días, ya que puedes visitar tanto la ciudad como hacer excursiones a algún viñedo cercano -no en vano Burdeos es una de las ciudades más importantes del mundo referente al vino-, o a alguna otra ciudad, como La Rochelle.

Nosotros decidimos pasar únicamente el fin de semana, ya que "solo" teníamos la habitación del hotel gratis para dos días y preferíamos no gastar días de vacaciones en conocer los alrededores de Burdeos; simplemente queríamos pasar un fin de semana tranquilo y pasear relajadamente por la ciudad sin los típicos agobios por la posibilidad de que no diera tiempo a ver algo. Aun así no nos vamos con pena por las cosas que no hemos visto, ya que debido a su cercanía es una zona a la que podemos volver en cualquier momento y conocerla mucho más a fondo. Al contrario, nos vamos muy contentos por haber conocido una ciudad muy bonita.

Llegados a este punto, ya solo queda narrar este fin de semana.

Viernes 24 de febrero de 2012: Llegada a Burdeos
Salimos de Bilbao a las cuatro de la tarde, y cuatro horas más tarde ya habíamos dejado las maletas en la habitación del hotel, el Ibis Bordeaux Centre Meriadeck. Este es un hotel de tres estrellas que se encuentra a apenas cinco minutos de la catedral de Burdeos, y a no más de quince o veinte minutos andando de los lugares más turísticos de la ciudad.

Nuestra habitación se encontraba en el piso 11, el más alto del hotel. Como se ve, el dormitorio no era muy grande, pero dado que solo queríamos el hotel para dormir, su cercanía al centro de Burdeos hizo que sea perfecto para lo que deseamos.




Una vez dejamos las maletas en la habitación salimos a dar un paseo con la intención de conocer un poco por encima la ciudad hasta la hora de cenar. Tras ver la catedral por fuera (la desventaja de haber estado en Budapest es que cualquier edificio iluminado sabe a poco ahora), damos un paseo por el casco antiguo, encontrándonos con la puerta Dijeaux, una de las famosas puertas de la ciudad. Tras las fotos reglamentarias, recorremos la Rue Saint-Rémi, ya que había leído que en esa calle había bastantes restaurantes.

Tras mirar distintas opciones, nos decidimos por una pizzería que no tenía mala pinta: La Casuccia. Y aquí vino la primera sorpresa agradable del viaje: dos pizzas y postre para cada uno, un gofre, nos salió por apenas 25 € a los dos, que al final se convirtieron en 26 €, ya que nos sentíamos generosos y dimos un euro de propina.

Al salir del restaurante nos dirigimos a la plaza de la Bolsa, con la intención de ver el Mirador del Agua. Sin embargo, y como constatamos al día siguiente en la oficina de turismo, este no funcionaba, por lo que tuvimos que conformarnos con admirar los preciosos edificios de la plaza.

Plaza de la Bolsa

Finalmente, poco después de las once de la noche nos encaminamos en dirección al hotel, pues había que descansar para afrontar frescos el primer fin de semana turístico del año.

Gastos del día
  • Peaje: 18.00 €
  • Comida: 26.00 €
  • Total: 44.10 €

Sábado 25 de febrero de 2012: Conociendo Burdeos
Como esperábamos, el día amanece bastante nublado, una de las pegas de viajar en esta época. Pero aun así, salimos decididos a conocer Burdeos a fondo.

Tras poner el despertador a las ocho y media, a las diez de la mañana salimos desayunados del hotel. Es verdad que no es una hora a la que saldría en una ciudad más grande o que me fuera más difícil volver, pero ya que Burdeos es pequeñita y se puede volver en cualquier momento, decidimos conocer la ciudad tranquilamente, sin prisas.

En primer lugar nos dirigimos hacia la catedral de Saint André, que, como he dicho, se encuentra a apenas cinco minutos del hotel. Ya la habíamos visto el día anterior de noche, y de día me da la misma sensación: no es fea, pero he visto iglesias más bonitas. Lo que me parece curioso, y que ya vería en otro templo, es la torre Pey Berland, un campanario que se encuentra a apenas unos metros de la catedral, pero sin estar unido físicamente a esta. Intentamos subir al campanario, pero la entrada costaba 5.50 €, y no pensábamos que las vistas merecieran tanto la pena, y menos en un día tan nubloso como este.

Catedral de Saint-André, con la torre Pey Berland al fondo

Seguidamente, nos encaminamos hacia la abadía de la Sainte-Croix, que es el punto turístico más meridional de la ciudad. Decidimos comenzar por dicha abadía ya que es el sitio más alejado de todos, y así nos lo quitábamos de encima. Para llegar a la abadía recorrimos una serie de calles bastante sucias y poco atractivas, con la brillante excepción de la plaza de la Victoria, donde vimos otra de las puertas de la ciudad, la puerta de Aquitania.

Plaza de la Victoria, con la puerta de Aquitania, el obelisco y una tortuga

Una vez vista la abadía de la Sainte-Croix, decidimos ir paseando por la orilla del Garona hasta llegar a nuestro siguiente destino: la basílica de Saint-Michel, donde tiene lugar la anécdota del viaje. Y es que en el momento en que entrábamos en la abadía estaba saliendo un retrasado mental, un deficiente, que gritándome y gesticulándome me dice que no podemos entrar. Como supuse que quizá estarían en misa, me acerqué para leer un cartel que supuse que eran horarios, momento en que el pobre hombre se altera y me da un golpe en el hombro. Para no empeorar las cosas, nos alejamos unos metros y nos ponemos a contemplar el campanario, que, al igual que en la catedral, está separado de la abadía. En cuanto saco la cámara para hacer unas fotos, giro la cabeza para mirar al hombre, cruzándose nuestras miradas, momento en el que el hombre se altera de verdad y se me acerca corriendo gritando "nooo", como si fuera a embestirme. Tras "escapar" dos o tres metros, el hombre se calma y se va. Aun sí, no volvimos a intentar entrar en la basílica.

Una vez "vista" la basílica, continuamos paseando por el Garona, llegando hasta el puente de Pierre y hasta la famosa puerta de Bourgogne, o puerta des Salinières. A continuación, empezamos a callejear por el casco antiguo, hasta llegar, por fin, al Gran Teatro, no sin antes ver la maravillosa Grosse Cloche. Tras estar unos minutos admirando el Gran Teatro y la plaza de la Comedia, constatando otra vez la poca gente que hay en la calle, y tras ver la iglesia de Notre Dame, cuya fachada es realmente bonita, nos dirigimos hacia la plaza de la Bolsa, para verla de día. Previamente, pasamos por una oficina de turismo, donde nos dicen que el Mirador del Agua está estropeado y que no saben si funcionará dicho día. Al salir de dicha oficina, y de camino a la plaza de la Bolsa, pasamos por la Esplanade de Quinconces, llena de barracas de feria, y observamos el famoso monumento a los girondinos.


Puerta de Bourgogne

Grosse Cloche

A la una y media, y tras ver de nuevo la plaza de la Bolsa, damos por finalizada la visita matutina de la ciudad, y nos disponemos a buscar un restaurante, encontrando una brasserie con una pinta excelente que se encuentra justo delante del restaurante donde cenamos el día anterior: La Brasserie Bordelaise. En dicho restaurante nos decimos por un entrecot de 400 gramos, lo que sumado a un café que sirven con unos trocitos de brownie, sale por 47 €. Al igual que el día anterior, nos sentimos generosos y damos un euro de propina.

Al salir del restaurante, a las tres de la tarde, observamos que por fin ha salido el sol, sol que no iba a abandonarnos durante el resto del fin de semana, y, a su vez, que había salido la gente de dondequiera que estuviesen. Aprovechando el buen tiempo que hacía, nos decidimos a recorrer de nuevo algunas zonas ya vistas, con el objetivo de sacar unas fotos más bonitas, ahora que luce el sol. Así, volvemos a la plaza de la Comedia, a la plaza de la Bolsa, y damos un paseo por puerto de la Luna, admirando la bellísima puerta Cailhau. Finalmente, a las cuatro y media llegamos al hotel con la intención de descansar. Es verdad que es demasiado pronto para un día de turismo, pero Burdeos esuna ciudad muy pequeñita, habíamos visto muchos lugares dos veces como mínimo y todavía teníamos la mañana siguiente para verlo de nuevo.

Puerta Cailhau

Por la noche, salimos a dar una vuelta, tomando algo en la plaza Camille Jullian, que habíamos visto muy animada previamente, y cenamos en un restaurante que habíamos visto el día anterior, donde servían unas hamburguesas con muy buena pinta, Chez Jean. Comemos dos hamburguesas, que nos salen por 34 €, a lo que incluimos nuestra habitual propina de un euro, y nos volvemos al hotel tras haber hecho otra sesión de fotos nocturnas.

Edificios de la plaza de la Bolsa reflejados en la fuente

Gastos del día
  • Comida: 83.00 €
  • Varios: 11.15 €
  • Total: 94.15 €

Domingo 26 de febrero de 2012: Último vistazo a la ciudad
Como ya habíamos visto prácticamente todo lo que teníamos intención de ver, descansamos y no madrugamos el domingo, por lo que no salimos del hotel hasta las once de la mañana. Como esperábamos, el día era soleado, continuando con la tónica de la tarde anterior.

Lo primero que hicimos fue dirigirnos hacia la basílica de Saint-Seurin, el único punto que del itinerario que nos quedaba por ver y que habíamos dejado para hoy, a pesar de que hubiéramos podido verla el día anterior.

Basílica de Saint-Seurin

Una vez vista la basílica, dedicamos el resto de la mañana a pasear por el centro de Burdeos, volviendo a ver los lugares que habíamos visto el sábado por la mañana, cuando estaba el cielo encapotado, con la intención de sacar unas cuantas fotos con sol.

Al igual que el día anterior, constatamos que las calles están vacías, los que nos sorprende enormemente, dado el buen tiempo que hace y a que es bien entrada la mañana. En las siguientes fotos se ve la Cours de l' Intendance, a las once y media de la mañana, y se puede observar cómo teníamos la calle para nosotros solos.

Cours de l'Intendance

Plaza de la Comedia

¿Y dónde estaba la gente? Pues al igual que el día anterior, donde más gente vimos fue en la cola de un restaurante, que supongo que tendría que ser una maravilla, porque no era ni medio normal que a esas horas hubiera dicha cola para un restaurante. Era una cosa extraña, porque la gente entraba por turnos, ya que de repente vimos entrar a mucha gente.

Tras visitar por última vez el monumento a los girondinos y la plaza de la Bolsa, damos un paseo alrededor del Garona hasta la puerta de Bourgogne y nos dirigimos a comer a un restaurante italiano que habíamos visto a la mañana, situado cerca de la plaza Gambetta: Pizza Pino, donde comemos dos platos de pasta y un postre por 32.20 €, y donde dejamos treinta céntimos de propina, ya que no nos venían a cobrar, y solo teníamos eso o cincuenta euros.

Así, a las tres de la tarde abandonamos Burdeos, finalizando nuestra primera escapada del año. De camino a Bilbao, paramos a tomar algo en San Juan de Luz. Teníamos intención de ver la Duna de Pilat, que se encuentra a menos de una hora de Burdeos, pero al final nos dio pereza acercarnos, así que no nos desviamos de nuestro camino. Así tenemos una excusa para volver.

Gastos del día
  • Comida: 32.50 €
  • Varios: 15.50 €
  • Pejae: 18.10 €
  • Total: 65.60 €
Gastos del viaje
Sabíamos que el fin de semana iba a resultarnos barato, pero no me imaginaba que nos saliera tan barato como al final ocurrió. De primeras, nos ahorrábamos la habitación, que costaba 69 € la noche, el desayuno, que salía por 9 € cada uno al día, y el parking. Es decir, cada uno nos ahorrábamos 87 € más el parking.
Una cosa que nos ha salido muy barata ha sido la comida. Y no es que hayamos ido a sitios cutres o nos hayamos privado de algo. Pero por ejemplo, que en Francia puedas comer en restaurantes bebiendo agua del grifo hace que te ahorres fácilmente cinco o seis euros en bebida. Así, sin privarnos de nada (igual somos de poco comer), nos hemos gastado en comida 141.50 €.
Por otra parte, tampoco es que hayamos gastado mucho en tomar algo en una terraza: el sábado al mediodía tomamos un café y un botellín de agua, que nos salió por 3.85 €, y por la tarde tomamos algo antes de cenar en la plaza Camille Jullian, que nos salió por 7.30 €, supongo que por el hecho de tomar algo en la terraza. Cincuenta céntimos de un botellín de agua y 6 € de la parada en San Juan de Luz fueron los únicos gastos del domingo, aparte de 9 € en diversas postales.
Por último, si no recuerdo mal, los peajes salieron 18 € en la ida y 18.10 € a la vuelta y la gasolina gastada (creo que nos salió distinto por entrar en San Juan de Luz), teniendo en cuenta que en el viaje hicimos 680 km a 5.1 litros cada 100 kilómetros de consumo medio y que el precio del diesel está en torno a los 1.37 €/litro, salió por unos 25 € por cabeza. Así, el gasto por persona de este fin de semana apenas ha llegado a los 130 €, que resumo a continuación:
  • Comida: 141.50 €
  • Gasolina: 50 € (aproximadamente)
  • Peaje: 36.10 €
  • Varios: 26.65 €
  • Total: 255 €, 130 € por persona (aproximadamente)
Mis impresiones
La verdad es que Burdeos ha cumplido con las expectativas que había puesto en ella. No es una ciudad espectacular a la que haría un viaje exclusivo para conocerla (por ejemplo, no creo que fuera a pasar un fin de semana a Burdeos si yo fuera de Sevilla, pero sí haría un viaje exclusivo desde ahí para ver Praga), pero me parece una ciudad imprescindible si lo que se quiere es realizar un viaje en carretera por Francia, conociendo ciudades como Nantes, Rennes o la zona del valle del Loira, o una magnífica ciudad para pasar un fin de semana si eres del norte de España.

Lo que más me ha gustado de Burdeos ha sido la plaza de la Bolsa, que me ha encantado tanto de día como de noche. Una pena que no funcionara el Mirador del Agua, lo que seguramente sea una de las mayores atracciones de Burdeos. También me ha gustado muchísimo, como esperaba, la plaza de la Comedia, donde se encuentra el Gran Teatro. Además, me han parecido muy curiosas sus puertas, algunas de las cuales te las encontrabas en lugares inesperados.

Por otra parte, a diferencia de otras ciudades, las iglesias no me han impresionado excesivamente. Es muy curioso que haya algunas iglesias, como la catedral o la basílica de Saint-Michel, que tengan el campanario separado del templo, pero aparte de eso tampoco me han atraido excesivamente.

Pey Berland, campanario separado de la catedral de Saint-André

Como conclusión, Burdeos es una ciudad muy señorial y muy bonita. Quizá no tiene grandes monumentos o iglesias, pero es una delicia pasear por el puerto de la Luna mientras se contamplan sus edificios, o pasear por el caso urbano, por sus calles peatonales disfrutando de la cantidad de edificios señoriales que hay en la ciudad.

La verdad es que ha sido un acierto la elección de Burdeos para iniciar la ruta turística de 2012.

miércoles, 4 de enero de 2012

El País Aguilar

Cada vez que hago un viaje al extranjero, uno de los objetos que nunca falta en mi maleta y que mejor me sirven para planificar mi viaje son las guías visuales de El País Aguilar.

Existe una amplia colección de guías visuales de esta editorial, tanto de ciudades como de regiones o países, aunque tengo que decir que casi siempre he usado las de ciudades, ya que una ciudad la voy a ver completa pero un país no, por lo que gran parte de la guía de un país no la utilizo. Pero como para gustos están los colores, también incluyen perfectas guías de regiones y países.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Salamanca

Como cada Navidad, he pasado las Fiestas en un pequeño pueblo a 45 kilómetros de Salamanca. Y he pensado que una buena forma de homenajear esta bella ciudad es publicando una entrada sobre las posibilidades de esta ciudad.

Hablar de Salamanca es hablar de Cultura, con mayúsculas. No en vano, la ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1988, y catorce años más tarde fue designada Capital Europea de la Cultura. Recorrer su Ciudad Vieja es hacer un recorrido por la Historia.

El monumento por antonomasia de Salamanca es su Catedral. O mejor dicho, sus dos catedrales, ya que cuenta tanto con la Catedral Nueva (en la imagen de la derecha), y la Catedral Vieja. La belleza de estas dos catedrales puede contemplarse tanto desde cerca como desde lejos, admirando sus detalles o cómo sobresale majestuosa sobre la ciudad y se refleja en el río Tormes.

Aparte de las dos catedrales, Salamanca esconde muchísimos otros tesoros, como la Casa de las Conchas, el Convento de San Esteban o La Clerecía, entre otros muchos.

Además, Salamanca es una de las ciudades con más fiesta de España. Ciudad estudiantil por excelencia, existen numerosos lugares por los que salir a tomar unas copas, por lo que es el sitio perfecto para poder hacer una escapada de fin de semana en el que se combine tanto la cultura como la diversión, viendo el conjunto histórico de la ciudad el sábado durante el día y saliendo de fiesta por la noche.

Resumiendo, Salamanca es una de las opciones para escapadas de fin de semana más atractivas y recomendables que se me ocurren, tanto para gente amante de la cultura como amante de la fiesta.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Finaliza un año muy viajero

Este año finaliza el que de lejos ha sido el año que más he viajado en mi vida. Estambul, Bélgica, Holanda, Praga y Budapest dan fé de ello.

La verdad es que fuera de España yo había viajado muy poco. Un viaje a París y a Lisboa en 1998 y un mes en Inglaterra aprendiendo inglés en 2002 era toda mi experiencia, aparte de excursiones esporádicas a Francia, Portugal o Andorra. Como a un miembro de mi familia le daba un poco de miedo el avión (menos mal que se le ha quitado), nunca había tenido ocasión de viajar por el extranjero.

Eso sí, como veraneaba en Málaga e iba en coche desde Bilbao, me conozco toda la geografía española de cabo a rabo. Sevilla, Granada, Toledo... son algunas de las ciudades en las que como mínimo he dormido una e incluso dos veces. Pero quería más.

Por eso, que un compañero de la universidad me sugiriera el año pasado realizar un viaje exprés de cinco para conocer Noruega despertó en mí otra vez las ansias de viajar.

Tras ese viaje que hicimos en Semana Santa, hicimos otro junto con otro compañero a Estambul, en las mismas fiestas de este año. En verano, conocí con mis padres y mi hermano Bélgica y Holanda. Y en septiembre, Praga y Budapest con mi pareja.

Para el nuevo año que se acerca hay varias propuestas. La que más fuerza tiene es una escapada a Berlín en el puente del 1 de mayo: cuatro o cinco días para conocer Berlín y, si da tiempo, Postdam. En verano, cuando haré un viaje de una semana con mi familia, se está sopesando ir una semana a Polonia (Cracovia, Varsovia...), donde mi aita tiene muchas ganas de ir, o a Estocolmo y Copenhague, donde yo tengo muchas ganas de ir. Por otra parte, se ha hablado de ir a Moscú en Semana Santa con algunos amigos de la universidad, pero me echa un poco para atrás la época en la que se quiere ir. En septiembre, una semana conociendo Viena y alguna otra ciudad (¿Salzburgo, Munich?) es la única opción que se ha puesto sobre la mesa. Y encontrar un vuelo barato para ir un fin de semana o puente de tres días a alguna ciudad "pequeña" como Milán, sería el colofón a un 2012 que espero que como mínimo sea como 2011.

Finalizo con un mapa de los países que he visitado, que me recuerda la gran cantidad de lugares maravillosos que me quedan por visitar.


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